sábado, 23 de diciembre de 2017

El abeto (Cuento de Navidad)

El valle del río Aragón, el que dio nombre al reino en 1035, está jalonado de abetos grandes y pequeños, jóvenes y mayores, que dan sombra y protección a los peregrinos que vienen de Francia por el Camino de Santiago. A mediodía de un solecito invernal, me senté apoyado contra el tronco del que me pareció el más alto de todos quien, parlanchín, me contó una parte muy notable de su vida.

abetos 2Comenzó diciéndome que, hace ya algunos años, fue un árbol joven y algo canijo, rodeado de otros mayores que le parecían grandes como montañas y que apenas le dejaban disfrutar del sol y le impedían reflejarse en el río. Se estiraba, retorcía sus ramas hacia lo alto y suplicaba a los mayores que se apartaran un poco, pero no le hacían ningún caso. En estas condiciones pasó varias primaveras, veranos y otoños hasta que un invierno más duro de lo habitual él y todos los demás abetos quedaron medio adormilados bajo una fría y espesa manta blanca de nieve.

Me contó que una tarde de aquel invierno despertó horrorizado cuando percibió que alguien le estaba sacudiendo con fuerza. Notó con mucho susto que lo arrancaban del suelo y, después de colocarlo en una maceta, lo llevaron a una casa muy muy bonita, donde enseguida le regaron unos niños que parecían muy contentos de estar allí con él.

abeto 1No sabía lo que pasaba, pero, poco a poco, se fue tranquilizando. Toda la familia se le acercaba con cajas llenas de cosas brillantes y cachivaches muy bonitos que le fueron poniendo sobre sus ramas. No entendía nada. Solo veía bolas, lucecitas, calcetines multicolores y cintas y estrellas y arañitas brillantes que le hacían cosquillas mientras las colgaban.

Cuando apagaron las luces, el abeto pudo verse reflejado en la ventana del salón y se quedó asombrado y encantado con su imagen: fulguraba y resplandecía lleno de luz y de colores. Nunca se había visto tan apuesto como entonces y, al parecer, todos en torno a él opinaban lo mismo porque le aplaudían y reían satisfechos. No en vano era la primera vez que se ponía un abeto por Navidad en aquella casa. Disfrutó muchísimo los días que estuvo allí, junto a la chimenea, rodeado de regalos y viendo tan feliz a la familia entera que le rodeaba.

Le hubiera gustado quedarse para siempre, pero al acabar la Navidad le despojaron de todos los adornos y lo sacaron de la maceta. Nuestro amigo se llevó un susto morrocotudo. ¿Qué iban a hacer con él ahora que la Navidad había terminado? Por segunda vez en su vida hizo un viaje en automóvil y, tras mucho, muchísimo rato, llegaron a un bosque lleno de abetos como él, ni demasiado grandes ni demasiado pequeños.

abeto 3

La familia con la que había pasado aquella su primera Navidad, le buscó un lugar estupendo, con una vista preciosa y, lo mejor de todo, con muchísimo sol, y allí lo plantaron de nuevo. El árbol, recibiendo toda la luz que necesitaba, creció y creció hasta convertirse en el gigantesco abeto con el que yo pasé un buen rato charlando. Me contó emocionado que aquella familia sigue visitándole cada Navidad y que a él le encanta verlos a todos a su alrededor, especialmente cuando los niños —ahora ya creciditos— lo abrazan y acarician su tronco con tanto cariño.

Me aseguró emocionado que nunca olvidará aquellos días y que, cuando supo que celebraban el nacimiento del Niño Jesús, le pareció que lo mejor de todo fue el inmenso regalo del amor y de la amistad entre los hombres.

Antes de irme abracé su tronco y le prometí que volvería a visitarle la próxima Navidad.


IMÁGENES: Creo que las de hoy no necesitan ningún comentario.

Existen varias posibilidades para disponer de un abeto con el que decorar nuestra Navidad:  (i) extraerlo con un buen cepellón de tierra para poderlo replantar pasadas las fiestas, aunque en algunas comunidades pudiera estar prohibido, (ii) comprar un abeto cultivado en maceta y que se pueda mantener todo el año como planta de interior o exterior, y (iii) la mejor de todas: comprar un árbol artificial.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Engreídos e ignorantes

Cuando uno hojea un periódico o una revista, los asuntos de interés son siempre muy parecidos: política, economía, sexo, accidentes, el tiempo, una novedad… Los mismos temas repetidos una y otra vez, porque la naturaleza humana no cambia de modo sustancial.

Sin embargo, la ciencia sí lo hace, aportando innovaciones, una tras otra, que alteran el mundo y nuestras vidas de manera irreversible. Lo dijo Steward Brand [1] y es una reflexión muy del gusto de los periodistas científicos: “La ciencia es la única noticia. El resto son sucesos, anécdotas y cotilleos”

big_bang-350x236Hace bien poco vivimos uno de esos raros días en los que una noticia científica se cuela en las primeras páginas de los periódicos y en los informativos de la tele. Seguramente, ya habrán oído hablar de ello: va sobre el big bang y el origen del universo. Poco más entendería el lector medio, casi siempre ajeno a estas cuestiones. Empujados por la singular importancia del suceso, los tertulianos se vieron obligados a comentarlo en los medios, y la mayoría no supo ni por dónde empezar. Lastimoso.

El descubrimiento es, efectivamente, de excepcional relevancia: hemos visto la primera “foto” de la onda expansiva del big bang 13 800 millones de años después. Pero es extremadamente difícil de comprender cómo ha sido posible hacerlo porque, para empezar, se necesita cierta formación previa, que los medios ofrezcan información rigurosa y simple, y que los lectores empleen tiempo y esfuerzo para entenderla. En este país —y en otros muchos— carecemos de las tres cosas.

bigbang 2Los tertulianos de la radio pública se mofaban de no haber comprendido ni una palabra de lo que decía el físico que, unos minutos antes, había intentado explicar el hallazgo. “¿Alguien ha entendido algo? Mejor hablamos de otra cosa”, reían. El problema de este país no es la ignorancia ni la falta de cultura científica, que también: lo grave es que hagamos alarde de ambas carencias. No conozco a ningún científico que se jacte de no haber visitado nunca un museo o de no haber leído a Cervantes o escuchado a Mozart, pongo por caso. Pero es alarmante la cantidad de gente que, cuando se habla de ciencia, responde “no entiendo nada de eso ni me interesan esas cosas” y aún más alarmante que esa lamentable reacción esté socialmente aceptada a casi todos los niveles.

Porque una sociedad mal informada sobre política o economía no puede ser libre, pero una sociedad no informada en absoluto sobre ciencia será esclava de avances que no podrá valorar ni comprender. Como decía Carl Sagan [2], “el drama de las sociedades modernas es que son exquisitamente dependientes de la ciencia y la tecnología, pero nadie tiene nociones aceptables —ni puñetera idea, añado por mi cuenta— de la una ni de la otra”.

bigbang 3Aunque nos cueste creerlo, casi 83 millones de habitantes americanos desconocen que la tierra gira alrededor del Sol. Un descubrimiento propuesto por el astrónomo griego Aristarco de Samos [3] en el siglo III a.C. aunque, por entonces, tampoco se le prestó ninguna atención [4].

No terminaré sin dejar constancia de una lamentable anécdota reciente. Durante una reunión para verificar cuántas personas asistiríamos a una cena corporativa que se estaba organizando para celebrar la Navidad, la encargada del asunto preguntó cuántos sumaban los 14 que ya llevaba anotados, más los 7 nuevos comensales. Mientras pensaba yo si la cosa iba de broma o la pregunta era cierta, la señora dijo textualmente: “Perdonen, es que soy de letras puras”. ¡Increíble!

“La ciencia es el alma de la prosperidad de las naciones y la fuente de todo progreso. La ciencia no sabe de países, porque el conocimiento le pertenece a la humanidad y es la antorcha que ilumina el mundo.” (Louis Pasteur [5])

Por eso, a veces, hay que ponerle una vela al diablo —de la ciencia—, siquiera para que haya algo de luz.


IMÁGENES: Arriba, el big bang. Centro, Aristarco de Samos. Abajo, el universo geocéntrico, con la Tierra en el centro del sistema.

[1] Steward Brand (1938): Autor, editor y creador norteamericano de las publicaciones Whole Earth Catalog y CoEvolution Quarterly, así como fundador de la comunidad virtual Well.

[2] Carl Sagan (1934-1996): Astrónomo, astrofísico, cosmólogo, escritor y divulgador científico estadounidense.

[3] Aristarco de Samos (c. 310-c. 230 a.C.): Astrónomo y matemático griego. Él fue la primera persona conocida que propuso el modelo heliocéntrico del Sistema Solar, colocando el Sol, y no la Tierra, en el centro del universo conocido.​

[4] La Encyclopaedia Britannica explica: “In the 16th century Aristarchus was an inspiration for Polish astronomer Nicolaus Copernicus's work. In his manuscript of Six Books Concerning the Revolutions of the Heavenly Orbs (1543), Copernicus cited Aristarchus as an ancient authority who had espoused the motion of Earth. However, Copernicus later crossed out this reference, and Aristarchus's theory was not mentioned in the published book.”

[5] Louis Pasteur (1822-1895): Químico y bacteriólogo francés, cuyos descubrimientos tuvieron enorme importancia en diversos campos de la ciencia, sobre todo en la química y microbiología. A él se debe la técnica conocida como pasteurización.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Querido aitite

Esta es la carta escrita por mi sobrina Beatriz a su aitite
—su abuelo y mi hermano— que se nos fue hace un par de años.
Me parece una delicia por su cariñosa sencillez y la ternura que trasluce.

Es un día gris y llueve sin parar. Un domingo de esos que bien conoces, aitite [1]. Los días pasan desde que te fuiste, lluviosos o soleados, pero no son lo mismo. La vida sigue, pero me faltas tú. Hoy, después de dos tristes e interminables años, me siento con fuerzas para escribirte.

Los otoños vuelven, pero, desde que no estás con nosotros, nunca volvió ese entrañable aroma a castañas asadas, que con tanto amor te ocupabas de poner en la chapa para que estuvieran listas para cuando llegara yo de la uni.

aitite 1Porque sigo en la uni, aitite, aunque ya no en primero. Y cuando entro por la puerta de tu casa echo de menos que me digas: “Hombre, Mario Conde, ¿qué tal?”. Con la respectiva bronca de amama [2], porque su nieta estudia la misma carrera que ese impresentable, pero no se parecen en nada. Tú la mirabas con esos ojos de enamorado que conservaste hasta el último de tus días.

Aitite, deseo con toda mi alma que Dios exista porque, de ser así, a ciencia cierta que estarás ahora campando a tus anchas por el cielo, con aquellos que te quisieron y que también se fueron, tal vez cazando malvices con tu aita por esos montes de Dios. Quiero que sepas que aquí te echamos mucho de menos, que a duras penas nos acostumbramos a vivir sin ti.

Nunca volverán tus bromas, aitite. Ante el mandato de tus hijas para que bebieras agua, tú contestabas: “El agua es muy mala, ¿no ves que ahí nadan las ranas?”, provocando el descojono general y la imposibilidad de echarte una bronca. “Mientras haya vino y bicarbonato…”, decías.

aitite-2_thumb9[1]

Aitite, nos seguimos reuniendo a comer los domingos, pero, cuando hay mejillones, nadie me cuenta los que como, para luego fardar de que su nieta la pequeña se come 30 o 40 ella sola. “¿Y dónde los mete?”, decías, con esa sonrisa tuya tan contagiosa.

Y sí aitite, mi aita [3] sigue sin parar por casa, como siempre, entre Barcelona e Ibiza, “¡Ay, si yo siguiera en Geis...!”, pensabas en voz alta.

Tienes otra biznieta: June, hermana pequeña de Malen. Otra chica, sí, aitite, igual que las ultimas trece para tu dolor de cabeza: “Que no, que no llegará varón a esta familia”. Y tú, en el fondo, encantado con tu matriarcado ortuellano [4].

Malen ya tiene 3 años, habla y habla y no calla, y Jasone está a punto de acabar sus estudios. Porque tenías razón: tu única pena era morirte sin vernos acabar la carrera a ninguna de tus nietas, y así fue. Pero no te preocupes, aitite, te las brindaremos todas a ti.

En septiembre, después de que te fueras, volvimos a ganar las elecciones, porque sí, aitite, si, nosotros siempre ganamos porque, como tú bien decías “somos los mejores”.

Por último, aitite, nunca olvidaré que “con diez cañones por banda, viento en popa a toda a vela, no corta el mar, sino vuela, un velero bergantín”.

Porque no, aitite, no eran galgos, que eran podencos.

Hasta siempre, aitite.


IMÁGENES: Arriba, Beatriz y su aitite Santos. Abajo, el aitite, Beatriz y su aita, a la puerta de casa.

[1] En vasco o euskera, “abuelo”.
[2] Ídem, “abuela”.
[3] Ídem, “padre” o “papá”.
[4] Gentilicio de Ortuella, nuestro pueblo en Euskadi.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Belgas, hunzas y yarsagumba

Esta gente de arriba los Pirineos, mis vecinos franceses, sostienen seriamente que los más tontos de Europa, comunitaria o no, son los belgas. No he conocido los suficientes como para poder corroborar esta atrevida afirmación, aunque, como toda regla, tendrá sus excepciones.

Tampoco se puede uno fiar de los franceses, maledicentes compulsivos con el vecindario. En un estudio de 2013 [1], Bélgica alcanzaba un cociente intelectual o CI de 99, mientras que Francia registró un punto menos.

Hunza 2¿Qué sería, entonces, lo que influyo en el “molt miserable” expresidente catalán Puigdemon, huido de la justicia, para elegir Bélgica como el país de su “asilo político”? ¿Se basó en la tesis francesa sobre el reducido CI de los belgas o bastó con el ofrecimiento inoportuno de un ministro mentecato [2] de exiguas luces y menguada inteligencia? Nunca lo sabremos.

Corto aquí el aburrido sainete protagonizado por este españolito le guste a él o no—, cobarde y tramposo. Le hubiera sugerido una alternativa mejor: ocultarse en el norte de la India, inexpugnable refugio en las estribaciones del Himalaya, suponiendo, mucho suponer, que hubiera sido  aceptado entre aquellas buenas gentes. Me estoy refiriendo al mítico país de los hunzas, probables descendientes del perdido ejército de Alejandro Magno, conquistador de las ignotas tierras de la lejana India hacia el 304 a.C. Un pueblo de ojos claros y tez blanca, alegres, amistosos e increíblemente saludables y longevos, del que se asegura que, prácticamente, no conocen enfermedades y tienen un promedio de vida de 100 años. Algunos alcanzan hasta los 130 en aquel “oasis de la juventud”, convertidos en paladines de la dieta vegetariana.

Hunza 1Efectivamente, la alimentación de los hunzas está constituida por toda clase de hortalizas, en especial lechugas, frutas secas molidas —la fruta más abundante es el albaricoque—, trigo entero, leche de cabra agria, queso sin salar y papas asadas sin pelar, nunca fritas. No prueban el azúcar ni el pan blanco, ni otros derivados de la harina. Muy envidiable dieta a la que añaden una buena dosis de ejercicio diario, subiendo y bajando a las terrazas de cultivo, hombres, mujeres y niños, por aquellas inhóspitas montañas.

Sin embargo, no hay que creerse a pies juntillas todo lo que se dice en internet. Los hunzas no tienen un calendario como el nuestro y parece que calculan su edad como una estimación de su sabiduría. Dudo que no padezcan las mismas enfermedades que los demás mortales, como sostienen algunos y, más aún, que sean capaces de procrear con noventa y pico de años a la espalda. Sin embargo, esta “anomalía” bien pudiera estar relacionado con el consumo de la yarsagumba, la viagra del Himalaya, un hongo que crece y se alimenta de las larvas de ciertas polillas, por encima de los dos mil o tres mil y pico metros.

Hunza 3Los hunzas y otros pueblos de las montañas han encontrado una enorme fuente de beneficios en este hongo, que causa furor en la vecina China por sus supuestas propiedades afrodisíacas. Recién recolectado, en fresco, se cotiza a unos 30.000 dólares el kilogramo, lo que significa, ni más ni menos, que uno puede devenir rico de la noche a la mañana.

En Pekín han llegado a pagarse alrededor de 70.000 dólares, aunque no existan pruebas científicas de los atributos estimulantes del apetito sexual que se le atribuyen.

Considerando, no obstante, que el sexo es una actividad indiscutiblemente natural, uno, como los hunzas, debería esforzarse por estar siempre a bien con la naturaleza.

A cualquier edad.


IMÁGENES: Arriba, Puigdemon camuflado entre coles de Bruselas. Centro, joven mujer hunza. Abajo, yarsagumba.

[1] Richard Lynn y Tatu Vanhanen. Intelligence: A Unifying Construct for the Social Sciences.
[2] Theo Francken, Ministro de Inmigración y nacionalista flamenco, ofreció “asilo político” al expresidente de Cataluña, anulado inmediatamente por el Primer Ministro belga.

Fuentes: La Vanguardia, Guioteca y 20 Minutos.

sábado, 28 de octubre de 2017

Primeras nieves

Decía mi madre que la última vez que nevó en mi pueblo fue el año en que yo nací. De aquel episodio no recuerdo absolutamente nada. Acostumbrado a mirar por la ventana el monótono sirimiri, garúa o calabobos de mi húmedo norte español, mi contacto con la nieve se limitó, durante años, al ocasional desfile de imágenes en blanco y negro más bien en blanco que nos brindaba el hombre del tiempo al final del telediario.

Nieve 3En realidad, pasó más de una década hasta que vi nevar por primera vez, siendo ya estudiante de bachillerato. Todos los días nos desplazábamos al instituto en un tren lento y sin pretensiones que se tomaba su media hora larga para recorrer los 14 kilómetros que nos separaban de la capital. Aquel día aquellos dos días, el tren se quedó varado en la cabecera de la línea por culpa de la nieve acumulada pródigamente en la vía.

Chicos y chicas aprovechamos para lanzarnos como locos, por cualquier desnivel, ventajas de vivir en el monte con bolsas de plástico bajo el trasero. Las bolsas aún no costaban los 5 céntimos de euro que valen ahora, de modo que podíamos usarlas con prodigalidad. Volvíamos a casa entusiasmados y cansadísimos porque, al final de la rampa, había que subir de nuevo, a pata, a la cima de la cuesta para volver a empezar. Así todo el santo día.

Nieve 1

Intenté construir mi propio trineo, pero tan solo conseguí entrelazar malamente unos palos de avellano con dos cuerdas. Una obra que, sin proponérmelo, hubiera sido apta para ser expuesta, con éxito, en la feria ARCO de Madrid o en el MOMA de Nueva York. Tamañas cosas peores he visto en la una y en el otro.

Años después acompañé a mi esposa a esquiar en Candanchú, en el Pirineo Aragonés, con las niñas pijas de su colegio. El primer día pisé la nieve con ese temor con el que te mueves por la cocina cuando la acaban de fregar. Afortunadamente, Marichu me dio instrucciones prácticas y definitivas sobre cómo flexionar las piernas, como no clavarme los bastones mientras me deslizaba o cómo no estamparme contra el suelo al subir o bajar del telearrastre. Y me enseñó la bendita cuña, una posición estéticamente a lo Lina Morgan que me libró de salir disparado en varias ocasiones. Básicamente permanecí en posición de cuña casi todo el día.

Scan 40Dice Nabokov una suerte de Joseph Conrad ruso, en uno de sus cuentos [1], que "si uno se queda mirando la nieve durante un rato, se tiene la impresión de que todo comienza una lenta ascensión hacia las alturas". Así me sentía la noche anterior a mi bautismo nival, en el cálido Hotel Villa Anayet, de Canfranc. Un canal televisivo decidió acompañar mi relax nocturno con “Máximo Riesgo”, de Sylvester Stallone, y amanecí creyendo que podría escalar con los dientes y descalzo. Mis sospechas se desvanecieron tras ponerme las botas de esquí, convertido en un híbrido entre RoboCop y Mazinger Z y descubrir que tardaría más de quince minutos en subir un tramo de un par de metros con una inclinación casi inexistente.

La pendiente de la pista verde la de principiantes, aclaro se me antojó más empinada que la cuesta de enero. Sobreviví a mi primera y sospecho que nada elegante caída para, de pronto, dejar de caerme. Al final descubrí que esquiar es como ese instante de vacilación tras el segundo o tercer trago: lo mejor es no pensar y dejarte llevar.

Eso sí, las agujetas, como la resaca, son inapelables.


IMÁGENES: Arriba, el tren atravesando un paisaje nevado. Centro, deslizándonos por la nieve. Abajo, mi hijo Jorge, hace muchos años, feliz sobre la nieve.

[1] “Batir de alas”, capítulo 2.
Fuentes: Memorias del autor.

sábado, 14 de octubre de 2017

Vivir sano

El “edadismo”, palabro no incluido en el DRAE, es el término que aúna los mitos y estereotipos asociados con el envejecimiento. Casi ninguno es cierto. Todos pretenden hacernos llegar a centenarios por diversos caminos, proponiendo soluciones cuasimilagrosas basadas en la ingesta diaria de una dosis vital de magnesio, potasio o agua de borrajas, por ejemplo, o en la práctica del sexo tántrico. Entre otros igualmente saludables, de los que tal vez me ocupe en otra ocasión, estos son dicen los que saben de esto los mejores consejos para estar sanos.

Sano 1Todos los días tenemos que comer una manzana, por el hierro, y un plátano, por el potasio. También una naranja, para la vitamina C y una taza de té verde sin azúcar, para prevenir la diabetes.

Todos los días hay que beber dos litros de agua y luego mearlos, que lleva como el doble del tiempo que llevó tomarlos. Todos los días hay que echarse al coleto un yogur Actimel, que aporta al tracto digestivo como un par de millones y medio de lactobacterias cassei inmunitas, que nadie sabe muy bien lo que son pero que, si no las tienes, empiezas a ver a la gente medio borrosa.

Cada día, hay que tomar una aspirina para prevenir los infartos, más un vaso de vino tinto como antioxidante y otro de blanco para el sistema nervioso. ¡Ah! Y una cerveza de un tercio, que ya no me acuerdo para qué era. Tomándolo todo junto, habrá que reservar en la nevera un Red Bull para el día siguiente, salvo que te dé un derrame cerebral con tanta cosa.

Sano 3

Todos los días hay que comer fibra, mucha, muchísima fibra, hasta defecar una bufanda de lana. Hay que hacer entre cuatro y seis comidas diarias, livianas, hipocalóricas, sin olvidarse de masticar 20 veces cada bocado. Haciendo un pequeño cálculo, solo en comer se van como cinco horas. Después de cada comida hay que lavarse los dientes: después del yogur y la fibra, los dientes; después de la manzana, los dientes; después del plátano, los dientes… Y así mientras tengas dientes, sin olvidar pasarte el hilo dental y un enjuague bucal a fondo.

Es conveniente ampliar el baño y meter el equipo de música y la tele y llevarse el móvil, porque entre el agua, la fibra, las deposiciones y los dientes, se pasa uno varias horas al día ahí metido. Se deben dormir ocho horas diarias y trabajar otras ocho, más las cinco que empleamos en comer, 21. Quedan tres, siempre que no te pille algún atasco.

Sano 2Justo las que, según las estadísticas, empleamos en ver la televisión y algo de ordenador compu. Bueno, ya no se puede, porque todos los días hay que caminar por lo menos media hora. Por experiencia: a los 15 minutos hay que darse la vuelta porque, si no, la media hora se hace una.

Obligatorio tener sexo todos los días, pero sin caer en la rutina: hay que ser innovador, creativo y renovar la seducción, aunque esto lleva su tiempo, claro está. También hay que encontrar el momento para barrer, lavar la ropa, fregar los platos, y no te digo si tienes perro o hijos.

A mí la cuenta me da unas 30 horas diarias. La única posibilidad que se me ocurre es hacer varias cosas a la vez. Por ejemplo: ducharse con agua fría con la boca abierta, mientras se ingieren los dos litros de agua reglamentarios. Salir del baño con el cepillo de dientes en la boca e ir haciéndole el amor tántrico— a tu pareja por el pasillo, camino del desayuno.

Si te queda una mano libre, tómate el vino tinto y el blanco a la vez, y añade una cucharadita de colágeno hidrolizado con ácido hialurónico, que favorece la regeneración del cartílago de las articulaciones.

Les dejo, porque con el Actimel, el potasio, la cerveza, el segundo litro de agua y la tercera comida con fibra, se me ha activado el tracto digestivo y necesito evacuar con urgencia.

Perdonen ustedes.


IMÁGENES: Arriba, lactobacterias casei. Centro, fibra, mucha fibra. Abajo, colágeno para las articulaciones.

Fuentes: Cebanatural, Foro de Seguridad, Skomodo y Carlos Bento Company.

sábado, 30 de septiembre de 2017

La rana que quiso ser buey

Esta es una fábula de Esopo, fabulista griego que cuenta eso:
la historia de una rana que un aciago día pensó que podía ser un buey.
Se trata de una versión adaptada a los tiempos y circunstancias del momento.

Érase una vez una rana llamada Luña [1], cretina, hipocondríaca y algo estúpida, que vivía en la charca de una bonita floresta, al nordeste de un reino soleado y hermoso, cuyo nombre no viene a cuento. Como todas las de su especie, Luña era una rana de color verde rana, tenía la boca grande, como un buzón de correos, y un par de seductores ojos saltones. Vivía obsesionada con las manchas oscuras que salpicaban su piel, que a ella le parecían horribles verrugas.

rana 1Cada mañana salía a la orilla de la charca y se contemplaba en el espejo del agua. Se veía fea. Lo que más odiaba era su tamaño: el hecho de ser tan pequeña le hacía sentirse inferior a la mayoría de los animales. Sorteando unas cuantas piedras saltando, como saltan las ranas, echaba un vistazo a la pradera, donde pastaba plácidamente un viejo buey, y se quedaba un largo rato admirando la imponente figura de la res.

Harta de sentirse insignificante, una tarde de otoño reunió a su pandilla de amigas ranas y mandó que se sentaran todas a su alrededor.

—Escuchadme, chicas: ¡Se acabó esto de ser pequeña! Estoy cansada de ser una insignificante rana. ¡Voy a cambiar! Y vosotras vais a ser testigos de ello.

Pero, ¿cómo lo harás? ¿Acudirás a algún hechicero? Una no puede dejar de ser rana sin más ni más —le regañaron, atemorizadas.

—No, por cierto. Solo voy a utilizar todas mis fuerzas. Soplaré y soplaré, y me inflaré hasta convertirme en un hermoso buey.

Todas sus amigas, que la querían bien, asustadas, trataron de disuadirla por todos los medios de aquella locura. Bueno, todas no. Había dos ranas malas, intrigantes y envidiosas, llamadas Caqueras y Pisdelmón, que la animaban a que lo hiciera. El primero, un animalucho seboso, obsceno, feo y repugnante. El segundo, un rano que quería ser califa [2] y al que, al salir del agua, se le habían enredado en la cabeza unos hierbajos que flotaban en la superficie y, en lugar de rana, parecía una mopa de fregar el suelo. ¡Ah! Y la rana Rufiana, que quería ser impresora láser.

rana 4

El caso es que la rana Luña, ni corta ni perezosa, se concentró, cerró los ojos, y aspiró por la boca todo el aire que pudo, una y otra vez, jaleada por Pisdelmón, Caqueras y Rufiana, hasta que su pequeño y resbaladizo cuerpo se hinchó por lo menos el doble y adquirió forma redondeada que más parecía pelota que batracio. Sus amigas estaban horrorizadas.

Testaruda, se esforzaba en retener cada vez más y más aire hasta que sintió un fuerte dolor en el estómago, reventado por donde debería tener el ombligo. Era el dolor más insoportable que había sufrido nunca, y se desmayó. Sus amigas llamaron enseguida al médico la rana Jajoy—, quien le aplicó un remedio llamado Constitulina 155, en gotas, y se recuperó en pocos días, desapareciéndole de repente las ganas de querer ser buey.

Moraleja: Es inútil intentar cambiar para ser lo que jamás seremos. Mejor respetar las leyes… de la naturaleza.

Y colorín colorado: este cuento el de la rana Luña se ha acabado.


IMÁGENES: Esta vez, sin comentarios.

[1] Los lectores, que no conozcan cómo están las cosas en España, tal vez no entiendan el significado que he querido dar a los nombres de las ranas en ese relato. Lo aclaro:

  • La “rana Luña” identifica a “Cataluña”, una comunidad autónoma española que pretende independizarse de España mediante un referéndum ilegal, no permitido por la Constitución.
  • Con “Caqueras” se identifica al vicepresidente Junqueras del Gobierno autonómico de Cataluña y alma mater de la CUP, un partido catalán antisistema. Es gordo, feo, calvo y barrigudo, y que me perdonen los gordos, feos, calvos y barrigudos de mi lista de queridos amigos y conocidos, que no va con ellos.
  • El nombre correcto de “Pisdelmon” es Puigdemont, presidente del Gobierno autónomo catalán, aspirante a presidir una supuesta república catalana, como si fuera califa de un eventual califato. Lleva un peinado tan ridículo, que hace que su cabeza parezca justamente eso: una fregona de Rodex o mopa de fregar el suelo.
  • “Rufiana” se refiere a Rufián, un grotesco senador populista que apareció un día en el Senado con una impresora bajo el brazo, para teatralizar que los catalanes podrían imprimir desde su casa la papeleta del voto.
  • La “rana Jajoy” hace referencia a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España.
  • Obviamente, “Constitulina” es la Constitución Española, en supuesta forma de remedio antiinflamatorio y antibiótico.

[2] Como “Iznogud”, el personaje de comic creado por Goscinni y Tabary, cuya única obsesión era “ser califa en lugar del califa”.

Fuentes: Mundo Primaria.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Para qué sirve el latín

Para apretar una tuerca, resulta de muy poca utilidad. Para mirarse al espejo y tener una idea aproximada de quién es el gilipollas que nos devuelve una mirada somnolienta por la mañana, tampoco. No cabe duda de que apretar tuercas es necesario, pero conviene saber que la utilidad inmediata de algo es, en ocasiones, lo que menos importa. La utilidad no es lo que da sentido a las cosas que más nos atañen. La utilidad, decía Ortega, “genera cierta satisfacción, pero es un valor incapaz de despertar un sentimiento de respeto o complacencia”.

latin 1Con frecuencia, el conocimiento no tiene una aplicación práctica. ¿Para qué vale saber que “el rapto de Proserpina” es una escultura de Bernini perteneciente al Barroco? ¿De qué nos sirve conocer nuestra historia? No me vale como respuesta “para no repetir los errores del pasado”, porque ¿qué nos faltó por aprender de la Primera Guerra Mundial para que hubiera una Segunda pocos años más tarde?

El conocimiento también es curiosidad, es satisfacción personal por conocer, es imaginación, comprensión… Conocimiento sin más motivo que el conocimiento. Lo grave es pensar que todo ha de tener una utilidad práctica y, sobre todo, mercantil. No tiene un uso diario ni una utilidad práctica, para el común de los mortales, indagar sobre el origen del universo, ni estudiar los agujeros negros. Es discutible la rentabilidad de explorar lunas, como Europa o Titán, o investigar en los secretos de Atapuerca. ¿De qué vale buscar fósiles de dinosaurios, excavar para ver los muros de una civilización perdida o soñar con las estrellas?

latín 3Volvamos al latín. Hace más de medio siglo, José Solís Ruiz, ministro del gobierno franquista, estaba en las Cortes enzarzado en un discurso en torno a una reforma educativa en la que abogaba aumentar el número de horas dedicadas a la educación física —gimnasia— en detrimento del tiempo dedicado al latín.

En uno de los escaños se sentaba Adolfo Muñoz Alonso, a la sazón político y rector de la Universidad Complutense de Madrid. Su visión, obviamente, era contraria a la del Ministro y no estaba por la labor de restar presencia al latín en las aulas. En un momento determinado, Solís dijo: “Porque, en definitiva, ¿para qué sirve hoy el latín?”. A lo que, rápidamente, el señor Muñoz Alonso replicó desde su asiento: “Pues, por ejemplo, señor Ministro, para que a Su Señoría le llamen egabrense y no otra cosa más fea”.

No olvidemos que Solís era natural de Cabra [1], y que, gracias al latín, el gentilicio de los naturales de Cabra es “egabrenses” y no “cabrones”, como apuntaba el rector con agudeza, tino y mala leche.

latín 2Para responder a la pregunta, muchos estudiosos han escrito innumerables artículos que suelen quedarse en lo superficial, resumibles en que sirve para entender la etimología de muchas de las palabras del castellano, que sí, pero no solo. El latín convive con nosotros y es el alma de nuestra lengua, modelo sintáctico y de estilo para su desarrollo. Me parece imprescindible para crecer en nuestra cultura, disfrutar de nuestra literatura —impensable leer a Quevedo, Garcilaso o Góngora sin rudimentos de la retórica latina— conocer nuestra historia, el derecho romano, el alfabeto, la filosofía, la música, la arquitecturaNihil novum sub sole.

En resumen: para no pasar vergüenza.


IMÁGENES: Arriba, capitel de la Opvs Fundatvm Latinitas (1976 – 2012), una institución de la Iglesia católica dedicada al estudio y mantenimiento de los estándares de la lengua latina. Centro, portada de la Grammatica, de Antonio Nebrija, primera obra (1492) dedicada al estudio del español y sus reglas, en el mismo año en el que publicó el Diccionario latino español. Abajo, una frase muy popular, de Séneca.

NOTA: Para los estudiosos que deseen profundizar en este tema, recomiendo la lectura del libro La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine, especialmente el capítulo ¿Para qué sirven las lenguas del pasado? También, el manifiesto de Abraham Flexner que acompaña al libro citado: La utilidad de los conocimientos inútiles. Todo un descubrimiento.

[1] Conviene aclarar que a los naturales de Cabra, pueblo de la provincia de Córdoba, se les llama “egabrenses”, por ser esta villa la antigua Egabro romana, y a la que los musulmanes llamaron Qabra, adaptando el nombre Egabro a la lengua árabe.


sábado, 2 de septiembre de 2017

Ecopijos

En la nota de prensa sobre la apertura de un nuevo restaurante leí que en el establecimiento “solo se cocinan productos naturales”. Menos mal me dije—, no fueran a servirme un guiso con ingredientes sintéticos, tipo grafeno o Kevlar o PVC… Luego pensé que las agujas del pino y los murciélagos y las telas de araña y las boñigas de vaca también son productos naturales. Que no te puedes fiar, vaya. Que eso de “natural” encierra mil trampas.

José Miguel Mulet, doctor en bioquímica y biología molecular [1], autor de varios libros sobre el tema [2], sostiene que la alimentación natural no existe, que se trata solamente de una patraña para vender más y más caro. Frutas, verduras y carnes no tienen ni pueden tener el sabor y la textura de cuando la naturaleza los trajo al mundo. Afortunadamente, porque, de ser así, muchos serían incomestibles.

Ecopijos 1

Asegura Mulet que "los productos ecológicos [3] no son ni más sanos ni más sostenibles, solo una novedad supuestamente chic y pretendidamente saludable". Señala que algunos consumidores ecopijos [4] “pagan el doble por un producto que no tiene ningún beneficio adicional" y añade que los controles y la seguridad en los productos naturales es idéntica a la del resto de los alimentos.

Las hortalizas que consumimos, sean de nuestra propia huerta o las que nos venden directamente en los mercadillos de algunos pueblos del agricultor al consumidor—, son muy distintas a las variedades originales. En la naturaleza, una berenjena está llena de espinas, tiene poca carne, es fibrosa a más no poder y se pone marrón nada más cortarla. ¿Las zanahorias? Unas raíces duras, amargas, correosas e indigeribles. Sucede que siglos de agricultura han modificado su apariencia y mejorado su sabor, como el de casi todas las frutas, hortalizas y verduras que consumimos.

Lo mismo con la carne. Los animales que comemos tienen poco en común con sus ancestros que “creó” la naturaleza. Quizá, lo único que consumimos en su estado natural es el pescado que no proviene de acuicultura [5], las setas, los arándanos y otros frutos silvestres que recolectamos en el bosque. Pero, no nos engañemos, cuando salimos a buscar comida no vamos al bosque, vamos al súper.

Ecopijos 2Entonces, ¿por qué nos gusta tanto comer cosas supuestamente naturales? Uno de los motivos más poderosos podría ser la “quimiofobia”, esa manía que hemos ido desarrollando hacia todo lo que tiene una procedencia “química”, real o sospechada, en contraposición a una filia por la quimérica busca de “lo natural”. Los huevos que comemos, incluso los de las gallinas que viven en campo abierto, llevan ácido esteárico, una de las grasas saturadas responsables de nuestra mala salud cardiovascular. Los plátanos contienen tocoferol, vitamina E asociada a la juventud y la belleza… igualmente utilizado en cosmética y en la fabricación de velas.

Resumiendo, toda nuestra comida es fruto de nuestra tradición cultural y de nuestra evolución científica. Una berenjena es tan artificial como unas croquetas de marca blanca de cualquier supermercado. Lo creamos o no, en un tomate hay más tecnología que en un iPhone.

No tengo la más mínima intención de promover el consumo de alimentos procesados ni defender los donuts o las hamburguesas del McDonald’s. Pero el mensaje de “lo natural” es muy facilón, vendible y de muy buen rollo: la naturaleza es buena y está para cuidarte.

Cuando, realmente, la naturaleza pasa de ti.


IMÁGENES: Arriba, exhibición de productos supuestamente ecológicos en una frutería. Abajo, agricultura neolítica.

NOTA - No me molesta que haya gente que consuma ecológico. No voy por ahí metiéndome en la nevera de los demás. Quizás por eso me molesta cuando se meten en la mía organizaciones como la Sociedad Española de Agricultura Ecológica que firma manifiestos sin ninguna base científica y acuden a manifestaciones en las que piden la prohibición de los transgénicos y otras ocurrencias. Ya que estamos en un país más o menos democrático y que gozamos de ciertas libertades individuales, dejemos que cada uno coma lo que le apetezca. El problema es cuando la elección de unos pocos la tenemos que pagar entre todos, sobre todo cuando esta inversión pública no tiene un retorno o un beneficio general.

[1] Además, Mulet es profesor de Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, y dirige un máster y una línea de investigación en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas, que trata de desarrollar plantas tolerantes a la sequía y al frío.

[2] En su faceta de divulgador científico, Mulet ha publicado los libros Los productos naturales ¡vaya timo!, Comer sin miedo, Medicina sin engaños y La ciencia en la sombra. Además, es autor de la sección Ciencia sin ficción en El País Semanal​ y del blog Tomates con genes. ​

[3] Un alimento ecológico es aquel que se ajusta al reglamento europeo de producción ecológica, que una agencia certificadora (pública o privada) lo ha evaluado y le ha dado el sello. Nada más. En ninguna parte del reglamento se indican ni se regulan los beneficios para la salud o la calidad o la responsabilidad con el planeta.

[4] El prefijo “eco” proviene, claro está, de “ecológico”, y “pijo” es un adjetivo que la RAE define como, dicho de una persona, “que, en su vestuario, modales, lenguaje, etc., manifiesta afectadamente gustos propios de una clase social adinerada”

[5] No obstante, el pescado “salvaje” podría estar contaminado, según la especie, con mercurio, ciguatera, anisakis, etc. Los que se venden en las pescaderías, al menos en Europa, han pasado ciertos controles que reducen o eliminan esta posibilidad.

Fuentes: Wikipedia, El Comidista y Tomates con genes.

sábado, 19 de agosto de 2017

Analfabetos funcionales

El ayuntamiento de Sabadell —gobernado por un cuarteto de partidos independentistas: pestilente prédica del radicalismo separatista y xenófobo— encargó a un tipejo que se dice historiador, un informe en el que se aconseja al consistorio retirar del callejero de la ciudad el nombre de personajes como Antonio Machado, Francisco de Goya o Francisco de Quevedo, pues son “ejemplos paradigmáticos del modelo seudocultural franquista” que, según el historiador o lo que sea, debería corregirse.

También se plantea si deberían continuar en el nomenclátor Calderón de la Barca, Garcilaso de la Vega, Luis de Góngora, José de Espronceda, Ramón de Campoamor, Gustavo Adolfo Bécquer, Leandro Fernández de Moratín, Tirso de Molina o Mariano José Larra. Y de esta sinrazón independentista no se salvan ni las vírgenes. La Almudena, la Macarena o la Virgen de la Paloma también corren el riesgo de ser eliminadas del callejero del municipio barcelonés.

Sabadell 1

Como es costumbre en esta clase de podas, la propuesta llega envuelta en el halo de academicismo, cual si fuera una medida de naturaleza intelectual: basta con googlear “Josep Abad i Sentís”, el nombre de quien la ha redactado a buen seguro con faltas de ortografía—, para percatarse de la calaña antiespañola del personaje y del espíritu que anima la remodelación.

El periodista Carlos Herrera, en su programa matinal en la radio, se ha referido al tema reaccionando con ironía y sarcasmo: “Dicen que el calor reblandece las meninges. Es posible. Este verano nos estamos divirtiendo mucho”, ha comentado. “Hoy asistimos a una de las ocurrencias más delirantes y fascinantes. En Sabadell quieren quitar una plaza a Antonio Machado por ser "españolista" y "anticatalán". Tanto tonto concentrado en tan poco espacio llama la atención. En ese consistorio gobiernan ERC, CUP, Iniciativa, Podemos... ¡Fíjense ustedes qué pastores en la reunión! ¿No va a estar la oveja muerta?”, comentó entre risas.

Un catalán como Joan Manuel Serrat canta así a Antonio Machado: "Murió el poeta lejos del hogar, le cubre el polvo de un país vecino"... Machado murió en el exilio en 1939. Decir que fue “ejemplo paradigmático de la seudocultura franquista” es pura estulticia.

Sabadell 2Francisco de Quevedo y Villegas luchó durante toda su vida contra las maquinaciones y las maneras dictatoriales del conde Duque, lo que le valió el destierro:

"No callaré, por más que con el dedo,
ya señalando la boca, ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo".

Quevedo lloraba la pérdida de prestigio de España, que siempre consideró su patria. Muerto en 1645, trescientos años antes del nacimiento de Franco, acusarle de “modelo seudocultural franquista” supone analfabetismo, oscurantismo y barbarie en estado puro.

Sabadell 3El pintor aragonés Francisco de Goya fue un activo luchador contra el invasor francés, autor de críticas mordaces contra el inmovilismo, feroz fustigador de la incultura y el atraso de España. Muerto en Burdeos en 1828, afirmar cualquier tipo de conexión con el franquismo es ignorancia vergonzante.

En este punto, llegamos a la conclusión de que el nacional-catalanismo produce enajenación mental e idiocia profunda. Se necesita con urgencia una legislación de tipo psiquiátrico para identificar estas patologías y poner a los afectados a buen recaudo con la medicación adecuada.

“En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”, dijo Machado. Tal vez quiso referirse a Cataluña.

IMÁGENES: De arriba a abajo: Machado, Quevedo y Goya. ¡Demasiado para necios y analfabetos!