sábado, 28 de abril de 2018

Lenguaje inmobiliario

Revolviendo entre viejos papeles, de esos que hemos ido amontonando sin ton ni son por si alguna vez nos pudieran ser útiles que nunca–, sin otra opción que envejecer y amarillear como su propietario, acabo de descubrir unas notas que tomé hace un cúmulo de años. Seguramente, en alguna ciudad donde me vi abocado a encontrar un lugar más o menos amable donde vivir, al principio de mi vida de vagabundo tecnológico.

Por lo visto, no andaba yo muy impuesto en el vocabulario empleado por las agencias inmobiliarias que tenían la misión –remunerada, claro– de ayudarme a encontrar un techo sin goteras. Por la imaginación que le pusieron, da la sensación de que sus mentiras superan, con creces las de una app de citas. Para poner un poco de orden, fui anotando el significado real de cada cualidad, de cada adjetivo y de cada sustantivo.

Alwquiler 1Resulta que “ático” no implica que tenga terraza, ni siquiera ventanas, e igual tienes que subir hasta un quinto piso por las escaleras para luego no poder estirarte ni dentro de la ducha. No se les ocurrió poner “buhardilla con altura máxima de 1,70 metros, en la última planta de un edificio sin ascensor”.

O sea, que se trata de una “acogedora opción”, tan acogedora que tienes que caminar encogido y con los brazos como abrazándote y, al final, eso reconforta y te apetece acurrucarte en el sofá-cama, rezando para recordar que debes levantarte con cuidado, no te vayas a incrustar la lámpara en la coronilla.

“Apartamento interior luminoso” podría significar que, de 9 a 9:30 de la mañana, se vislumbra un rayo de sol por la rejilla del respiradero de la cocina.

“Loft de diseño”. Preguntar antes si tiene cédula de habitabilidad o se trata de un garaje.

alquiler 2“Coqueto apartamento”. Pequeño, enano, lo que viene a ser un zulo, pero le han puesto una alfombra cossy y un cuadro de Audrey Hepburn y, al final, te enamora. El problema surge cuando empiezas a pensar dónde colocas la maleta o enchufas la compu con la impresora.

“Comunidad tranquila”. La edad media es superior a los 80 años y, claro, no van a ponerse a hacer fiestas a altas horas de la madrugada. Sin embargo, la dureza de oído generalizada les obliga a mantener la tele a tope todo el puto día.

“Cocina francesa”. Suena muy bien. No obstante, después de ver unas cuantas, me parece más cómodo cocinar con un hornillo de camping gas bajo una tienda de campaña monoplaza. Aunque llueva.

“Piso con carácter”. Dan mucho miedo. Suele ser una excusa para decir que no han cambiado los sanitarios del baño desde la Segunda Guerra Mundial, que la cisterna es de las de cadena y la cocina de carbón.

“Jardín en pleno centro”, es decir, cuatro macetas en un patio interior de seis metros cuadrados. Si miras al suelo, lo verás lleno de colillas, clínex, algún calcetín, un condón y deshechos varios de los vecinos de arriba.

alquiler 3“Vistas espectaculares”. Una buhardilla con ventana de las que tienes que hacer mucha fuerza para abrirla, con cuidado de que no te caiga encima, y ponerte de puntillas para ver un par de tejados y, allá, a lo lejos, una rayita oscura que pudiera ser una nube de tormenta o el mar o las montañas o, ya puestos, los Jardines Colgantes de Babilonia.

Hombre, “espectaculares vistas” son las Brad Pitt y Julia Ormond en “Leyendas de Pasión”, no unos tejados repoblados por palomas o una terraza convertida en almacén de trastos inútiles.


IMÁGENES: Arriba, ático con ventana y mesita de luz. Centro, escalera “con carácter”. Abajo, “vistas espectaculares”, con perdón.

Fuentes propias.

sábado, 14 de abril de 2018

El marketing del miedo

Vivimos en un mundo “sin”: sin aditivos, sin gluten, sin conservantes ni colorantes, sin lactosa, sin transgénicos, sin parabenos, sin pesticidas…. Algunos productos infantiles han llegado a publicitarse como “sin porquerías”. Todos ellos tienen algo en común: las marcas que los comercializan, “sin vergüenzas” que usan el miedo para vender sus productos.

imageA veces, los gurús del Marketing no se ponen de acuerdo y podemos encontrar en el mercado, por ejemplo, zumos jugos— con taurina y sin taurina. Cuando una empresa emplea el eslogan “sin” está enviando un mensaje subliminal al consumidor: “Esto o lo otro es perjudicial para la salud, pero a diferencia de otras marcas, nuestro producto es seguro porque no lo lleva”, lo cual no es cierto. Emplear eslóganes, como “sin porquerías” o “sin pesticidas”, dando a entender que otras marcas incluyen en la composición de sus productos esas supuestas sustancias nocivas o perniciosas, es un disparate injustificable.

En el caso concreto de la taurina, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no ha encontrado ningún beneficio en enriquecer zumos con este aminoácido, dejando claro, no obstante, que tampoco existe ningún riesgo por consumir alimentos ricos en taurina. Digamos que el eslogan “sin taurina” no tienen sentido, que lo mismo da con o sin. Solo confunde al consumidor.

imageLos fabricantes juegan con eso que llamamos “quimiofobia” o rechazo a los ingredientes químicos, una consecuencia del déficit cultural del consumidor medio. La química, sin duda, nos permite alcanzar edades imposibles para las primitivas civilizaciones, alimentadas con productos que pudiéramos llamar “naturales”, cuando no “ecológicos”, tan de moda.

Luis Oro, catedrático en la Universidad de Zaragoza, prestigioso investigador galardonado con los más importantes premios científicos, asegura que “entre todas las ciencias, la química es, sin duda, una de las que más ha contribuido a mejorar la calidad de vida y el bienestar de la humanidad. Los avances logrados en las áreas de vital importancia para el ser humano, como la salud, la alimentación y nutrición, la higiene, el vestido y otras como la cultura y el deporte, han sido fruto del esfuerzo de los científicos e investigadores químicos”.

Otro miedo que nos agita es el de “no estar a la altura” de lo que sea, intelectual o físicamente, y este miedo propicia la aparición de productos supuestamente “milagrosos”. Si hay un grupo que ha incrementado espectacularmente sus ventas en los últimos años, ese es el de las bebidas energéticas. Se usan para casi todo: los deportistas para aumentar su rendimiento físico, los alumnos para estudiar, los que deben mantenerse despiertos para no dormirse, los que salen de marcha para mezclarlas con bebidas alcohólicas… En fin, el no va más.

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Sin embargo, las lagunas existentes son muchas. Las “moléculas estrella” de estas bebidas, como la carnitina, la taurina, el ginseng, etc., prometen innumerables beneficios. Los informes oficiales de la EFSA lo dejan claro: “A día de hoy, se puede afirmar con rotundidad que estos ingredientes no sirven absolutamente para nada”. Todas estas bebidas son ricas en cafeína, un estimulante cuyo consumo —esta vez sí— pudiera tener consecuencias graves para la salud.

Finalmente, dejar claro que los aditivos, conservantes y colorantes autorizados son totalmente seguros, ingeridos según el patrón normal de consumo. Además, consumir alimentos sin lactosa o sin gluten solo es recomendable si somos intolerantes a la lactosa o tenemos algún problema con el gluten, debidamente diagnosticado por un facultativo.

Los datos son preocupantes. El consumo no responsable de productos “sin” o “con” y de bebidas energéticas debe controlarse, y su composición y efectos revisarse cuidadosamente por la autoridad.


IMÁGENES: Arriba, sin taurina. Centro, sin lactosa. Abajo, bebidas supuestamente energéticas “que no sirven absolutamente para nada”.

Fuentes: Scientia, Alimente, EFSA y Wikipedia (Luis Oro).


sábado, 31 de marzo de 2018

La vieja Cuaresma

Anda nunca mejor dicho— por estos días de la Semana Santa una vieja con siete piernas que amenaza a los niños con ponerles un grano en la cara si no cumplen con sus preceptos. Empezó siendo una anciana desagradable para los chicos y terminó convertida en una especie de bruja que lleva una cesta de verduras en una mano y una bacalada en la otra.

vieja cuaresmaLas siete piernas de la anciana simbolizan las semanas que quedan para la Pascua de Resurrección [1]. Se la representa sobre cartón, tela, papel... Según la tradición, los domingos, a la hora de comer, los niños de la casa le cortaban un pie para quemarlo. El Domingo de Pascua se incineraba a la vieja con el único pie que le quedaba y se procedía a la primera comida suculenta, que solía ser un delicioso guiso de cordero.

En algunos lugares cuentan que esta vieja, en otro tiempo, fue una agraciada joven, tan devota y mística que decidió encerrarse durante las Cuaresmas en una cueva de la montaña, para estar más cerca de Dios y lejos de los hombres.

Pero el pueblo, que jamás perdona al que va por libre, comenzó a murmurar de la muchacha: primero, que andaba amancebada con un bandolero, y más tarde que el bandolero no era tal, sino el mismísimo demonio, al que había entregado su alma y su cuerpo a cambio de diabólicos conocimientos. Tal era el rechazo que le demostraban sus vecinos cuando se acercaba al pueblo, que un año, al llegar la Pascua, decidió no volver a bajar y habitar por siempre en la cueva de la montaña.

viaeja cuaresma 2Nosotros nos quedamos con la nona [2] del bacalao seco y salado, principal protagonista de la cocina de la Semana Santa. Contemplando la costumbre desde este punto de vista gastronómico, llegamos a un tiempo en el que la Cuaresma adquiere un carácter restrictivo, como de castigo o de ayuno, en el que hay que abstenerse de comer carne desde cuarenta días antes de la Pascua Cristiana, justo después de los excesos cometidos el Domingo de Carnaval.

La carne siempre ha sido uno de los alimentos más valorados. Suprimir su ingesta durante la Cuaresma es una forma de hacer una pequeña penitencia y someter el cuerpo a prohibiciones materiales para “preparar” el alma. El bacalao se convirtió en el mejor alimento para suplir el aporte nutritivo de la carne siendo, por excelencia, el pescado estrella de la vigilia.

El bacalao fue, durante muchos años, comida de pobres, aunque la hemos ido sofisticando hasta situarla a un nivel no tan accesible para gente con escasos recursos. Ahora, rizando el rizo, el mercado nos ofrece el skrei, el bacalao más sibarita [3], un manjar de “edición limitada”, según dicen, que se pesca entre enero y abril cerca de la costa norte de Noruega.

TorrijasLa Semana Santa tiene otros platos no menos interesantes, además del bacalao [4]. Son las torrijas (pain perdu, en Francia), un postre que nos permite aprovechar el pan seco de días anteriores. Tan riquísimas como sencillas de preparar, mejoran con una copita de oporto.

En algunas regiones españolas se hacen florones, una masa dulce, frita y crujiente, que tiene forma de una gran flor. Otros dulces típicos de estos días son los pestiños, las rosquillas, los buñuelos de viento, las monas de Pascua, la leche frita… [5]

Pero la reina de la repostería de la Semana Santa es, sin lugar a dudas, la humilde, sencilla y popular torrija.


IMÁGENES: Arriba, la Vieja Cuaresma. Centro, guiso de garbanzos con bacalao y espinacas. Abajo, torrijas preparadas por FG.

[1] Contadas a partir del Miércoles de Ceniza.
[2] En algunas regiones, “abuela”. Nona, por nonagenaria probablemente.
[3] Cada captura se vigila y somete a estrictos controles desde que sale del mar hasta que llega al mercado. El skrei se acondiciona dentro de las 12 horas siguientes a su pesca, garantizando así su excepcional calidad y frescura.
[4] No debería faltar en estos días un buen guiso a base garbanzos con bacalao y espinacas.
[5] De todo ello se pueden encontrar recetas en internet.

Fuentes: Arzobispado de Barcelona, blog La Vida es Bella y folleto de Seafood from Norway.

sábado, 17 de marzo de 2018

Pirineo fantástico: Culibilla

La montaña, imponente, recorta contra el cielo la belleza de sus cumbres. Miras a lo alto y, a cada instante, la perspectiva cambia el paisaje. Aquel picacho, que antes parecía la quilla solitaria de una nave, es ahora una pirámide gigantesca o, desde otro punto de vista, el perfil inmaculado de una diosa.

Al igual que nuestra fabla y nuestras más ancestrales tradiciones, la mitología aragonesa buscó refugio entre las nevadas alturas y los ibones y valles del Pirineo [1]. Allí se conservó de padres a hijos, hasta que la televisión acabó con el hechizo de las largas veladas de invierno y la vida moderna astilló las “cadieras” y apagó para siempre el fuego de los hogares.

Anayet 2

Los bosques y las montañas, las grutas y las cumbres, las nieves y los cierzos crearon el caldo de cultivo adecuado para la leyenda y la tradición. Lo que en tantas culturas ha servido para difuminar la historia de los pueblos, nos vale aquí para descifrar la naturaleza y descubrir su alma poética.

Anayet y Arafita eran los dioses más pobres de la montaña. Su trabajo consistía en procurar alimento para las criaturas que poblaban aquel rincón pirenaico. Eran felices porque, además, tenían un tesoro que no cambiarían por todas las riquezas del mundo: su hija Culibilla, una pequeña diosa a la que el cielo había adornado con todas las gracias imaginables, entre las que destacaban, sin duda, el candor, la bondad y la belleza.

Su cariño y mejores afectos eran para las humildes y laboriosas hormigas con las que Culibilla mantenía largas conversaciones en un milenario lenguaje que solo ellas entendían. Eran tantas, que la diosa decidió bautizar a aquella montaña con el nombre de Formigal, para júbilo y regocijo de todas las hormigas que lo poblaban.

Canal Roya 2

Los días de bucólica paz acabaron cuando Balaitús se enamoró de Culibilla. Era Balaitús un dios fuerte, poderoso y temido por todos los demás dioses del Pirineo. Él amasaba las terribles tormentas que asolaban los valles y, en su ira, fraguaba los rayos capaces de destruir todo lo que se le antojara. Su furor llegaba a estremecer los cimientos de la cordillera.

¿Cómo iba a ser feliz la delicada diosa con aquel bruto? Lo rechazó en mal momento, porque el desairado Balaitús, primera vez que no colmaba sus deseos, juró raptarla y llevársela consigo para siempre. Anayet y Arafita temían su ira, pero ¿qué podían hacer, desamparados, para defender a su dulce hijita?

BalaitúsEn tres zancadas, se presentó Balaitús ante Culibilla, decidido a cumplir su amenaza. Las montañas contemplaban la escena desconcertadas y atónitas, sin posibilidad de ayudar de algún modo a la desgraciada diosa.

Dice la leyenda que, al verse perdida, gritó: “¡A mí las hormigas!”. Millones de hormigas acudieron en socorro de su amiga, cubriendo a Culibilla de tal modo que, mimetizada contra el fondo oscuro de las montañas, la hicieron desaparecer ante los pasmados ojos de Balaitús. Mientras tanto, legiones de hormigas-soldado comenzaron a trepar por las piernas del gigante asestándole dolorosas mordeduras que acabaron por hacerle huir aterrorizado.

En el colmo del agradecimiento hacia sus amigas, Culibilla se clavó un puñal en el pecho para guardar dentro, junto a su corazón, a todas las hormigas que le habían salvado del horror de Balaitús, formándose así el forauagujero profundo— de la peña Foratata.

Desde entonces, no hay hormigas en Formigal.


IMÁGENES: Arriba, el pico Anayet, donde el autor hizo sus primeros pinitos de escalada, y su ibón o lago de montaña . Centro, el autor, hace años, en la Canal Roya, camino de Formigal. Abajo, la mole impresionante del Balaitús.

[1] Todos los nombres que aparecen en este texto son reales y corresponden a montañas o picos del Pirineo Aragonés, con las alturas que se indican: Anayet (2 545 m), Arafita (2 134 m), Culibilla (2 532 m), Formigal (1 550 m), Foratata (2 341 m) y Balaitús (3 144 m). Para alcanzar la mayor parte de estas cumbres se requiere material de escalada.

Fuentes: Desde Jaca y Sherpa Pirenaico.
Fotografías de FG.

sábado, 3 de marzo de 2018

El ascensor

Cuentan que, hace algunos años, un nativo medio salvaje de la Polinesia tuvo que ir a Nueva York, no se sabe muy bien por qué ni para qué. Y que allí, en la ciudad de los rascacielos, alguien trató de explicarle la utilidad del ascensor para resolver el problema del acceso a los pisos más altos. Parece que el polinesio no se entusiasmó demasiado…

En mi país tenemos resuelto ese problema desde hace mucho tiempo: colocamos los pisos uno al lado del otro, en lugar de apilarlos. En lugar de construir una casa de muchos pisos, construimos muchas casas de un solo piso.

ascensor perapalasLe explicaron que, en Nueva York, eso no era posible debido al alto precio de la tierra, más cara que el oro, como una consecuencia natural del progreso. “Pero, ¿usted sabe lo que es el progreso?”, le preguntaron.

—Sí, claro. El progreso consiste en crear dificultades para luego tomarse el trabajo de resolverlas. El progreso consiste en crear miopes para después fabricar lentes; en difundir enfermedades para que los médicos se entretengan en curarlas; en instituir el matrimonio para, luego, inventar el divorcio… El progreso es el ascensor.

Al menos por una vez, estoy de acuerdo con los salvajes de la Polinesia. No porque subir escaleras canse ocho veces más que caminar por una calle, sino porque el ascensor ha neutralizado al vecino y ha suprimido cotilleos, discusiones y broncas en los rellanos.

El ascensor ha puesto fin a las indiscreciones, flirteos y comentarios más o menos atrevidos entre criadas, mucamas, porteras, parteras, seguratas  y repartidores de pizza en mitad de la escalera. La portera vive en el piso 12 y pocos tienen algún trato con ella, aparte del “buen día, buenas tardes”. Todo el mundo toma el ascensor y pasa en vuelo vertical ante la vivienda ajena.

Sin ascensor o con él, se acabaron hace tiempo los préstamos urgentes de una taza de aceite o un tanto de sal o un puñado de garbanzos entre dos señoras viviendo puerta con puerta. Ahora, cada uno cruza ante la puerta de enfrente sin tener ni idea de quién habita dentro. Los vecinos de abajo ven a los de arriba como abducidos por el ascensor, sin saber nada más de ellos.

Resultado de imagen de gallinas sueltasEn la propiedad horizontal, suele bastar que un conejo se pase al jardín del vecino para desencadenar una réplica de la guerra de Troya. Cuentan que el dramaturgo francés Maurice Donnay fue advertido por su jardinero, presto ya a usar la escopeta, de que las gallinas de al lado venían a escarbar entre sus coles. El comediógrafo extendió algunos huevos por encima de sus propios parterres, de modo que su vecino pudiera verlos con facilidad. Cuando el colindante se percató de que sus aves tenían preferencia supuestamente— por las coles de Donnay para poner sus huevos, fue el propio vecino quien tomó las medidas necesarias para frenar las incursiones de sus gallinas.

Sostienen algunos, exagerando, que la mejor relación que se puede tener con los vecinos es ninguna, ignorarlos y hacerse ignorar. En cambio, si entre los inquilinos hay un médico o un abogado, es conveniente conocerlos siquiera superficialmente, para recurrir a ellos en caso de un ataque cardiaco o para obtener un buen consejo legal.

El vecino no está preparado para atender nuestras reclamaciones, así que, emulando a Dale Carnegie: “Si quieres recoger miel, no patees la colmena.


IMÁGENES: Arriba, el ascensor del mítico Hotel Pera Palas, inaugurado en 1895 en Estambul. Fue el primer edificio del Imperio Otomano en disponer de agua caliente, luz eléctrica, teléfono y ascensor eléctrico. El ascensor aún puede contemplarse con su preciosa estructura de madera y forja y la inconfundible flecha superior que indicaba los pisos a modo de reloj. Hace unos años me alojé en ese inolvidable hotel. Abajo, las gallinas en el huerto del Sr Donnay.

sábado, 17 de febrero de 2018

Nouvelle cuisine

Todos nos hemos encontrado alguna vez frente a la carta de ciertos restaurantes en la que los nombres de cada plato resultan difíciles de entender, como minipoemas o versos preciosistas, con un gran poder de seducción a través de las metáforas y la onomatopeya de cada término.

En cuanto a la capacidad descriptiva de estos nombres [1], eso es otro cantar. De hecho, en la mayoría de los casos, después de llenársele a uno la boca con semejantes descripciones y rebuscados sinónimos, la tendencia general suele ser la de esbozar una sonrisa y preguntarle al camarero “¿y esto qué es?”.

Creo que el caso de los nombres de los platos de la llamada nouvelle cuisine —casi nunca hay nada nuevo en la cocina—, es comparable, en cierto modo, con el de los nombres de muchas esculturas y sobre todo pinturas del arte contemporáneo, que tampoco se entienden muy bien a la primera.

Cocido caseroHace años, cuando se cocinaba un pollo con salsa de cebolla acompañado de una menestra de verduras, al plato se le solía dar el nombre de “pollo con salsa de cebolla y menestra de verduras”. Cuando en un cuadro se retrataba a un grupo de damiselas llamadas meninas, se optaba por algo tan sencillo y directo como “las meninas” [2]. Pero hoy no. En los tiempos que corren, los nombres son usados por algunos cocineros o maîtres o quienquiera que se ocupe de ello, como un elemento más dentro de la creación artística, cumpliendo en ocasiones la función de inducir a la sensación de algo, como si la obra —el plato, el cuadro o la escultura— no se valiera por sí misma para lograrlo.

En el caso de la comida, el nombre parece desempeñar una función descriptiva que no se presupone necesariamente en el caso de las obras de arte, ya que el arte, arte es, y a priori, casi todo es permisible. Que el nombre de un plato en una carta de restaurante haga alusión a todo menos a comida, es interpretable, y habrá a quienes les guste y a quienes no. Lo que está claro es que, con demasiada frecuencia, no aporta al comensal la información que necesita acerca de la composición de lo que pretende comer. Algo fundamental, teniendo en cuenta que, en lo que al paladar se refiere, para gustos están los sabores e incluso los colores y hasta los olores.

Si a mí me gusta el carpacho de ternera y las cerezas, yo prefiero que me anuncien un plato a base de estos dos elementos, como “carpacho de ternera con cerezas”, que ya es sugerente de por sí, a que lo hagan como “alegoría de vacuno laminado, engalanado con esencias de lágrimas rojas de primavera”, aunque, en este caso, tampoco lo vería demasiado mal. Lo que creo que no deba faltar en la carta es la información concisa y entendible, más allá y, si acaso, además del rebuscado ornamento.

Recuerdo una vez que, en Manila, en un restaurante local, me aventuré a pedir “hormigas caminando por un tronco de bambú”. La verdad es que no sé por qué lo hice, porque no tenía ninguna gana de comer hormigas. Me picaba la curiosidad por saber qué plato se escondía detrás de aquel absurdo nombre.

Afortunadamente, resultaron ser fideos de arroz con bastoncitos de bambú y minúsculas partículas de carne: ni hormigas culonas, ni antenitas, ni cabezonas rojizas, nada… Una decepción culinaria, vaya.

TortillaA veces me pregunto cómo se llamarían las recetas de mi abuela Dominica en un restaurante de la nouvelle cuisine. Una podría ser, por ejemplo: “redondo de camperos con secreto de cebolla y patatas pochadas” (léase tortilla de patata con cebolla). De otra escribiríamos “chispero castizo en tres actos”; o sea, cocido madrileño. Y otra, “licuado de pan añejo a la liliácea y rojo de La Vera”, digamos, sopa de ajo con pimentón.

Cuentan los ingleses que, para comer bien por allá arriba, hay que desayunar tres veces. Probablemente sea cierto: ellos inventaron la sobremesa para olvidarse pronto de lo que habían comido.

Que fish and chips y caracoles no es comida de señores.

IMÁGENES: Arriba, alubias rojas con arroz y cosas, made by Marichu. Abajo, tortilla de patatas con cebolla, un gran éxito del autor para deleite de cierta periodista paraguaya. (Fotos de FG)

[1] Quien tenga interés en conocer platos con nombres raros, curiosos o extravagantes, sugiero visite mi blog “Gastronosuyas del mundo mundial”. Gracias.[2] Como hizo Velázquez, por poner un ejemplo.

sábado, 3 de febrero de 2018

Argel, Argelia

Un capitán de la Algerie Ferries que conocí en el bar del Aletti —un esplendor del art déco y uno de los lugares más fascinantes de la capital argelina—, sostiene que, cuando el buque se va acercando a la bahía de Argel, el aire adquiere una fragancia peculiar, única en el mundo, mezcla de sal, de pino, de aceite de oliva y de flores.

Estoy desayunando en la terraza del hotel Saint George, construido sobre un antiguo palacio árabe-otomano, rodeado de un precioso jardín botánico. Admiro la disposición escalonada de la blanca ciudad por encima de la bahía, donde dos buques mercantes, reducidos en la distancia a proporciones mínimas, labran largos surcos en el mar de la mañana.

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Aspiro la brisa que viene del Mediterráneo, tratando de encontrar ese aroma de sal, pinos y aceite virgen del que habla el capitán, pero el aire de Argel no me sugiere nada. Solo le encuentro un olor desabrido y desagradable, impregnado de la peste que emana de los tubos de escape de viejos automóviles con motores mal regulados. Apenas el vergel que rodea la terraza tiestos de flores, cactus, palmeras enanas y laureles rosa— consigue disfrazar un poco el tufo-brisa que asciende por la ladera.

Me gusta Argel, pero me produce una vaga sensación de inquietud. Aquí, tótum revolútum, se tropiezan periodistas, policías, rufianes, traficantes de todo lo traficable, agentes de servicios secretos, funcionarios de la ONU, espías internacionales, rameras declaradas oliendo a pachuli y jóvenes novatas con aroma de kebab, unas y otras a la búsqueda de algún pollo medio borracho que llevarse a la cama. Es una ciudad desconcertante que siempre me ha sorprendido por las imprevisibles reacciones de los argelinos.

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Llegué en plena argelización de Argelia; es decir, las placas con el nombre de las calles, de los barrios, las indicaciones de tráfico, la rotulación de negocios de cualquier tipo y las cartas de los restaurantes —antes bilingües en francés y árabe debían redactarse, obligatoriamente, solo en árabe, y los funcionarios de cualquier nivel forzados a expresarse únicamente en ese idioma.

Una mañana, me dirigí puntualmente a la reunión que tenía convenida con un técnico de una Sociedad Nacional —las populares SONA algo—, con quien siempre me había entendido en francés. Pues bien, me pareció como si, de pronto, aquel hombre se hubiera vuelto imbécil de baba, olvidándose de la lengua de la metrópoli, misma con la que se había educado en alguna universidad francesa. Inútil tratar de que hablásemos en francés o incluso en inglés, suponiendo que no quisiera saber nada de sus antiguos colonizadores galos.

La Embajada de España me facilitó una traductora a tanto la hora, obviamente—, estudiante de etnología sahariana, simpática y un pelín revolucionaria, que se negaba a tomar un taxi y me obligaba a movernos en sucios y malolientes autobuses. Cuando protesté me dijo que allí no estaban aún para desodorantes, la muy guarra.

Nunca me he sentido más ridículo, hablando en francés a un tipo que me entendía pero simulaba no entenderme y la chica traduciendo su respuesta del árabe al francés, es decir, a un idioma que hablábamos perfectamente los tres implicados en aquella grotesca comedia. Tal vez funcionario y traductora concibieran aquello como “el no va más del progresismo y la revolución popular” o tal vez no, y estuvieran ciscándose para sus adentros en la puta madre que parió a los políticos salvapatrias que inventaron lo de la argelización del país.

Fuera como fuese, nunca me lo dijeron.


IMÁGENES: Arriba, Hotel Saint George, hoy Hotel El-Djazair, por aquello de la argelización. Abajo, Argel desde la bahía. En primer término, el Hotel Aletti, hoy Hotel Safir por idénticas razones.

sábado, 20 de enero de 2018

Noticias de un día cualquiera

Sin ninguna duda, como afirma Carlos Herrera, en España ya no cabe un tonto más. Nos caeríamos al agua o, alternativamente, alguno, para hacer sitio, debería salir huyendo hacia el norte, Pirineos arriba, llevando consigo ese virus tan nuestro de la estupidez, agresivo y temible como la peste. Así lo hizo un cierto personaje que ha logrado expandir su estulticia sobre un eje que discurre desde Irlanda y Bélgica y anega la Andalucía española. Esto es lo que hay.

Ayto DublinNos situamos en el Ayuntamiento de Dublín, donde han decidido izar la bandera catalana durante un mes en “solidaridad” con la ciudad de Barcelona, “condenando la represión y violencia perpetrada por el Gobierno español” (sic). La propuesta ha salido adelante con el apoyo del alcalde de Dublín, del partido nacionalista Sinn Féin, el antiguo brazo político del ya derrotado e  inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés). Este grupo terrorista se enfrentó a los británicos durante casi 40 años, cobrándose la vida de 3.200 personas, la mayoría civiles —dos españoles en el atentado de Omagh en 1998, y dejando un rastro de unos 37.000 heridos.

Me parece de un cinismo perverso la “condena” a una violencia inexistente, supuestamente perpetrada por un gobierno europeo y democrático. Creo que, con ese historial, la exhibición de la estelada, con el apoyo de esa gentuza y al resguardo de tal morralla, les hace un flaco favor a los oníricos independentistas catalanes.

La matraca [1] independentista del día se cuece en el mismo corazón de la tontuna. Desde Bruselas, el beatle “Puigdemente” dice que a ver si “para comprar un endoscopio o un fonendoscopio hay que jurar la Constitución Española”. Como presidente de una autonomía debe jurar un estatuto redactado de acuerdo con las disposiciones constitucionales por lo que, jurando el segundo lo hace igualmente con la primera. No hace falta ser muy listo para saberlo. O tal vez sí: Que no hay campo sin grillo, ni tonto sin lazo amarillo.

Cataluña 2Debería aclarar este huido por qué no compró endoscopios y fonendoscopios con el dinero que le ha venido proporcionando el Gobierno Español quién, si no— o por qué asfixió a las farmacias catalanas dejándoles de pagar el año pasado medicamentos expedidos por más de 207 millones de euros o por qué se invirtieron 20.000 millones de euros en el llamado “proceso independentista” o por qué la Generalitat tuvo o tiene aún más de 200 cargos cobrando por encima del presidente Rajoy o el porqué de la compra millonaria de todos los medios de comunicación catalanes y algunos internacionales… [2]

Lo triste de esta aventura es que muchos españoles estamos ya más que hartos del dichoso process, deseando que se vayan, que formen su aldea vikinga y nos dejen en paz. A sabiendas de que, entre todos, tendremos que hacer frente a la deuda de 52.500 millones de euros que dejaría Cataluña al Estado Español, doble que la de Andalucía, por comparar.

Cataluña 3Aquella mañana del mismo día de autos —nunca mejor dicho—, prensa y telediarios abrían, en directo, con el comienzo de la vista oral a los 22 altos cargos de la Junta de Andalucía implicados en el caso de los ERE [3], donde el desfalco de este llamado “fondo de reptiles” se ha evaluado en unos 850 millones de euros. Canal Sur, la radio y televisión autonómicas, miraban hacia otro lado con la redifusión de un programa gastronómico y una entrevista sobre la cooperación con Palestina respectivamente. No faltaron comentarios y opiniones personales en directo, siempre en defensa a ultranza del PSOE [4] andaluz, como no podía menos de suceder.

Pero no se lo tomen muy en serio: “las noticias de hoy servirán para envolver el pescado de mañana.” (Walter Lippmann, más o menos)


IMÁGENES: Arriba, edificio del Ayuntamiento de Dublín, en Irlanda. Centro, carátula del comic Heart and Brain, de Nick Seluk, Andrews McMel Publishing, USA; obvio, lo de Cataluña Independiente es un añadido. Abajo, la noticia del millonario desfalco en un par de diarios españoles.

[1] Según el DRAE: “Importunación, insistencia molesta en un tema o pretensión”.
[2] Especialmente Financial Times y New York Times, que han perdido toda su credibilidad, al apoyar un proceso ilegal en un país democrático y amigo.
[3] ERE: Expediente de Regulación de Empleo. El caso más grave de corrupción en España, tanto por su enorme cuantía como por el número y posición política de los investigados.
[4] Partido Socialista Obrero Español.

sábado, 6 de enero de 2018

La historia de los Reyes Magos

De entre todos los personajes que rodean el nacimiento de Jesús ángeles, pastores, estrellas, mulas y bueyes—, los Reyes Magos siempre me han parecido los más simpáticos, cordiales y complacientes, acaso porque eran quienes, además de regalos, aportaban y mantenían viva la ilusión en aquellos inolvidables años infantiles.

Me parecían tres tipos admirables, viajando en la peor época del año, en pleno invierno. Me los imaginaba cruzando el desierto entre tempestades de arena, acampando en oasis escasos de agua para sus camellos, enfrentándose a aldeas hostiles donde alojar y alimentar a la cohorte de criados y escuderos que, como verdaderos reyes, deberían acompañarles. Sin embargo, al final de tan largo periplo, siempre aparecían impecables a nuestros ojos, con sus túnicas relucientes, turbantes como almendros en flor, camellos frescos y pajes resplandecientes.

Reyes Magos 1
El evangelio de San Mateo [1] es la única fuente bíblica que los menciona
sin especificar sus nombres ni su número ni su título de reyes— como ilustres viajeros en busca del rey de los judíos para adorarle, guiados por una estrella que los condujo hasta Belén. El evangelista se refiere a ellos con la palabra griega magoi, que significa magos o sabios, pero, ¿quiénes eran realmente?

Si fueron magos, considerando el origen de su viaje al este de Jerusalén —centro de la civilización—, se trataría de eruditos persas de la tradición zoroástrica, expertos en astronomía, medicina, magia y astrología. Sin embargo, el Salmo 72 [2] predice que “los reyes de Tarsis le traerán presentes y los reyes de Sabá y Seba le ofrecerán obsequios”.

Sus nombres y reinos estaban bastante oscuros, aunque, por el bien de una buena historia, deberían tener claras ambas cosas. Durante la Alta Edad Media, en el norte de Europa, un monje [3] los designó como Melchor, Baltasar y Gaspar, nombres cuyo porqué nunca llegó a entenderse [4]. La gente medieval no sabía muy bien quiénes eran estos personajes, ni estaban seguros de que fueran reyes o magos. Sin embargo, conocían que eran paganos, que seguían las enseñanzas de Balaam [5] y que trataban con demonios. No era bueno introducir “diabluras” en la escena navideña.

Reyes magos 2

Tal vez por eso, la historia de los magos no tuvo mucha aceptación en aquella época. De hecho, un mosaico del siglo VI, en Rávena (Italia), es casi la última vez que aparecen como eruditos, con un aspecto impecable, ajustados pantalones y gorras frigias de estilo persa.

La fuente más explícita —el libro de Set [6]—, dice que eran tres y que habían estado buscando una estrella, generación tras generación, desde la mítica Montaña de la Victoria, probablemente en Persia, donde Adán se había refugiado en su vejez con el oro, el incienso y la mirra expoliados del Edén. Estos tres dones simbolizaban, respectivamente, rey, Dios y mortal, ya que la mirra se usaba para ungir el cuerpo después de la muerte.

Es difícil suponer el fenómeno celestial que guio a los magos hasta Belén. Posiblemente fue una supernova o una conjunción de Júpiter y Saturno o tal vez un cometa. Empero, en el mundo heleno-romano, los cometas presagiaban muertes o desastres, nunca nacimientos. Sin embargo, los magos habían recibido instrucciones, según el libro de Set, de que una estrella particularmente brillante anunciaría la llegada de un niño y sabían que el niño era un rey [7].

“A los Reyes Magos les pedí un regalo: una hierbabuena para el desencanto” (María García Esperón).


IMÁGENES: Arriba, “El viaje de los Magos”, del pintor francés Jacques-Joseph Tissot (1836-1902). Abajo, mosaico bizantino del siglo VI en la iglesia de San Apolinar el Nuevo, en Rávena, Italia.

[1] San Mateo, 2, 1-12.

[2] Salmo 72, 10.

[3] San Beda el Venerable (673-735), Doctor de la Iglesia y monje benedictino en las abadías de San Pedro y San Pablo, en Wearmouth, y en la de Jarrow, en Northumberland, Inglaterra. En el tratado Excerpta et Colletanea, San Beda recoge así las tradiciones que llegaron hasta él: “Melchor era un viejo de setenta años, de cabellos y barbas blancas, habiendo partido de Ur, tierra de los caldeos. Gaspar era joven, de veinte años, robusto, y partió de una distante región montañosa, cerca del Mar Caspio. Y Baltasar era moro, de barba cerrada y con cuarenta años, partió del Golfo Pérsico, en la Arabia Feliz”.

[4] Es San Beda quien, por primera vez, escribió el nombre de los tres, con significados precisos que nos ayudan a comprender sus personalidades. Gaspar significa “Aquel que va a inspeccionar”, Melchor quiere decir “Mi Rey es luz”, y Baltasar se traduce por “Dios manifiesta al Rey”. Los tres representaban las tres razas humanas existentes, en edades diferentes.

[5] La historia de Balaam aparece en el Libro de los Números. De acuerdo con el relato bíblico, el rey de Moab solicita a Balaam que maldiga Israel a cambio de dádivas (22:5-7). Este consulta a Dios, el cual le niega el permiso (22:12).

[6] En el libro de Set, evangelio apócrifo muy comentado entre los estudiosos y marginado por la iglesia de Roma, se narra que los magos subían al Monte de la Victoria en cuya cima había una caverna, una fuente y un soto de árboles. Allí los magos se lavaban, oraban y durante tres días celebraban el nacimiento de Mitra, dios persa, indio y romano. “Este rito se celebraba cada año y los magos esperaban que la estrella apareciera mientras ellos estaban en el Monte de la Victoria”.

[7] Libro de Set: “En los oráculos de Histaspes, la estrella es el signo del Gran Rey prometido, que es Mitra reencarnado”.

Fuentes: The rule of three, Mateo 2, Salmo 72, Gloria de la Edad Media, El Colomí Missatger y Wikipedia.


sábado, 23 de diciembre de 2017

El abeto (Cuento de Navidad)

El valle del río Aragón, el que dio nombre al reino en 1035, está jalonado de abetos grandes y pequeños, jóvenes y mayores, que dan sombra y protección a los peregrinos que vienen de Francia por el Camino de Santiago. A mediodía de un solecito invernal, me senté apoyado contra el tronco del que me pareció el más alto de todos quien, parlanchín, me contó una parte muy notable de su vida.

abetos 2Comenzó diciéndome que, hace ya algunos años, fue un árbol joven y algo canijo, rodeado de otros mayores que le parecían grandes como montañas y que apenas le dejaban disfrutar del sol y le impedían reflejarse en el río. Se estiraba, retorcía sus ramas hacia lo alto y suplicaba a los mayores que se apartaran un poco, pero no le hacían ningún caso. En estas condiciones pasó varias primaveras, veranos y otoños hasta que un invierno más duro de lo habitual él y todos los demás abetos quedaron medio adormilados bajo una fría y espesa manta blanca de nieve.

Me contó que una tarde de aquel invierno despertó horrorizado cuando percibió que alguien le estaba sacudiendo con fuerza. Notó con mucho susto que lo arrancaban del suelo y, después de colocarlo en una maceta, lo llevaron a una casa muy muy bonita, donde enseguida le regaron unos niños que parecían muy contentos de estar allí con él.

abeto 1No sabía lo que pasaba, pero, poco a poco, se fue tranquilizando. Toda la familia se le acercaba con cajas llenas de cosas brillantes y cachivaches muy bonitos que le fueron poniendo sobre sus ramas. No entendía nada. Solo veía bolas, lucecitas, calcetines multicolores y cintas y estrellas y arañitas brillantes que le hacían cosquillas mientras las colgaban.

Cuando apagaron las luces, el abeto pudo verse reflejado en la ventana del salón y se quedó asombrado y encantado con su imagen: fulguraba y resplandecía lleno de luz y de colores. Nunca se había visto tan apuesto como entonces y, al parecer, todos en torno a él opinaban lo mismo porque le aplaudían y reían satisfechos. No en vano era la primera vez que se ponía un abeto por Navidad en aquella casa. Disfrutó muchísimo los días que estuvo allí, junto a la chimenea, rodeado de regalos y viendo tan feliz a la familia entera que le rodeaba.

Le hubiera gustado quedarse para siempre, pero al acabar la Navidad le despojaron de todos los adornos y lo sacaron de la maceta. Nuestro amigo se llevó un susto morrocotudo. ¿Qué iban a hacer con él ahora que la Navidad había terminado? Por segunda vez en su vida hizo un viaje en automóvil y, tras mucho, muchísimo rato, llegaron a un bosque lleno de abetos como él, ni demasiado grandes ni demasiado pequeños.

abeto 3

La familia con la que había pasado aquella su primera Navidad, le buscó un lugar estupendo, con una vista preciosa y, lo mejor de todo, con muchísimo sol, y allí lo plantaron de nuevo. El árbol, recibiendo toda la luz que necesitaba, creció y creció hasta convertirse en el gigantesco abeto con el que yo pasé un buen rato charlando. Me contó emocionado que aquella familia sigue visitándole cada Navidad y que a él le encanta verlos a todos a su alrededor, especialmente cuando los niños —ahora ya creciditos— lo abrazan y acarician su tronco con tanto cariño.

Me aseguró emocionado que nunca olvidará aquellos días y que, cuando supo que celebraban el nacimiento del Niño Jesús, le pareció que lo mejor de todo fue el inmenso regalo del amor y de la amistad entre los hombres.

Antes de irme abracé su tronco y le prometí que volvería a visitarle la próxima Navidad.


IMÁGENES: Creo que las de hoy no necesitan ningún comentario.

Existen varias posibilidades para disponer de un abeto con el que decorar nuestra Navidad:  (i) extraerlo con un buen cepellón de tierra para poderlo replantar pasadas las fiestas, aunque en algunas comunidades pudiera estar prohibido, (ii) comprar un abeto cultivado en maceta y que se pueda mantener todo el año como planta de interior o exterior, y (iii) la mejor de todas: comprar un árbol artificial.