sábado, 25 de noviembre de 2017

Querido aitite

Esta es la carta escrita por mi sobrina Beatriz a su aitite
—su abuelo y mi hermano— que se nos fue hace un par de años.
Me parece una delicia por su cariñosa sencillez y la ternura que trasluce.

Es un día gris y llueve sin parar. Un domingo de esos que bien conoces, aitite [1]. Los días pasan desde que te fuiste, lluviosos o soleados, pero no son lo mismo. La vida sigue, pero me faltas tú. Hoy, después de dos tristes e interminables años, me siento con fuerzas para escribirte.

Los otoños vuelven, pero, desde que no estás con nosotros, nunca volvió ese entrañable aroma a castañas asadas, que con tanto amor te ocupabas de poner en la chapa para que estuvieran listas para cuando llegara yo de la uni.

aitite 1Porque sigo en la uni, aitite, aunque ya no en primero. Y cuando entro por la puerta de tu casa echo de menos que me digas: “Hombre, Mario Conde, ¿qué tal?”. Con la respectiva bronca de amama [2], porque su nieta estudia la misma carrera que ese impresentable, pero no se parecen en nada. Tú la mirabas con esos ojos de enamorado que conservaste hasta el último de tus días.

Aitite, deseo con toda mi alma que Dios exista porque, de ser así, a ciencia cierta que estarás ahora campando a tus anchas por el cielo, con aquellos que te quisieron y que también se fueron, tal vez cazando malvices con tu aita por esos montes de Dios. Quiero que sepas que aquí te echamos mucho de menos, que a duras penas nos acostumbramos a vivir sin ti.

Nunca volverán tus bromas, aitite. Ante el mandato de tus hijas para que bebieras agua, tú contestabas: “El agua es muy mala, ¿no ves que ahí nadan las ranas?”, provocando el descojono general y la imposibilidad de echarte una bronca. “Mientras haya vino y bicarbonato…”, decías.

aitite-2_thumb9[1]

Aitite, nos seguimos reuniendo a comer los domingos, pero, cuando hay mejillones, nadie me cuenta los que como, para luego fardar de que su nieta la pequeña se come 30 o 40 ella sola. “¿Y dónde los mete?”, decías, con esa sonrisa tuya tan contagiosa.

Y sí aitite, mi aita [3] sigue sin parar por casa, como siempre, entre Barcelona e Ibiza, “¡Ay, si yo siguiera en Geis...!”, pensabas en voz alta.

Tienes otra biznieta: June, hermana pequeña de Malen. Otra chica, sí, aitite, igual que las ultimas trece para tu dolor de cabeza: “Que no, que no llegará varón a esta familia”. Y tú, en el fondo, encantado con tu matriarcado ortuellano [4].

Malen ya tiene 3 años, habla y habla y no calla, y Jasone está a punto de acabar sus estudios. Porque tenías razón: tu única pena era morirte sin vernos acabar la carrera a ninguna de tus nietas, y así fue. Pero no te preocupes, aitite, te las brindaremos todas a ti.

En septiembre, después de que te fueras, volvimos a ganar las elecciones, porque sí, aitite, si, nosotros siempre ganamos porque, como tú bien decías “somos los mejores”.

Por último, aitite, nunca olvidaré que “con diez cañones por banda, viento en popa a toda a vela, no corta el mar, sino vuela, un velero bergantín”.

Porque no, aitite, no eran galgos, que eran podencos.

Hasta siempre, aitite.


IMÁGENES: Arriba, Beatriz y su aitite Santos. Abajo, el aitite, Beatriz y su aita, a la puerta de casa.

[1] En vasco o euskera, “abuelo”.
[2] Ídem, “abuela”.
[3] Ídem, “padre” o “papá”.
[4] Gentilicio de Ortuella, nuestro pueblo en Euskadi.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Belgas, hunzas y yarsagumba

Esta gente de arriba los Pirineos, mis vecinos franceses, sostienen seriamente que los más tontos de Europa, comunitaria o no, son los belgas. No he conocido los suficientes como para poder corroborar esta atrevida afirmación, aunque, como toda regla, tendrá sus excepciones.

Tampoco se puede uno fiar de los franceses, maledicentes compulsivos con el vecindario. En un estudio de 2013 [1], Bélgica alcanzaba un cociente intelectual o CI de 99, mientras que Francia registró un punto menos.

Hunza 2¿Qué sería, entonces, lo que influyo en el “molt miserable” expresidente catalán Puigdemon, huido de la justicia, para elegir Bélgica como el país de su “asilo político”? ¿Se basó en la tesis francesa sobre el reducido CI de los belgas o bastó con el ofrecimiento inoportuno de un ministro mentecato [2] de exiguas luces y menguada inteligencia? Nunca lo sabremos.

Corto aquí el aburrido sainete protagonizado por este españolito —le guste a él o no—, cobarde y tramposo. Le hubiera sugerido una alternativa mejor: ocultarse en el norte de la India, inexpugnable refugio en las estribaciones del Himalaya, suponiendo, mucho suponer, que hubiera sido  aceptado entre aquellas buenas gentes. Me estoy refiriendo al mítico país de los hunzas, probables descendientes del perdido ejército de Alejandro Magno, conquistador de las ignotas tierras de la lejana India hacia el 304 a.C. Un pueblo de ojos claros y tez blanca, alegres, amistosos e increíblemente saludables y longevos, del que se asegura que, prácticamente, no conocen enfermedades y tienen un promedio de vida de 100 años. Algunos alcanzan hasta los 130 en aquel “oasis de la juventud”, convertidos en paladines de la dieta vegetariana.

Hunza 1Efectivamente, la alimentación de los hunzas está constituida por toda clase de hortalizas, en especial lechugas, frutas secas molidas —la fruta más abundante es el albaricoque—, trigo entero, leche de cabra agria, queso sin salar y papas asadas sin pelar, nunca fritas. No prueban el azúcar ni el pan blanco, ni otros derivados de la harina. Muy envidiable dieta a la que añaden una buena dosis de ejercicio diario, subiendo y bajando a las terrazas de cultivo, hombres, mujeres y niños, por aquellas inhóspitas montañas.

Sin embargo, no hay que creerse a pies juntillas todo lo que se dice en internet. Los hunzas no tienen un calendario como el nuestro y parece que calculan su edad como una estimación de su sabiduría. Dudo que no padezcan las mismas enfermedades que los demás mortales, como sostienen algunos y, más aún, que sean capaces de procrear con noventa y pico de años a la espalda. Sin embargo, esta “anomalía” bien pudiera estar relacionado con el consumo de la yarsagumba, la viagra del Himalaya, un hongo que crece y se alimenta de las larvas de ciertas polillas, por encima de los dos mil o tres mil y pico metros.

Hunza 3Los hunzas y otros pueblos de las montañas han encontrado una enorme fuente de beneficios en este hongo, que causa furor en la vecina China por sus supuestas propiedades afrodisíacas. Recién recolectado, en fresco, se cotiza a unos 30.000 dólares el kilogramo, lo que significa, ni más ni menos, que uno puede devenir rico de la noche a la mañana.

En Pekín han llegado a pagarse alrededor de 70.000 dólares, aunque no existan pruebas científicas de los atributos estimulantes del apetito sexual que se le atribuyen.

Considerando, no obstante, que el sexo es una actividad indiscutiblemente natural, uno, como los hunzas, debería esforzarse por estar siempre a bien con la naturaleza.

A cualquier edad.


IMÁGENES: Arriba, Puigdemon camuflado entre coles de Bruselas. Centro, joven mujer hunza. Abajo, yarsagumba.

[1] Richard Lynn y Tatu Vanhanen. Intelligence: A Unifying Construct for the Social Sciences.
[2] Theo Francken, Ministro de Inmigración y nacionalista flamenco, ofreció “asilo político” al expresidente de Cataluña, anulado inmediatamente por el Primer Ministro belga.

Fuentes: La Vanguardia, Guioteca y 20 Minutos.

sábado, 28 de octubre de 2017

Primeras nieves

Decía mi madre que la última vez que nevó en mi pueblo fue el año en que yo nací. De aquel episodio no recuerdo absolutamente nada. Acostumbrado a mirar por la ventana el monótono sirimiri, garúa o calabobos de mi húmedo norte español, mi contacto con la nieve se limitó, durante años, al ocasional desfile de imágenes en blanco y negro —más bien en blanco— que nos brindaba el hombre del tiempo al final del telediario.

Nieve 3En realidad, pasó más de una década hasta que vi nevar por primera vez, siendo ya estudiante de bachillerato. Todos los días nos desplazábamos al instituto en un tren lento y sin pretensiones que se tomaba su media hora larga para recorrer los 14 kilómetros que nos separaban de la capital. Aquel día —aquellos dos días—, el tren se quedó varado en la cabecera de la línea por culpa de la nieve acumulada pródigamente en la vía.

Chicos y chicas aprovechamos para lanzarnos como locos, por cualquier desnivel, —ventajas de vivir en el monte— con bolsas de plástico bajo el trasero. Las bolsas aún no costaban los 5 céntimos de euro que valen ahora, de modo que podíamos usarlas con prodigalidad. Volvíamos a casa entusiasmados y cansadísimos porque, al final de la rampa, había que subir de nuevo, a pata, a la cima de la cuesta para volver a empezar. Así todo el santo día.

Nieve 1

Intenté construir mi propio trineo, pero tan solo conseguí entrelazar malamente unos palos de avellano con dos cuerdas. Una obra que, sin proponérmelo, hubiera sido apta para ser expuesta, con éxito, en la feria ARCO de Madrid o en el MOMA de Nueva York. Tamañas cosas peores he visto en la una y en el otro.

Años después acompañé a mi esposa a esquiar en Candanchú, en el Pirineo Aragonés, con las niñas pijas de su colegio. El primer día pisé la nieve con ese temor con el que te mueves por la cocina cuando la acaban de fregar. Afortunadamente, Marichu me dio instrucciones prácticas y definitivas sobre cómo flexionar las piernas, como no clavarme los bastones mientras me deslizaba o cómo no estamparme contra el suelo al subir o bajar del telearrastre. Y me enseñó la bendita cuña, una posición estéticamente a lo Lina Morgan que me libró de salir disparado en varias ocasiones. Básicamente permanecí en posición de cuña casi todo el día.

Scan 40Dice Nabokov —una suerte de Joseph Conrad ruso—, en uno de sus cuentos [1], que "si uno se queda mirando la nieve durante un rato, se tiene la impresión de que todo comienza una lenta ascensión hacia las alturas". Así me sentía la noche anterior a mi bautismo nival, en el cálido Hotel Villa Anayet, de Canfranc. Un canal televisivo decidió acompañar mi relax nocturno con “Máximo Riesgo”, de Sylvester Stallone, y amanecí creyendo que podría escalar con los dientes y descalzo. Mis sospechas se desvanecieron tras ponerme las botas de esquí, convertido en un híbrido entre RoboCop y Mazinger Z y descubrir que tardaría más de quince minutos en subir un tramo de un par de metros con una inclinación casi inexistente.

La pendiente de la pista verde —la de principiantes, aclaro— se me antojó más empinada que la cuesta de enero. Sobreviví a mi primera y sospecho que nada elegante caída para, de pronto, dejar de caerme. Al final descubrí que esquiar es como ese instante de vacilación tras el segundo o tercer trago: lo mejor es no pensar y dejarte llevar.

Eso sí, las agujetas, como la resaca, son inapelables.


IMÁGENES: Arriba, el tren atravesando un paisaje nevado. Centro, deslizándonos por la nieve. Abajo, mi hijo Jorge, hace muchos años, feliz sobre la nieve.

[1] “Batir de alas”, capítulo 2.
Fuentes: Memorias del autor.

sábado, 14 de octubre de 2017

Vivir sano

El “edadismo”, palabro no incluido en el DRAE, es el término que aúna los mitos y estereotipos asociados con el envejecimiento. Casi ninguno es cierto. Todos pretenden hacernos llegar a centenarios por diversos caminos, proponiendo soluciones cuasimilagrosas basadas en la ingesta diaria de una dosis vital de magnesio, potasio o agua de borrajas, por ejemplo, o en la práctica del sexo tántrico. Entre otros igualmente saludables, de los que tal vez me ocupe en otra ocasión, estos son —dicen los que saben de esto— los mejores consejos para estar sanos.

Sano 1Todos los días tenemos que comer una manzana, por el hierro, y un plátano, por el potasio. También una naranja, para la vitamina C y una taza de té verde sin azúcar, para prevenir la diabetes.

Todos los días hay que beber dos litros de agua y luego mearlos, que lleva como el doble del tiempo que llevó tomarlos. Todos los días hay que echarse al coleto un yogur Actimel, que aporta al tracto digestivo como un par de millones y medio de lactobacterias cassei inmunitas, que nadie sabe muy bien lo que son pero que, si no las tienes, empiezas a ver a la gente medio borrosa.

Cada día, hay que tomar una aspirina para prevenir los infartos, más un vaso de vino tinto como antioxidante y otro de blanco para el sistema nervioso. ¡Ah! Y una cerveza de un tercio, que ya no me acuerdo para qué era. Tomándolo todo junto, habrá que reservar en la nevera un Red Bull para el día siguiente, salvo que te dé un derrame cerebral con tanta cosa.

Sano 3

Todos los días hay que comer fibra, mucha, muchísima fibra, hasta defecar una bufanda de lana. Hay que hacer entre cuatro y seis comidas diarias, livianas, hipocalóricas, sin olvidarse de masticar 20 veces cada bocado. Haciendo un pequeño cálculo, solo en comer se van como cinco horas. Después de cada comida hay que lavarse los dientes: después del yogur y la fibra, los dientes; después de la manzana, los dientes; después del plátano, los dientes… Y así mientras tengas dientes, sin olvidar pasarte el hilo dental y un enjuague bucal a fondo.

Es conveniente ampliar el baño y meter el equipo de música y la tele y llevarse el móvil, porque entre el agua, la fibra, las deposiciones y los dientes, se pasa uno varias horas al día ahí metido. Se deben dormir ocho horas diarias y trabajar otras ocho, más las cinco que empleamos en comer, 21. Quedan tres, siempre que no te pille algún atasco.

Sano 2Justo las que, según las estadísticas, empleamos en ver la televisión y algo de ordenador —compu—. Bueno, ya no se puede, porque todos los días hay que caminar por lo menos media hora. Por experiencia: a los 15 minutos hay que darse la vuelta porque, si no, la media hora se hace una.

Obligatorio tener sexo todos los días, pero sin caer en la rutina: hay que ser innovador, creativo y renovar la seducción, aunque esto lleva su tiempo, claro está. También hay que encontrar el momento para barrer, lavar la ropa, fregar los platos, y no te digo si tienes perro o hijos.

A mí la cuenta me da unas 30 horas diarias. La única posibilidad que se me ocurre es hacer varias cosas a la vez. Por ejemplo: ducharse con agua fría con la boca abierta, mientras se ingieren los dos litros de agua reglamentarios. Salir del baño con el cepillo de dientes en la boca e ir haciéndole el amor —tántrico— a tu pareja por el pasillo, camino del desayuno.

Si te queda una mano libre, tómate el vino tinto y el blanco a la vez, y añade una cucharadita de colágeno hidrolizado con ácido hialurónico, que favorece la regeneración del cartílago de las articulaciones.

Les dejo, porque con el Actimel, el potasio, la cerveza, el segundo litro de agua y la tercera comida con fibra, se me ha activado el tracto digestivo y necesito evacuar con urgencia.

Perdonen ustedes.


IMÁGENES: Arriba, lactobacterias casei. Centro, fibra, mucha fibra. Abajo, colágeno para las articulaciones.

Fuentes: Cebanatural, Foro de Seguridad, Skomodo y Carlos Bento Company.

sábado, 30 de septiembre de 2017

La rana que quiso ser buey

Esta es una fábula de Esopo, fabulista griego que cuenta eso:
la historia de una rana que un aciago día pensó que podía ser un buey.
Se trata de una versión adaptada a los tiempos y circunstancias del momento.

Érase una vez una rana llamada Luña [1], cretina, hipocondríaca y algo estúpida, que vivía en la charca de una bonita floresta, al nordeste de un reino soleado y hermoso, cuyo nombre no viene a cuento. Como todas las de su especie, Luña era una rana de color verde rana, tenía la boca grande, como un buzón de correos, y un par de seductores ojos saltones. Vivía obsesionada con las manchas oscuras que salpicaban su piel, que a ella le parecían horribles verrugas.

rana 1Cada mañana salía a la orilla de la charca y se contemplaba en el espejo del agua. Se veía fea. Lo que más odiaba era su tamaño: el hecho de ser tan pequeña le hacía sentirse inferior a la mayoría de los animales. Sorteando unas cuantas piedras —saltando, como saltan las ranas—, echaba un vistazo a la pradera, donde pastaba plácidamente un viejo buey, y se quedaba un largo rato admirando la imponente figura de la res.

Harta de sentirse insignificante, una tarde de otoño reunió a su pandilla de amigas ranas y mandó que se sentaran todas a su alrededor.

—Escuchadme, chicas: ¡Se acabó esto de ser pequeña! Estoy cansada de ser una insignificante rana. ¡Voy a cambiar! Y vosotras vais a ser testigos de ello.

—Pero, ¿cómo lo harás? ¿Acudirás a algún hechicero? Una no puede dejar de ser rana sin más ni más —le regañaron, atemorizadas.

—No, por cierto. Solo voy a utilizar todas mis fuerzas. Soplaré y soplaré, y me inflaré hasta convertirme en un hermoso buey.

Todas sus amigas, que la querían bien, asustadas, trataron de disuadirla por todos los medios de aquella locura. Bueno, todas no. Había dos ranas malas, intrigantes y envidiosas, llamadas Caqueras y Pisdelmón, que la animaban a que lo hiciera. El primero, un animalucho seboso, obsceno, feo y repugnante. El segundo, un rano que quería ser califa [2] y al que, al salir del agua, se le habían enredado en la cabeza unos hierbajos que flotaban en la superficie y, en lugar de rana, parecía una mopa de fregar el suelo. ¡Ah! Y la rana Rufiana, que quería ser impresora láser.

rana 4

El caso es que la rana Luña, ni corta ni perezosa, se concentró, cerró los ojos, y aspiró por la boca todo el aire que pudo, una y otra vez, jaleada por Pisdelmón, Caqueras y Rufiana, hasta que su pequeño y resbaladizo cuerpo se hinchó por lo menos el doble y adquirió forma redondeada que más parecía pelota que batracio. Sus amigas estaban horrorizadas.

Testaruda, se esforzaba en retener cada vez más y más aire hasta que sintió un fuerte dolor en el estómago, reventado por donde debería tener el ombligo. Era el dolor más insoportable que había sufrido nunca, y se desmayó. Sus amigas llamaron enseguida al médico —la rana Jajoy—, quien le aplicó un remedio llamado Constitulina 155, en gotas, y se recuperó en pocos días, desapareciéndole de repente las ganas de querer ser buey.

Moraleja: Es inútil intentar cambiar para ser lo que jamás seremos. Mejor respetar las leyes… de la naturaleza.

Y colorín colorado: este cuento —el de la rana Luña— se ha acabado.


IMÁGENES: Esta vez, sin comentarios.

[1] Los lectores, que no conozcan cómo están las cosas en España, tal vez no entiendan el significado que he querido dar a los nombres de las ranas en ese relato. Lo aclaro:

  • La “rana Luña” identifica a “Cataluña”, una comunidad autónoma española que pretende independizarse de España mediante un referéndum ilegal, no permitido por la Constitución.
  • Con “Caqueras” se identifica al vicepresidente Junqueras del Gobierno autonómico de Cataluña y alma mater de la CUP, un partido catalán antisistema. Es gordo, feo, calvo y barrigudo, y que me perdonen los gordos, feos, calvos y barrigudos de mi lista de queridos amigos y conocidos, que no va con ellos.
  • El nombre correcto de “Pisdelmon” es Puigdemont, presidente del Gobierno autónomo catalán, aspirante a presidir una supuesta república catalana, como si fuera califa de un eventual califato. Lleva un peinado tan ridículo, que hace que su cabeza parezca justamente eso: una fregona de Rodex o mopa de fregar el suelo.
  • “Rufiana” se refiere a Rufián, un grotesco senador populista que apareció un día en el Senado con una impresora bajo el brazo, para teatralizar que los catalanes podrían imprimir desde su casa la papeleta del voto.
  • La “rana Jajoy” hace referencia a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España.
  • Obviamente, “Constitulina” es la Constitución Española, en supuesta forma de remedio antiinflamatorio y antibiótico.

[2] Como “Iznogud”, el personaje de comic creado por Goscinni y Tabary, cuya única obsesión era “ser califa en lugar del califa”.

Fuentes: Mundo Primaria.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Para qué sirve el latín

Para apretar una tuerca, resulta de muy poca utilidad. Para mirarse al espejo y tener una idea aproximada de quién es el gilipollas que nos devuelve una mirada somnolienta por la mañana, tampoco. No cabe duda de que apretar tuercas es necesario, pero conviene saber que la utilidad inmediata de algo es, en ocasiones, lo que menos importa. La utilidad no es lo que da sentido a las cosas que más nos atañen. La utilidad, decía Ortega, “genera cierta satisfacción, pero es un valor incapaz de despertar un sentimiento de respeto o complacencia”.

latin 1Con frecuencia, el conocimiento no tiene una aplicación práctica. ¿Para qué vale saber que “el rapto de Proserpina” es una escultura de Bernini perteneciente al Barroco? ¿De qué nos sirve conocer nuestra historia? No me vale como respuesta “para no repetir los errores del pasado”, porque ¿qué nos faltó por aprender de la Primera Guerra Mundial para que hubiera una Segunda pocos años más tarde?

El conocimiento también es curiosidad, es satisfacción personal por conocer, es imaginación, comprensión… Conocimiento sin más motivo que el conocimiento. Lo grave es pensar que todo ha de tener una utilidad práctica y, sobre todo, mercantil. No tiene un uso diario ni una utilidad práctica, para el común de los mortales, indagar sobre el origen del universo, ni estudiar los agujeros negros. Es discutible la rentabilidad de explorar lunas, como Europa o Titán, o investigar en los secretos de Atapuerca. ¿De qué vale buscar fósiles de dinosaurios, excavar para ver los muros de una civilización perdida o soñar con las estrellas?

latín 3Volvamos al latín. Hace más de medio siglo, José Solís Ruiz, ministro del gobierno franquista, estaba en las Cortes enzarzado en un discurso en torno a una reforma educativa en la que abogaba aumentar el número de horas dedicadas a la educación física —gimnasia— en detrimento del tiempo dedicado al latín.

En uno de los escaños se sentaba Adolfo Muñoz Alonso, a la sazón político y rector de la Universidad Complutense de Madrid. Su visión, obviamente, era contraria a la del Ministro y no estaba por la labor de restar presencia al latín en las aulas. En un momento determinado, Solís dijo: “Porque, en definitiva, ¿para qué sirve hoy el latín?”. A lo que, rápidamente, el señor Muñoz Alonso replicó desde su asiento: “Pues, por ejemplo, señor Ministro, para que a Su Señoría le llamen egabrense y no otra cosa más fea”.

No olvidemos que Solís era natural de Cabra [1], y que, gracias al latín, el gentilicio de los naturales de Cabra es “egabrenses” y no “cabrones”, como apuntaba el rector con agudeza, tino y mala leche.

latín 2Para responder a la pregunta, muchos estudiosos han escrito innumerables artículos que suelen quedarse en lo superficial, resumibles en que sirve para entender la etimología de muchas de las palabras del castellano, que sí, pero no solo. El latín convive con nosotros y es el alma de nuestra lengua, modelo sintáctico y de estilo para su desarrollo. Me parece imprescindible para crecer en nuestra cultura, disfrutar de nuestra literatura —impensable leer a Quevedo, Garcilaso o Góngora sin rudimentos de la retórica latina— conocer nuestra historia, el derecho romano, el alfabeto, la filosofía, la música, la arquitectura… Nihil novum sub sole.

En resumen: para no pasar vergüenza.


IMÁGENES: Arriba, capitel de la Opvs Fundatvm Latinitas (1976 – 2012), una institución de la Iglesia católica dedicada al estudio y mantenimiento de los estándares de la lengua latina. Centro, portada de la Grammatica, de Antonio Nebrija, primera obra (1492) dedicada al estudio del español y sus reglas, en el mismo año en el que publicó el Diccionario latino español. Abajo, una frase muy popular, de Séneca.

NOTA: Para los estudiosos que deseen profundizar en este tema, recomiendo la lectura del libro La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine, especialmente el capítulo ¿Para qué sirven las lenguas del pasado? También, el manifiesto de Abraham Flexner que acompaña al libro citado: La utilidad de los conocimientos inútiles. Todo un descubrimiento.

[1] Conviene aclarar que a los naturales de Cabra, pueblo de la provincia de Córdoba, se les llama “egabrenses”, por ser esta villa la antigua Egabro romana, y a la que los musulmanes llamaron Qabra, adaptando el nombre Egabro a la lengua árabe.


sábado, 2 de septiembre de 2017

Ecopijos

En la nota de prensa sobre la apertura de un nuevo restaurante leí que en el establecimiento “solo se cocinan productos naturales”. Menos mal —me dije—, no fueran a servirme un guiso con ingredientes sintéticos, tipo grafeno o Kevlar o PVC… Luego pensé que las agujas del pino y los murciélagos y las telas de araña y las boñigas de vaca también son productos naturales. Que no te puedes fiar, vaya. Que eso de “natural” encierra mil trampas.

José Miguel Mulet, doctor en bioquímica y biología molecular [1], autor de varios libros sobre el tema [2], sostiene que la alimentación natural no existe, que se trata solamente de una patraña para vender más y más caro. Frutas, verduras y carnes no tienen ni pueden tener el sabor y la textura de cuando la naturaleza los trajo al mundo. Afortunadamente, porque, de ser así, muchos serían incomestibles.

Ecopijos 1

Asegura Mulet que "los productos ecológicos [3] no son ni más sanos ni más sostenibles, solo una novedad supuestamente chic y pretendidamente saludable". Señala que algunos consumidores ecopijos [4] “pagan el doble por un producto que no tiene ningún beneficio adicional" y añade que los controles y la seguridad en los productos naturales es idéntica a la del resto de los alimentos.

Las hortalizas que consumimos, sean de nuestra propia huerta o las que nos venden directamente en los mercadillos de algunos pueblos —del agricultor al consumidor—, son muy distintas a las variedades originales. En la naturaleza, una berenjena está llena de espinas, tiene poca carne, es fibrosa a más no poder y se pone marrón nada más cortarla. ¿Las zanahorias? Unas raíces duras, amargas, correosas e indigeribles. Sucede que siglos de agricultura han modificado su apariencia y mejorado su sabor, como el de casi todas las frutas, hortalizas y verduras que consumimos.

Lo mismo con la carne. Los animales que comemos tienen poco en común con sus ancestros que “creó” la naturaleza. Quizá, lo único que consumimos en su estado natural es el pescado que no proviene de acuicultura [5], las setas, los arándanos y otros frutos silvestres que recolectamos en el bosque. Pero, no nos engañemos, cuando salimos a buscar comida no vamos al bosque, vamos al súper.

Ecopijos 2Entonces, ¿por qué nos gusta tanto comer cosas supuestamente naturales? Uno de los motivos más poderosos podría ser la “quimiofobia”, esa manía que hemos ido desarrollando hacia todo lo que tiene una procedencia “química”, real o sospechada, en contraposición a una filia por la quimérica busca de “lo natural”. Los huevos que comemos, incluso los de las gallinas que viven en campo abierto, llevan ácido esteárico, una de las grasas saturadas responsables de nuestra mala salud cardiovascular. Los plátanos contienen tocoferol, vitamina E asociada a la juventud y la belleza… igualmente utilizado en cosmética y en la fabricación de velas.

Resumiendo, toda nuestra comida es fruto de nuestra tradición cultural y de nuestra evolución científica. Una berenjena es tan artificial como unas croquetas de marca blanca de cualquier supermercado. Lo creamos o no, en un tomate hay más tecnología que en un iPhone.

No tengo la más mínima intención de promover el consumo de alimentos procesados ni defender los donuts o las hamburguesas del McDonald’s. Pero el mensaje de “lo natural” es muy facilón, vendible y de muy buen rollo: la naturaleza es buena y está para cuidarte.

Cuando, realmente, la naturaleza pasa de ti.


IMÁGENES: Arriba, exhibición de productos supuestamente ecológicos en una frutería. Abajo, agricultura neolítica.

NOTA - No me molesta que haya gente que consuma ecológico. No voy por ahí metiéndome en la nevera de los demás. Quizás por eso me molesta cuando se meten en la mía organizaciones como la Sociedad Española de Agricultura Ecológica que firma manifiestos sin ninguna base científica y acuden a manifestaciones en las que piden la prohibición de los transgénicos y otras ocurrencias. Ya que estamos en un país más o menos democrático y que gozamos de ciertas libertades individuales, dejemos que cada uno coma lo que le apetezca. El problema es cuando la elección de unos pocos la tenemos que pagar entre todos, sobre todo cuando esta inversión pública no tiene un retorno o un beneficio general.

[1] Además, Mulet es profesor de Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, y dirige un máster y una línea de investigación en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas, que trata de desarrollar plantas tolerantes a la sequía y al frío.

[2] En su faceta de divulgador científico, Mulet ha publicado los libros Los productos naturales ¡vaya timo!, Comer sin miedo, Medicina sin engaños y La ciencia en la sombra. Además, es autor de la sección Ciencia sin ficción en El País Semanal​ y del blog Tomates con genes. ​

[3] Un alimento ecológico es aquel que se ajusta al reglamento europeo de producción ecológica, que una agencia certificadora (pública o privada) lo ha evaluado y le ha dado el sello. Nada más. En ninguna parte del reglamento se indican ni se regulan los beneficios para la salud o la calidad o la responsabilidad con el planeta.

[4] El prefijo “eco” proviene, claro está, de “ecológico”, y “pijo” es un adjetivo que la RAE define como, dicho de una persona, “que, en su vestuario, modales, lenguaje, etc., manifiesta afectadamente gustos propios de una clase social adinerada”

[5] No obstante, el pescado “salvaje” podría estar contaminado, según la especie, con mercurio, ciguatera, anisakis, etc. Los que se venden en las pescaderías, al menos en Europa, han pasado ciertos controles que reducen o eliminan esta posibilidad.

Fuentes: Wikipedia, El Comidista y Tomates con genes.

sábado, 19 de agosto de 2017

Analfabetos funcionales

El ayuntamiento de Sabadell —gobernado por un cuarteto de partidos independentistas: pestilente prédica del radicalismo separatista y xenófobo— encargó a un tipejo que se dice historiador, un informe en el que se aconseja al consistorio retirar del callejero de la ciudad el nombre de personajes como Antonio Machado, Francisco de Goya o Francisco de Quevedo, pues son “ejemplos paradigmáticos del modelo seudocultural franquista” que, según el historiador o lo que sea, debería corregirse.

También se plantea si deberían continuar en el nomenclátor Calderón de la Barca, Garcilaso de la Vega, Luis de Góngora, José de Espronceda, Ramón de Campoamor, Gustavo Adolfo Bécquer, Leandro Fernández de Moratín, Tirso de Molina o Mariano José Larra. Y de esta sinrazón independentista no se salvan ni las vírgenes. La Almudena, la Macarena o la Virgen de la Paloma también corren el riesgo de ser eliminadas del callejero del municipio barcelonés.

Sabadell 1

Como es costumbre en esta clase de podas, la propuesta llega envuelta en el halo de academicismo, cual si fuera una medida de naturaleza intelectual: basta con googlear “Josep Abad i Sentís”, el nombre de quien la ha redactado —a buen seguro con faltas de ortografía—, para percatarse de la calaña antiespañola del personaje y del espíritu que anima la remodelación.

El periodista Carlos Herrera, en su programa matinal en la radio, se ha referido al tema reaccionando con ironía y sarcasmo: “Dicen que el calor reblandece las meninges. Es posible. Este verano nos estamos divirtiendo mucho”, ha comentado. “Hoy asistimos a una de las ocurrencias más delirantes y fascinantes. En Sabadell quieren quitar una plaza a Antonio Machado por ser "españolista" y "anticatalán". Tanto tonto concentrado en tan poco espacio llama la atención. En ese consistorio gobiernan ERC, CUP, Iniciativa, Podemos... ¡Fíjense ustedes qué pastores en la reunión! ¿No va a estar la oveja muerta?”, comentó entre risas.

Un catalán como Joan Manuel Serrat canta así a Antonio Machado: "Murió el poeta lejos del hogar, le cubre el polvo de un país vecino"... Machado murió en el exilio en 1939. Decir que fue “ejemplo paradigmático de la seudocultura franquista” es pura estulticia.

Sabadell 2Francisco de Quevedo y Villegas luchó durante toda su vida contra las maquinaciones y las maneras dictatoriales del conde Duque, lo que le valió el destierro:

"No callaré, por más que con el dedo,
ya señalando la boca, ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo".

Quevedo lloraba la pérdida de prestigio de España, que siempre consideró su patria. Muerto en 1645, trescientos años antes del nacimiento de Franco, acusarle de “modelo seudocultural franquista” supone analfabetismo, oscurantismo y barbarie en estado puro.

Sabadell 3El pintor aragonés Francisco de Goya fue un activo luchador contra el invasor francés, autor de críticas mordaces contra el inmovilismo, feroz fustigador de la incultura y el atraso de España. Muerto en Burdeos en 1828, afirmar cualquier tipo de conexión con el franquismo es ignorancia vergonzante.

En este punto, llegamos a la conclusión de que el nacional-catalanismo produce enajenación mental e idiocia profunda. Se necesita con urgencia una legislación de tipo psiquiátrico para identificar estas patologías y poner a los afectados a buen recaudo con la medicación adecuada.

“En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”, dijo Machado. Tal vez quiso referirse a Cataluña.

IMÁGENES: De arriba a abajo: Machado, Quevedo y Goya. ¡Demasiado para necios y analfabetos!

sábado, 5 de agosto de 2017

Reiniciando

Astrónomos australianos declaran
que la búsqueda de un planeta habitable
debe ser una prioridad en nuestra agenda global.

Supongamos -un suponer- que nuestro querido planeta azul, la Tierra, fuera devastado por una catástrofe natural, un misil de Corea del Norte o un asteroide con la órbita cruzada. Supongamos -otro suponer- que después de tantos años de vandalismo ecológico, por fin hemos conseguido hacer de nuestro planeta un lugar absolutamente inhabitable. Supongamos -un entorno presumible- que los cuatro gatos y pico que han sobrevivido se vean obligados a abandonar el planeta en busca de un lugar en el espacio donde establecerse y perdurar.

reinicindo 4En el caso de colonizar un exoplaneta, ¿cuánta gente haría falta para “reiniciar” la raza humana? Si nuestra civilización tuviera que empezar de cero, ¿sería posible hacerlo con dos únicas personas, como cuando Adán y Eva? Depende. Admitiendo que muchas desarmonías entre sexos opuestos se arreglan en la cama con cierta soltura y algunas habilidades, aun así, pudieran aparecer problemas insospechados: falta de atracción mutua, inapetencia sexual, enfermedad sobrevenida, discrepancias políticas, divergencias con la divinidad… Podrían nacer solo niños o solo niñas, en cuyo caso convendría ir olvidándose de lo del nuevo mundo.

En este supuesto “reinicio” de nuestra civilización, aparece un concepto biológico tradicional: para una especie amenazada, deberíamos preservar el mayor número posible de individuos en un hábitat adecuadamente protegido. Esto no siempre es viable, máxime cuando hay que resolver múltiples conflictos. Shaffer, un joven biocientífico norteamericano (1981), definió el número de individuos necesario para asegurar la supervivencia de una especie como “la mínima población viable, aislada, que tiene un 99% de posibilidades de persistir durante 1.000 años, a pesar de los previsibles efectos de estocasticidad -aleatoriedad- demográfica, ambiental y genética, así como catástrofes naturales”. Por debajo de esa cifra, la especie estaría abocada a la extinción.

REFUGIADOS

¿Cuál es el número mágico para esos posibles pioneros del espacio? Los investigadores han concluido que se necesitarían 160 personas para crear una población multigeneracional en el nuevo entorno. Añaden que, con cierta “ingeniería social”, la cifra podría reducirse a la mitad. Significaría esto seleccionar parejas heterosexuales fértiles y activas, prescindiendo completamente de aquellas sin capacidad reproductora.

Una preocupación potencial es que una población tan pequeña estaría expuesta a sufrir una reducción en la diversidad genética debida a la endogamia. No sería un factor significativo, siempre y cuando estos viajeros espaciales regresaran a casa -si aún quedaba alguien por allá- periódicamente o “interactuaran” con otros seres humanos, de un grupo distinto, al final de un período inicial -un suponer- de unos 200 años.

Sea como fuere, con una flota de especímenes humanos del tamaño de la población de un pueblecito muy pequeño, podríamos “reiniciar” nuestra cultura en otro planeta habitable.

Suponiendo que tanto ir y venir por el cosmos no nos hubiera dejado sexualmente inapetentes.

Un suponer.


IMÁGENES: Arriba, el impacto de un asteroide (composición de la NASA). Abajo, refugiados en busca de su “nuevo mundo”.

Fuentes: Vix, ScienceDirect y Ambientum.

sábado, 22 de julio de 2017

Maestros Ciruela

Los políticos matan la cultura porque la desprecian, sí, pero también porque le tienen miedo. La desprecian porque nuestra clase política es cada vez más ignorante, más inculta. Le tienen miedo porque prefieren tener delante un público incapacitado para pensar y, por tanto, manipulable. Toda una dimensión de engaños y mentiras que algunas personas asumen, anulando su capacidad de discernir, el “libre pensamiento”; la más elevada de las manifestaciones del ser humano.

Ciruela 1En esta línea, por poner algunos ejemplos de desprecio a la cultura –gemas de la incultura general–, en el Reino Unido, el ministro de Economía, George Osborne, fue incapaz de responder una simple pregunta de un grupo de escolares: "¿Cuánto es siete por ocho?". El ministro, con la diplomacia de su dignidad, respondió: "Tengo como regla en la vida no contestar a este tipo de cuestiones". Al entonces ministro laborista, Stephen Byers, le hicieron la misma pregunta en 1998. Su respuesta se halla entre las meteduras de pata políticas más sonadas del siglo: "54", afirmó con autoridad. Así va la economía.

En Cantabria, Ciudadanos ha perdido dos tercios de su militancia desde que, a dedo, un tal Álvarez Palleiro –de mote “El Locha”– fue elegido portavoz del partido. Después de desempeñar variopintos oficios: profesor de informática, vendedor de autos, humorista… no parece que la política fuera una de sus preferencias. En 2011, a propósito del debate entre Rajoy y Rubalcaba manifestó: “Me gustaría que los candidatos se sacasen el pene y se lo midiesen, para tener algo objetivo en qué apoyarme a la hora de votar”. Lamentable oratoria de un personaje que ha debido encontrar su futuro en el pesebre ignaro y analfabeto de la política.

Ciruela 2En el Congreso, celebrando nuestra transición a la democracia, un político populista y zocato no encontró mejor manera de criticar a nuestro rey, Felipe VI, afeándole que citara aquellos versos de Machado, al pelo como metáfora para ensalzar nuestra reconciliación definitiva: “Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios: una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.

Según Pablo Iglesias, “las dos Españas de Machado eran la democracia y una dictadura sanguinaria, siendo esta última la que helaba el corazón de los españoles”. Enseguida recordaron al secretario general de Podemos que los versos son de 1912 –poema LIII en Proverbios y Cantares–, cuando en España no había ninguna dictadura, ni sanguinaria ni sin sanguinar.

newton-manzanaMetidos en faena, he aquí otra perla del líder morado [1], a quien, negado para la cultura, bien podríamos aplicar aquello de que uno pasa por la universidad, pero la universidad, a veces, no pasa por uno: “A los liberales les gusta mucho Newton, al que le cayó una manzana y de ahí dedujo la teoría de la relatividad”. Relativamente, porque Newton murió en 1727 y solo a principios del siglo XX Einstein enunció su famosa teoría. Sin necesidad de manzana, por cierto.

En filosofía, este político no pasa del quiosco de los helados cuando, desde la tribuna del Congreso, se refirió a la “Ética de la razón pura”, de Kant. El alemán escribió “Crítica de la razón pura”, –como saben los alumnos de 4º de la ESO [2]–, que no es igual ni parecido.

Se coronó gran experto en heráldica, confundiendo la Cruz de San Andrés con la Cruz de Borgoña, cuando intentó tachar de monárquico al PNV [3]. En aritmética tampoco se aclara, equivocando el 38 aniversario de la Constitución Española con el 28, según sus cuentas.

Maestro Ciruela [4] que, sin saber leer, puso escuela.


IMÁGENES: Arriba, la tabla de multiplicar del 7. Centro, una inolvidable frase de Machado. Abajo, Newton, la manzana y la relatividad.

[1] El color que identifica a su formación política.
[2] Enseñanza Secundaria Obligatoria, en el sistema educativo español.
[3] Partido Nacionalista Vasco, fundado en 1895.
[4] La anécdota no se refiere a la fruta sino al pueblo de Siruela (con “ese”) en Badajoz, donde la leyenda dice que las autoridades contrataron para maestro de la escuela a un tipo que no sabía leer ni escribir.

Fuentes: ABC (edición papel), eldiario.es y El Librepensador