Dejemos claro que todo el mundo no puede nacer en Bilbao. Ni siquiera yo que, aun siendo vasco, me vi confinado a nacer a más de diez kilómetros del “bocho” [1]. Claro que, pensándolo bien, si todo el mundo naciera en Bilbao supondría llenar el planeta de bilbaínos y, en consecuencia, hacer inhabitable la faz de la tierra. Igual si la llenáramos de argentinos, más o menos o más bien más.
Como en el cuento de Gila, cuando llegué al mundo mi mamá no estaba en casa y tuvo que hacerse cargo una vecina que trabajaba como bobinadora de motores eléctricos. Acostumbrada a enrollar y enrollar, no tuvo ningún problema para envolverme bien envuelto en algunos pañales que guardaba de su hija. ¡Qué vergüenza! Además de no haber podido venir al mundo en el mismo Bilbao, ¡verme empañalado en trapitos femeninos, en rosa y con puntillas! Me costó media vida superar el trauma.
No es extraño que un tipo como yo se sintiera agraviado por tamaña impostura nada más alcanzar la Tierra porque –revelación antropológica importante– no sé si ustedes están al corriente de que los vascos venimos del planeta Ehuneko Eta Ama, próximo a la constelación Alfa Centauri.
Todo comenzó con el hallazgo, en una de las paredes del templo de las Tres Ventanas, situado en la ciudad inca de Machu Picchu, de una inscripción en la que se lee Aupa Patxi, junto al dibujo de un ovni esculpido en piedra. “No se ve con facilidad –señala el turista vasco que lo descubrió– así que es normal que pasara desapercibido”. Inmediatamente comenzaron las discusiones de los expertos, tanto de los arqueólogos incas como de los especialistas euskéricos, hasta que el profesor Ibarretxe, catedrático de Cultura Vasca en la Universidad de Bilbao, lanzó una teoría que parece haber convencido a todas las partes: la famosa inscripción vendría a demostrar que la ciudad sagrada de los incas fue construida por extraterrestres vascos provenientes del planeta citado.
Esta teoría resuelve simultáneamente dos misterios: por un lado, explica el hasta ahora desconocido origen de nosotros los euskaldunes y, por otro, ayuda a comprender cómo fue edificado todo aquello, tan grande y tan arriba. Es bien sabido que la principal incógnita se centra en descubrir el modo en que los incas lograron subir piedras tan enormes hasta la cima de una montaña cuando, al parecer, ni siquiera conocían la rueda
La respuesta la da el citado profesor Ibarretxe: “Algo así, solo lo pueden hacer los vascos”. En realidad, el deporte rural de levantamiento de piedra o harrijasotzea –nombre con claras resonancias extraterrestres– vendría a ser una reminiscencia de aquella etapa histórica en la que los vascos de otras galaxias levantaban ciudades en los Andes. “Cuando vemos a Iñaki Perurena levantar una piedra de más de 250 kg con una sola mano [2], estamos admirando a un príncipe inca”, comenta el profesor con una sonrisa de satisfacción.
La polémica saltó cuando, desde ciertos medios, quisieron aprovechar las implicaciones políticas de esta teoría: “Con esto queda descalificada la idea de que Euskadi pertenece al Estado Español”, afirma el presidente del principal partido nacionalista, y sentencia: “Es que ni siquiera pertenecemos al planeta Tierra”. A este respecto, el portavoz de la izquierda abertzale en el Congreso va aún más lejos: “No queremos ni estar en la ONU. Nuestro lugar está en la Confederación de Planetas Unidos”.
Desde el Gobierno, se ha querido restar importancia a todo este asunto y aclarar que se está dando una visión interesada y parcial de los hechos. Según ha revelado la vicepresidenta, junto a la famosa inscripción de Aupa Patxi se puede ver otra en la que se lee Olé tus huevos, un dato que los nacionalistas han preferido obviar.
“Puede que los vascos vengan de otro planeta pero, si lo hicieron, está claro que vinieron en una nave española”, concluye la vice.
Que los cuentos, cuentos son.
IMÁGENES: Arriba, FG en Machu Picchu en abril de 2015. Abajo, Perurena levantando una piedra de 238 kg con una sola mano.
[1] La villa de Bilbao es conocida afectuosamente por sus habitantes como «el bocho», esto es, «el agujero», ya que está rodeada por montañas.
[2] El récord de levantamiento de piedra con una mano de este deportista está fijado en 267 kg, y en 320 kg utilizando ambas.