sábado, 18 de julio de 2015

Celebrando “pi”

Nadie alardea de ser un ignorante en literatura, pongamos por caso, pero parece socialmente aceptable jactarse de ignorar la ciencia y afirmar, orgulloso, que se es un incompetente en matemáticas. ¡Lástima! La matemática es la ciencia del orden y la medida, el origen de bellas cadenas de razonamiento, la gimnasia del espíritu y la soberana de la erudición.

pi 2Es el reino familiar de los números y, como en todo reino, como en cualquier familia, la matemática agrupa entes de variado pelaje: locos, insensatos y sin sentido, representados por los números irracionales [1]; íntegros, honestos y virtuosos como los enteros; cortos de miras como los finitos, e incluso familiares consanguíneos, como los números primos. Los quebrados podrían personalizar ese segmento social difícil de tratar, abruptos y desiguales, y los números complejos encarnar a los síquicamente enredados en la maraña de sus pensamientos.

También hay números con nombre propio, como los indeseables números rojos, el trascendental, logarítmico y circunspecto número e, el popular pi [2] e incluso uno con el extraño nombre de raíz de dos. Los apodados sii y syss son usados por los matemáticos como jerga ocasional, y no suelen aparecer en textos formales.

pi 6

San Agustín consideraba a los números como pensamientos de Dios, y toda arquitectura de intención religiosa o sagrada les confería un valor simbólico y un cierto carácter de perfección. Los romanos otorgaban esta misteriosa cualidad a los primeros doce números naturales. El arte gótico los combinó en distintas variantes hasta constituir una ciencia más o menos hermética. La mala fama del número siguiente, el 13, se atribuye a que es la primera cifra no divina, la que corta la continuidad de la serie perfecta a causa de los efluvios malignos que posee.

Pero de lo que quería escribir hoy es del “Día de la Aproximación a Pi”, nada que ver con aquel Pi de la novela de Yann Martel. Me refiero al día del número pi –irracional donde los haya– o π –la letra griega que lo simboliza–, que los matemáticos de todo el mundo celebran cada año el 22 de julio. Si se preguntan el porqué de la fecha, observen su notación, 22/7, como una fracción y calculen el resultado. Obtendrán 3,14, es decir, el valor de π con una aproximación de dos decimales.

La importancia de este número, que relaciona la longitud de la circunferencia con su diámetro, se conoce desde hace al menos 4.000 años. En el 2000 aC, egipcios y babilonios la utilizaban ya en sus cálculos y en el diseño de sus construcciones, prevalecidas hasta nuestros días.

En esta familia de los números y “relaciones” entre sus miembros no podían faltar algunas más como, por ejemplo, la raíz de dos, referida a la relación entre el lado del cuadrado y su diagonal o la llamada relación frígida establecida entre el número de bolas de un helado y su precio, única con sabor a vainilla, fresa o tutti-frutti.

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De notable interés me parece igualmente el grupo de los números mágicos. Pitágoras [3], famoso por su teorema, veía en el siete la perfección. Sin embargo, Lao Tse, padre del taoísmo, consideraba que el uno crea al dos y este al tres, generador de todas las cosas, representando el punto central del equilibrio. Si de treses se trata, también en otras creencias viene a ser un número mágico, sagrado y dogmático. Para los creyentes cristianos, la Santísima Trinidad: tres personas distintas en un solo Dios verdadero, de extrema dificultad para los misioneros esforzados en hacer llegar ese misterio matemático a los indígenas que pretendían evangelizar.

Es indudable que los números que presentan mayor interés mágico son aquellos que salen agraciados en los sorteos de la lotería, bingo, bonoloto o euromillones. Para mí, durante este año, como en los anteriores, no ha habido, por ahora, magia ni sortilegio alguno.


IMÁGENES: Arriba, letra pi del alfabeto griego, símbolo adoptado en 1706 por William Jones y popularizado por Leonhard Euler. Centro, fachada principal de la catedral de Burgos, patrimonio de la humanidad, cuyas obras comenzaron en 1221 siguiendo patrones góticos franceses. Abajo, billete de la lotería española.

[1] Hipaso de Metaponto, un alumno de Pitágoras, descubrió los números irracionales intentando escribir la raíz de dos en forma de fracción. No lo consiguió. Se llaman irracionales por eso, porque no pueden representarse como una fracción, ¡no porque estén locos!

[2] Pi o π es un número irracional famoso. Hace unos 75 años, el científico indio Ramanujan desarrolló métodos para calcular su valor con extraordinaria eficiencia. Sus algoritmos, ahora computerizados, son capaces de obtener millones de dígitos para π.

[3] Pitágoras (569 - 475 aC) no pudo aceptar que existieran números irracionales porque creía que todos los números tienen valores perfectos. Como no pudo demostrar que los números irracionales de Hipaso no existían, tiraron a Hipaso al mar, donde se ahogó.

sábado, 4 de julio de 2015

Machu Picchu

Con demasiada frecuencia corremos a adquirir cosas y a visitar lugares que, en realidad, ni necesitamos ni nos entusiasman, tan solo porque el matrix de la publicidad y las agencias de viajes han conseguido representarlos en nuestra mente como imprescindibles, sugestivos, precisos e ineludibles. Llegar al Machu Picchu desde Europa supone una inversión de dinero –plata- y de tiempo –oro- muy superior a lo que uno recibe en reciprocidad a los metales trocados, que no compensa de ningún modo el esfuerzo económico realizado.

P1000389Desde mi llegada al Paraguay, en el verano austral del 2005, consideré como indispensable en el equipaje cultural del viajero la visita a los tres iconos sudamericanos de –supuesta- obligada pleitesía: las cataratas de Iguazú, Ushuaia –la ciudad más austral del mundo– y Machu Picchu. Pronto cumplí con los dos primeros. Sin embargo, la ciudad sagrada de los incas se me resistió hasta diez años después, justo hasta la pasada Semana Santa de 2015.

A partir de Lima, tras nuestras 24 horas en la capital peruana, volamos a Cuzco, donde fuimos recibidos en el Novotel con un áspero té de coca contra el soroche o mal de altura. Sorprende esta ciudad andina por el primor de sus iglesias y palacios, su bellísima plaza de Armas o huacaypata, edificada sobre un pantano, y sus interesantes alrededores.

En nuestro camino a Ollantaytambo para tomar el tren a Machu Picchu Pueblo –antes Aguascalientes– visitamos Pisac, en el Valle de los Reyes, que no ofrece mucho más que una vistosa y colorida artesanía local. Lugares entretenidos donde tuvimos oportunidad de observar, vivitos y coleando, unos encantadores animalitos llamados cuis, especie de fancy rats como la que nos habíamos cenado al horno la noche anterior en el restaurante El Truco, de Cuzco. ¡Triste final para bichos tan delicados!

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En fin, que después de una hora larga en un voluntarioso convoy de Inca Rail, lento y bamboleante, más caro que un tren de alta velocidad en Europa, bordeando a ratos las aguas bravas del río Alcamayo, llegamos a nuestro destino. Cena en El indio feliz –bueno pero no barato– y descanso en Casa Andina –impecable- hasta la mañana de nuestro “día D” del Machu Picchu y su mística.

Por suerte, contamos con un guía extraordinario, Agustín Maimani, enciclopédico y claro en sus explicaciones, con un conocimiento amplio y profundo de la historia y vicisitudes del lugar. Para los que hemos tenido el privilegio de visitar Angkor Wat, en Camboya, la mayor estructura religiosa jamás construida, el Machu Picchu –en quechua, montaña vieja– no puede entusiasmarnos demasiado, a no ser por su ubicación en un cerro a casi 2.500 metros de altura. Los incas, que no conocían la escritura propiamente dicha, no dejaron constancia sobre el uso y finalidad de su ciudadela: todo lo que se cuenta sobre el lugar es pura entelequia, especulación y fantasía.

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La zona arqueológica solo es accesible a través de los caminos incaicos que llegan hasta ella –guía obligatorio- o en bus, utilizando la carretera que asciende, zigzagueando, desde la estación de tren ubicada al fondo del cañón. Ninguna de las dos formas exime al visitante de pagar el oneroso precio exigido por el ingreso a las ruinas, más del doble que una entrada para el Museo del Louvre en París.

Sorprende conocer que el descubridor del lugar fuera el cusqueño Agustín Lizárraga, en 1902, dejando constancia de ello en un grafiti que, pocos años después, en 1911, fue cuidadosamente destruido por el explorador estadounidense Hiram Bingham, patrocinado por la Universidad de Yale y la National Geographic Society, para adjudicarse su autoría. Con los fondos de estas dos instituciones se construyó la carretera de acceso que, aún hoy, conserva el nombre del gringo, en honor del supuesto descubridor o, más bien, en honor del indecente poder del dinero.

Dice mi mujer que quien paga manda, y añado yo, con Machado, que solo el necio confunde valor y precio.


IMÁGENES: Arriba, dos de los tres expedicionarios. Centro, el tren que nos llevó a Machu Picchu Pueblo. Abajo, sitio arqueológico a 2.430 metros sobre el nivel del mar, exactamente. (Fotos del autor)

Nuestro agradecimiento a Rosa, Fernando y Santiago, de ZARTRAVEL, y a sus receptivos en Perú. Gracias a todos ellos resultó un viaje perfecto.

sábado, 20 de junio de 2015

24 horas en Lima

Habíamos fijado Lima como punto de reunión antes de continuar al Machu Picchu, destino final de nuestras vacaciones de Semana Santa. Mi hijo Guillermo volaba desde Madrid y nosotros –Jorge y yo– desde Foz de Iguazú, donde  habíamos permanecido tres días admirando boquiabiertos las cataratas, incluido safari Macuco, el Parque das Aves, el show del Rafain y la represa de Itaipú sobre el río Paraná.

En Lima, nuestro plan era permanecer un día completo para visitar la plaza de Armas y sus alrededores, cenar en La Rosa Náutica y hacerme una foto en la iglesia del Pilar, en San Isidro, por razones que enseguida explicaré.

Pasadas las 11 de la noche fue ya imposible encontrar un establecimiento donde nos dieran de cenar, de modo que Jorge y yo –Guillermo llegó antes y ya estaba servido–, tuvimos que aguantar el tipo con el sándwich espartano, atención de LAN durante el vuelo. Menos es nada.

Lima.CatedralPor la mañana, la plaza de Armas –sitio fundacional de la ciudad y Patrimonio de la Humanidad–, amaneció tomada por el ejército, sin razón aparente ni información alguna, armados hasta los incisivos, como para repeler una eventual invasión alienígena. No pudimos acceder al centro, aunque sí pasear por su perímetro, admirando sus muchísimos balcones abiertos y cerrados, de la época colonial, que otorgan a la ciudad una hermosa y singular característica. Optamos por visitar la catedral, preciosa fachada y magnífico interior de varios estilos arquitectónicos. El convento de San Francisco, su museo, y las catacumbas de Lima son igualmente de obligada e inexcusable visita.

A la hora de almorzar elegimos “cocina fusión chino-peruana”, cuya opinión sobre su alquimia y supuesta quinta esencia culinaria me reservo para no herir susceptibilidades. Baste decir, por ejemplo, que el recipiente y la disparatada cantidad de sopa que nos sirvieron no tenían nada que envidiar, en volumen, a un orinal, bacinilla o vaso de noche tamaño XL.

Siguiendo con esto de la gastronosuya –de los peruanos, digo– no pudimos cenar en La Rosa Náutica porque no quedaban plazas libres. Me había empecinado en este restaurante dado que guardaba de él el mejor recuerdo de la cocina peruana, aparte de que el lugar, en la playa y sobre el océano, es de una belleza fuera de lo común. Elegimos Alfresco, muy cerca de nuestro hotel, y a fe que resultó una opción excelente: meseros muy amables y altamente profesionales que nos orientaron en nuestra elección y nos explicaron el origen, los detalles y el porqué de cada uno de los deliciosos platos de un equilibrado menú degustación.

zaragoza

Había prometido tomarme una foto en la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, con la virgen al fondo, a la primera oportunidad que me diera la vida. Esta vez no me la concedió: la iglesia estaba cerrada a cal y canto y no pudimos acceder al templo de ningún modo. Mi interés por esa foto viene de lejos. Hace años, tal vez camino de los cuarenta, la imagen de la Virgen del Pilar existente por entonces desapareció de su pedestal, suponiéndose robada por algún desalmado.

La ciudad de Zaragoza –mi ciudad adoptiva– de la cual la Virgen del Pilar es su venerada patrona, decidió regalar una nueva imagen a la parroquia desvirginada y, con ocasión de una misión comercial a Perú se llevó a cabo su donación. Pues bien, yo fui uno de los tres elegidos para el solemne evento de la entrega oficial. Por desgracia, en aquella época no era tan común disponer de cámara fotográfica, de modo que me quedé sin recuerdo documental alguno de aquello que me pareció un acto tan singular y generoso. Quedo a la espera de una próxima oportunidad.

Lima. PizarroTeníamos asimismo el objetivo puesto sobre la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, pero no supimos localizar su ubicación. Existen dudas de que el representado sea, efectivamente, el Pizarro fundador de Lima. Las discrepancias se centran en su casco emplumado –desconocido en los uniformes de la armada española de la época–, el gran tamaño de su caballo –los corceles españoles eran de menor alzada, muy veloces– y su espada que, durante la conquista, se fabricaban en acero de Toledo, mucho más ligeras y totalmente distintas de la que porta el jinete.

Termino con un texto de Sebastián Salazar Bondy, escritor peruano, en su ensayo Lima la horrible: “Lima se ha vuelto una urbe donde millones de personas se dan de manotazos en medio de bocinas, radios salvajes y otras demencias contemporáneas, para sobrevivir.”

Mis hijos y yo suscribimos el texto.


IMÁGENES: Arriba, catedral de Lima, patrimonio de la Humanidad. Centro, basílica de Nuestra Señora del Pilar, junto al río Ebro, patrona de la Hispanidad y de la ciudad de Zaragoza (España). Abajo, estatua ecuestre de Francisco Pizarro, del escultor norteamericano Charles Cary Rumsey. Existen tres estatuas iguales ubicadas en Trujillo (España), ciudad natal de Pizarro, en Lima, fundada por el conquistador, y en Buffalo, USA, frente al Albright-Knox Art Gallery.

domingo, 7 de junio de 2015

Mi tía y los libros

mi tía 1Mi tía Santa, que de tal tenía apenas el nombre, fue una profesional de la alta peluquería de la época, ejerciendo su saber y habilidades en un establecimiento de glamour y prestigio de la Gran Vía de Bilbao. Algunos peinados salidos de las manos –y el peine– de mi tía debieron ser verdaderas obras de arte, trabajos de fantasía, creatividad y pasarela, galardonados a nivel nacional e internacional. En una ocasión fue nombrada “peluquera española del año”, por su singularidad, elegancia y aporte de valor al oficio, según constancia en el diploma. La honorífica mención –dinero había poco– fue celebrada por todo lo alto, con la familia al completo, en la amplia mesa de la enorme cocina del caserío de mi abuelo.

Ponían su cabeza en manos de mi tía damas de la aristocracia bilbaína, “de alta alcurnia y –a veces– de baja cama”, como diría la cantante Cecilia, selecta clientela compuesta por señoras relacionadas, por la iglesia o no, con personalidades de la política, de la industria y de la cultura. Estas últimas y algunas de las otras, acudían ocasionalmente a la peluquería con un libro para entretener los casi siempre dilatados ratos de espera. Emocionadas tal vez con el nuevo look de su peinado o por simple distracción, algunas se olvidaban del librito y mi tía lo recogía y guardaba cuidadosamente, a disposición de la desmemoriada durante un tiempo prudencial. Este periodo solía extenderse hasta dos apariciones más de la interfecta por la peluquería y, si durante sus visitas no lo reclamaba, pasaba a engrosar la escueta e insignificante biblioteca de su sobrino, es decir, la mía.

tía 2Estoy escribiendo de los años 60 del siglo pasado, cuando la costumbre de leer no estaba tan extendida como ahora y los libros disponibles en el mercado eran pocos y caros, sobre todo caros para las posibilidades económicas de entonces. Además, la iglesia católica ejercía su dictadura y control sobre lo que debíamos leer o no leer los españoles a través de su index librorum prohibitorum: un listado de libros supuestamente perniciosos para la fe cuya eventual lectura o simple posesión garantizaba un lugar preferente y a perpetuidad en las calderas del infierno.

De un modo tan poco ortodoxo, me fui haciendo con títulos de temática muy diversa, algunos editados en México por aquello del index y la censura. Me emocioné con el dramatismo de Rebecca, de la inglesa Daphne Du Maurier; reí con el humor del italiano Pitigrilli en El pollo no se come con la mano; me impresionó la crudeza de la obra más importante de la posguerra europea en El tambor de hojalata, del Nobel alemán Günter Grass; tomé contacto con lo que se suponían “buenas costumbres” de la época en Consejos para las señoras de cierta edad, de la española Concha Suárez del Otero… y uno en especial que me impactó intensamente: El mito del nacimiento del héroe, del alemán Otto Rank, discípulo de Freud.

Libros

Se exploran en este libro los supuestos mitos y creencias sobre el nacimiento de ciertos héroes legendarios o mensajeros divinos, como el rey persa Cyrus, los fundadores romanos Rómulo y Remo e incluso Moisés, Buda y Jesús, por citar algunos. Una y otra vez, aparece el mismo patrón: un dios, una diosa o cualquier pareja sublime que trae al mundo a un héroe. Un oráculo, un sueño o una señal anticipan su llegada, a veces acompañado de una advertencia de peligro. Con frecuencia, el recién nacido es abandonado a su suerte en una cesta o barca flotando sobre el agua y, más tarde, rescatado y amamantado por animales o personas de extracción humilde.

Recientemente he conseguido, en librerías de viejo [1], hacerme con casi todos los títulos de aquella mi primera y precaria biblioteca, lo que me ha permitido volver a disfrutar, de nuevo y mejor, con su apasionante lectura.

Que el recuerdo que deja un libro es a veces más valioso que el libro mismo.


IMÁGENES: Arriba, peinado artístico. Centro, el temido “index”. Abajo, algunos de mis libros de aquella época, comprados ahora en librerías de viejo.

[1] Un librero de viejo es un comerciante que vende libros de segunda mano. Los más famosos son los buquinistas de París, que se encuentran en las riberas del Sena y, en Madrid, en la Cuesta de Moyano.

sábado, 23 de mayo de 2015

La oradora

Espectacular currículum el de aquella mujer. No tendría ninguna necesidad de situar su gloriosa anatomía entre un micrófono y un vaso de agua para hacerse notar. Sin embargo, allí estaba, dispuesta a aburrir a las ovejas o, mejor, a los five snouts si hiciera falta, hablándonos de la huella de carbono y de su propuesta de control de emisiones en aquella ciudad contaminada hasta los mismísimos tuétanos.

la oradora 1Se ha hecho presentar por una oronda funcionaria de un oscuro ministerio de noselqué la cual, en lugar de hablar, ha leído media docena de páginas en un inglés lamentable, equivocándose cada dos por tres.

Este ha sido solo el primer error. Siguen otros: ha comenzado con media hora larga de retraso; en lugar de entrar en materia desde sus primeras palabras, ha desarrollado un extenso e innecesario preámbulo sobre los peligros del calentamiento global y el agujero en la capa de ozono; ha inmovilizado al auditorio sobre sus sillas durante dos horas justas –menos algunas señoras, que se han levantado antes– y no ha conseguido interesar a casi nadie. En resumen, ha impartido una conferencia a la manera exacta a como se dan nueve de cada diez.

Mi colega francés sostiene, picante, que la duración de una plática de este estilo debería poderse comparar con un vestido de mujer: “tapar –describir– lo justo, dejando entrever lo necesario”, sin olvidar –esto es mío– que la mejor manera de aburrir al auditorio es contando todo lo que uno sabe. El público posee una determinada capacidad de aguante que no se puede dilapidar: cuarenta y cinco minutos para el bla bla bla del orador y quince minutos más para responder a eventuales preguntas son ya suficientes. Los que digan que ha sido una hora “de indiscutible goce intelectual” son unos mentirosos.

la oradora 2

El escritor Pitigrilli –fino humor italiano–, publicó en 1961 un singular tratado de urbanidad, El pollo no se come con la mano, en el que, entre bromas y veras, construye un código ético de adaptación del hombre, en sus relaciones con el prójimo, a las circunstancias de persona, tiempo y lugar. En el capítulo reservado a las conferencias, establece algunas normas que aún hoy, muchas décadas después, no han perdido una pizca de actualidad.

Se refiere a la necesidad de ser puntual, a la exigencia de no leer –“si no sabes hablar sin leer, no des la conferencia”– y, sobre todo, a centrarse en el contexto del tema a desarrollar: “Si has venido a hablar de inscripciones prehistóricas en las cavernas, podrías decir cosas sublimes sobre al arte, sobre el alma y sobre el pasado, pero mejor no las digas e introduce rápidamente al público en la cueva”.

la oradora 3Nos tocó acompañar a la oradora durante el almuerzo y, a sugerencia suya, optamos por un restaurante tibetano de nombre impronunciable y ambiente rural donde elegimos tsampa, una auténtica bomba calórica que no tendría futuro en ningún restaurante occidental. Consiste aquello en un cuenco con unos puñados de harina donde se añade un generoso pegote de mantequilla de yak, un cereal duro no identificado, té y azúcar. Se revuelve todo hasta formar una especie de almojábana o masa moldeable, se le da forma y –¡oh, sorpresa!– en lugar de meterlo al horno para cocinarlo como un bizcocho, te lo comes tal cual.

La dama mejoró mucho en distancias cortas: simpática, excelente conversadora, inteligente y extrovertida. Nos contó interesantes detalles sobre la cocina local y sobre los “desacuerdos” de Kioto, y nos hizo un panegírico de aquel plato que nos vimos obligados a deglutir por elemental cortesía.

Las conferencias son un castigo de Dios. El único momento emocionante es cuando el orador dice: “No quiero abusar de su paciencia y me apresuro a terminar”.

Como ahora mismo.


IMÁGENES: Arriba, la oradora. Centro, una plaza en el centro de Ulan Bator. Abajo, tsampa, una de las presentaciones del plato porque hay muchas recetas y variantes, como la paella.

sábado, 9 de mayo de 2015

El idioma que nos une

En los lejanos años de concordia con esta tierra del antiguo Reino de Aragón, se colaron en mis oídos ciertos vocablos de la desenfadada plática local que no había escuchado jamás en mis lares del norte. Pronto, y a veces sobre mis propias carnes, aprendí el significado de verbos como esbarizar, esbarar, enlardar, empentar… o nombres como bisalto, cadiera, farfalloso o capoladora, cuyo significado se pierde en alguna oscura acepción entre las páginas del diccionario de la RAE. Pero ahí están, enriqueciendo y dando un temperamento, un aroma único, a nuestro idioma irrepetible.

Español 1

Recuerdo una frase que se decía –y se dice aun, creo–, con cierta desazón, cuando alguien demoraba en tomar una decisión importante o se retrasaba en elegir algo entre varias opciones o se entretenía demasiado en finalizar algún trabajo: “nos va a cantar el lucano”, se advertía al implicado. Durante años no supe quién coño era el tal lucano. El diccionario lo define como el gentilicio de los habitantes de Lucania, una provincia de la Italia antigua, sin ninguna conjetura aparente, al menos para mí, sobre cómo relacionarlos con el hecho o no de que pudieran cantar.

Una tarde de verano, alguien próximo me sacó de la confusión, explicándome que el dichoso lucano no es más que un pájaro sin voz, que no canta pero que, dándole el tiempo suficiente y necesario, se podría suponer que llegaría a hacerlo.

Así estaban las cosas cuando mi mujer me esclarece que nada de pájaro, que Lucano fue un poeta romano nacido en Córdoba, de cuya considerable obra ha llegado hasta nosotros su epopeya Farsalia sobre la guerra civil entre César y Pompeyo. Interesante aclaración obtenida por mi dama de El pasado que te espera, de Irene Vallejo, regalo de mi parte por el reciente Día Internacional del Idioma Español y Día del Libro, que nos llegó este año empapado de lluvias primaverales.

español 3Con todos estos y otros materiales hemos ido conformando, a grandes trazos y no sin tropiezos, un idioma que es como la identidad de nuestros pueblos, de donde salió esta lengua que incluye palabras como barranco, aquelarre, izquierdo… que se usaban en la península Ibérica mucho antes de la llegada de los romanos y que han perdurado hasta nuestros días.

Libro, pupilo, demente, amargo, amar y dormir son vocablos de estirpe latina. Los romanos impusieron el latín, la lengua del Lacio, como idioma común alrededor del Mediterráneo, desde Moldavia hasta la Lusitania y desde la Britania hasta el norte de África.

De origen heleno, disponemos de seudónimo, teoría, pedagógico, ateo… que tomaron los romanos de su más preciada conquista, Grecia, y los llevaron al resto de su imperio.

español 2Alquimia, aritmética, álgebra, algoritmo, ajedrez… un léxico que atestigua la cultura de la que fueron portadores los árabes al llegar a la España del siglo VII. Del árabe derivan igualmente voces como ojalá, algodón, albañil, azul, almohada, almojábana

De raíces americanas, Bogotá [1] y cuna (chibcha), bohío (antillano), canoa, barbacoa y huracán (taíno), caucho, cóndor y cancha (quechua), coyote, aguacate y guacamole (náhuatl), ñandú, ananá y yacaré (guaraní) han enriquecido nuestro idioma común a partir de 1492.

Ahora lo hace con fuerza y prodigalidad el inglés, de donde vienen multitud de términos ya incluidos en el diccionario, como bloguero, baipás, bluyín, nocaut…, y hacen cola para entrar muchos más: ciclocrós, selfi, wasap

Concluyo con un pensamiento del escritor cubano Guillermo Cabrera Infante [2]: “El español es demasiado importante para dejarlo en manos de los españoles".

¡Mejor en manos de todos, compañero!


IMÁGENES: Arriba, lema de la RAE. Centro, viñeta del día del idioma español. Abajo, mapa esquemático de la distribución de las principales lenguas indígenas en América Latina.

[1] El nombre Bogotá tiene origen en la palabra chibcha “Bacatá”, nombre de la capital de la confederación del Zipa en la antigua civilización muisca, la cual significa "cercado fuera de la labranza"

[2] Tras la llegada al poder de Fidel Castro en 1959, Cabrera Infante, que había apoyado la Revolución cubana, fue nombrado director del Consejo Nacional de Cultura, ejecutivo del Instituto del Cine y subdirector del diario Revolución (actual Granma). Sin embargo, sus relaciones con el régimen se deterioraron pronto, debido a un corto que rodaron a finales de 1960.

NOTA: Algunos datos sobre palabras procedentes de determinados idiomas han sido tomados de “El origen de las palabras en el idioma español (für die Studenten des Niveau A1.1)” y del artículo de Fernando Ávila “A propósito del Día del Idioma: historia del español en 450 palabras”.

sábado, 25 de abril de 2015

La cocina del frío

Ahora, en primavera, las colinas alrededor de Ulán Bator están salpicadas de flores silvestres. Festonean la ciudad los barrios periféricos de gers o yurtas: los habitáculos circulares que han albergado a los nómadas de estas tierras desde antes de la época de Genghis Khan.

mongo 3El café es malo de solemnidad, pero se está bien aquí, al sol de media tarde, en la terraza del restaurante en el que acabamos de almorzar. Justo en frente, la lujosa tienda de Versace, en la plaza donde la estatua de Lenin se mantuvo hasta octubre de 2012, cuando fue desmontada de su pedestal y subastada. No he conseguido saber quién y cuánto pagó por ella.

La vida nómada de este pueblo ha conformado una tradición culinaria única, diseñada para ayudar a la supervivencia durante las migraciones por las inhóspitas y casi siempre heladas estepas de Asia central. Cocina austera, sin duda, donde los vegetarianos tendrán grandes dificultades.

Los five snouts o “cinco hocicos” son la base de la cultura del país y de su cocina tradicional: caballos, ovejas, cabras, camellos y yaks. La más venerada de estas cinco criaturas es el caballo: en muchas comunidades, aprender a montar es tan fundamental como aprender a caminar. El respeto a los caballos, sin embargo, no les niega un lugar importante en la gastronomía nacional y su carne se encuentra disponible en la práctica totalidad de los restaurantes del país. Los five snouts son utilizados ampliamente en la cocina popular, la leche de yak es un producto particularmente común de la dieta, y su queso se emplea como base para sopas y cuajadas.

mongo 2La popularidad de la cadena internacional de restaurantes Mongolian Barbecue ha distorsionado la percepción de muchos viajeros: en realidad, lo que sirven es un plato taiwanés que no se parece mucho a una barbacoa. La verdadera se llama khorkhog, y tampoco es una barbacoa en sentido estricto, pero sí un elemento básico de lo que se cuece por las vastas extensiones del país. Suele hacerse con carne de cordero que se cocina dentro de una olla conteniendo rocas ardientes calentadas en un fuego abierto. A veces, si las hay, se añaden verduras para hacer un estofado, y los sabores se dejan mezclar durante varias horas. Un plato perfecto para saborearlo en una yurta, donde la comida se sirve y disfruta en comunidad.

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El boodog es otro ejemplo que utiliza también piedras calientes como método de cocción. Sin embargo, en este caso no se colocan dentro de una olla, sino que se introducen en la propia carcasa del cabrito o, a menudo, marmota, que se va a cocinar. Simultáneamente, el animal se calienta desde el exterior, ya sea en una real barbacoa o con un soplete, para quemar su piel y asegurarse de que queda bien cocido. Este plato es la muestra de un estilo de vida nómada de lo más utilitario, en el cual los accesorios habituales de cocina no están disponibles y rocas y fuego deben sustituir al horno convencional.

Una receta que algunos atribuyen a la gastronomía mongola es el steak tartar, con una curiosa historia. Para conocer su origen debemos remontarnos hasta los tiempos de Gengis Khan y sus guerreros tártaros que, se dice, transportaban la carne colocándola bajo la silla de sus monturas, sobre el espinazo de los caballos. Después de cabalgar muchas horas, la carne iba perdiendo sangre y adquiriendo una textura más blanda y comestible. Pues bien, aquí nadie sabe una palabra del steak tartar ni de su leyenda, que según otros, es una receta importada de la Polinesia Francesa, donde el consumo de carne cruda [1] fue algo habitual.

Sea como sea, pruébenlo con cuidado [2] y ¡buen provecho!


IMÁGENES: Arriba, desmontando la estatua de bronce de Lenin, de casi 5 metros de altura, que había permanecido en la capital mongola durante 58 años. Un “khorkhog” auténtico, con algo de verdura. Abajo, quemando con un soplete la piel de lo que parece una marmota.
 
[1] (i) Posiblemente, la primera referencia a esta forma de preparar la carne se puede encontrar en el Libro de Viajes de Marco Polo. (ii) Una referencia posterior es la del ingeniero y cartógrafo del siglo XVII Guillaume Levasseur. Tras haber servido durante mucho tiempo para el rey de Polonia Segismundo III, escribió sus vivencias en un libro publicado en 1651. Menciona la receta, atribuyéndosela a los tártaros. (iii) La referencia más conocida, y la que dio fama a esta forma de preparar la carne, fue la de Julio Verne en 1875 en su novela Miguel Strogoff. De ahí que el restaurante Jules Verne, situado en el segundo piso de la Torre Eiffel, en París, haya hecho de este plato una de sus especialidades. (iv) La receta más antigua conservada de filete tártaro figura en el Diccionario Larousse Gastronómico de Prosper Montagné, edición de 1938.
 
[2] Algunas delicias de la cocina, como el steak tartar o el carpaccio, emplean carne cruda para sorprender al paladar. Es habitual que se consuman en verano, cuando las altas temperaturas aumentan el riesgo de que, en la carne sin cocinar, proliferen bacterias como la Escherichia coli, que ha intoxicado recientemente a 19 personas en Bélgica tras haber comido carne cruda. La Escherichia, la Salmonella, el Campylobacter... son muchos los posibles sustos que pueden esconderse en la carne cruda. También en la que no ha pasado suficiente tiempo al fuego, algo frecuente en las muy veraniegas barbacoas.

sábado, 11 de abril de 2015

Irse de la olla

"Irse de la olla" significa cometer una acción estúpida o reprobable, o decir sandeces, majaderías o simplezas, fruto de la irracionalidad del personaje o de una falta de reflexión previa. Es sinónimo de perder la cabeza, cometer algún tipo de locura, estar despistado o confuso. Es una forma de hablar propia del territorio español, muy rara de escuchar en América Latina, aunque en México suele decirse “se le botó la canica”, con alcance similar. En inglés existe una expresión parecida, lose your head, y en España también se usan locuciones semejantes como "irse de la pinza" o "irse de la perola".

olla mona lisaApenas apuntado el día, suelo leer los titulares de prensa en internet y me sorprendo, cada mañana, con las bufonadas y chocarrerías de los personajes que, súbitamente, se han ido de la olla. El Institut Nova Història que, en su momento, ya avisó de que Miguel de Cervantes, Cristóbal Colón y Santa Teresa de Jesús eran catalanes, destaca ahora que la biografía de Leonardo Da Vinci deja pistas para defender su origen catalán, por el hecho de que su escudo de armas tenga un cierto parecido con el de la mal llamada “casa real catalana” -que nunca existió- o por la similitud que se observa entre las montañas de Montserrat y la sierra que aparece tras su pintura de la Mona Lisa. La protagonista de este cuadro, por cierto, la dama de enigmática sonrisa, era Isabel de Aragón, según la misma fuente. "Nos han robado la historia -sostienen- y solo entre todos la recuperaremos".

La estupidez, como se sabe, no tiene límite ni fronteras y la olla de un tal Recep Tayyip Erdogán, presidente de Turquía, ha puesto en un serio aprieto a la perola de los catalanes del Institut. El mandatario turco afirmó que marineros musulmanes llegaron a América en el año 1178, y que, en sus diarios, Cristóbal Colón relató la presencia de una mezquita en lo alto de una montaña en Cuba. En realidad, Colón escribió sobre “un montecillo a la manera de una mezquita”, que no es ni mucho menos lo mismo.

La reacción de Erdogan hacia los escépticos ha sido la habitual en estos casos, arremetiendo contra aquellos columnistas y caricaturistas que han osado burlarse de sus comentarios: “¿Por qué no lo creen? ¿Porque nunca han supuesto que un musulmán pudiera hacer algo así?”, preguntó. Lejos de desdecirse ante la rechifla generalizada, ha impuesto en las escuelas turcas que a todos los niños se les enseñe que los musulmanes llegaron a América tres siglos antes que Colón.

olla souvenirs

La olla del alcalde de Tarragona, Josep Ballesteros, del Partit dels Socialistes de Catalunya, tampoco debe andar muy afinada: acaba de prohibir la exhibición de souvenires de toros y sevillanas en los escaparates de las tiendas de la capital. La nueva resolución del gerifalte advierte que "sólo pueden ser expuestos productos dirigidos principalmente a la promoción turística de la ciudad y difusión de sus valores patrimoniales y culturales", aunque también tendrán un lugar preferente “los que hagan referencia a la cultura popular y tradiciones de Cataluña". Los relacionados con tradiciones españolas deberán mantenerse alejados del ojo del turista. ¡Claro, no vaya a ser que los compren!

olla guipuzcoaEl Parlamento Foral de Guipúzcoa y tres de sus feudos nacionalistas, no van a la zaga. Penúltimas ollas desubicadas en esta alocada carrera hacia la estupidez paradigmática, han decidido modificar su pasado –esfuerzo obviamente inútil– manipulando la heráldica de sus instituciones históricas. Pese al rodillo nacionalista, los blasones originales perduran sin embargo, orgullosos, para la memoria colectiva, en las imponentes piedras armeras de sus fachadas consistoriales.

“La función capital de la cultura, su verdadera razón de ser, es defendernos contra la estulticia”. (Sigmund Freud)


IMÁGENES: Arriba, La Gioconda (La Alegre, en español) también conocida como La Mona Lisa, del pintor renacentista italiano Leonardo da Vinci, que actualmente se exhibe en el Museo del Louvre de París. Centro, una tienda de souvenires en Tarragona. Abajo, impresionante blasón o “piedra armera” de Guipúzcoa.

NOTA: Ante las fuertes presiones de los comerciantes del sector turístico de Tarragona, el alcalde de la ciudad ha tenido que dar marcha atrás y revocar tan absurda prohibición.

viernes, 27 de marzo de 2015

Altann

Esta tarde he vuelto a verla en un semáforo, de paquete en la moto de un tipo fosco y cetrino. Me ha saludado con un cariñoso gesto de su mano derecha y una genuina sonrisa iluminando su cara de luna llena. Altann –que en mongol significa “dorado atardecer” o algo así– se gana la vida ejerciendo el oficio más antiguo del mundo en un poblado de sucias yurtas, en una remota y degradada mina de oro de Mongolia. De vez en cuando viene a la capital, por si el destino quisiera mejorar su puta existencia.

Altann finalLa conocí a las afueras de Ulán Bator haciendo autostop, ella, en una tarde fea, neviscando, con una bolsa de deporte demasiado grande para el tamaño de la chica. Pensé que no la podía dejar allá, desamparada, al borde de la carretera. Me detuve a su altura, abrió con soltura la puerta del acompañante y se sentó, resuelta, colocando su enorme bolsa sobre las rodillas, como protegiendo sus pertenencias. Me dijo su nombre y hablamos un buen rato del tiempo y otras vaguedades.

Venía yo con hambre y ganas de comer algo consistente. La invité a acompañarme al Khaan-ger, un restaurantito sencillo que me pareció una buena opción para el momento. Aceptó a la primera, sin dudarlo, como si hubiera estado esperando mi propuesta. “Soy china, estoy aquí de turismo y la semana próxima viajo a París”, me dijo. Detrás de su maquillada sonrisa creí ver a la niña traviesa que juega a mentir.

Mientras haya un príncipe con quien coquetear durante un par de horas, soñará que es una princesa, que la llevarán al castillo y que su vida transcurrirá feliz junto a su amado. Mientras existan los sueños y la mentira, vivir será posible para ella. Su vida es una realidad dura, oscura casi siempre, necesitada de esperanza, de algunas burbujas de ilusión, aunque duren un suspiro.

altann 5

Fue larga la conversación durante nuestra dilatada sobremesa porque el vodka desata las lenguas y saca afuera cosas de adentro que nunca deberían salir, que uno no debería saber: que la chica no tiene dónde alojarse esa noche, por ejemplo.

Durmió de un tirón, como con sueño pendiente, hasta las segundas luces del amanecer. A veces se agitaba convulsa durante un instante y luego volvía a la calma con una respiración pausada, como si no quisiera molestar. Otras veces se abrazaba a mí espalda, sin sexo, como buscando algo del calor humano que tal vez descubrió o siquiera intuyó, sin disfrutarlo nunca, en algún rincón de su triste pasado. Preparó un desayuno para dos con lo que encontró por la cocina: “Sólo quiero que me digas que mi vida va a cambiar. Sé que no tengo ninguna posibilidad de que te enamores de mí, pero déjame intentarlo”, me pidió con los ojos más tristes que he visto jamás. La desesperación ajena es difícil de contemplar sin conmoverse.

altann 4Altann no tiene suerte y parece llevar todos los números equivocados. Para el minero embrutecido que logra unos gramos de oro, ella simboliza una noche de gloria. Las manos encallecidas del hombre abrazan por unas horas el cuerpo suave de una mujer joven y hermosa. Un sueño, conservado bajo el frío durante largas semanas, se hace realidad para desvanecerse con el alba, porque los sueños, sueños son. El minero volverá a remover la tierra helada una y otra vez, imaginando que un día su estrella cambiará y tendrá junto a él una mujer sublime, para siempre, y la vida será bella de verdad. Mientras, la chica seguirá vendiendo su sexo por un sucio billete de cincuenta dólares, con la certeza de que, dentro de unos años, apenas nadie pagará un miserable billete de diez por los favores de su cuerpo manoseado.

La ficción, la verdad y los sueños viven codo a codo con la vida. A veces, un impulso de coraje o un golpe de fortuna son suficientes para abrir la puerta que permite salir de la oscuridad. Cuando acontece el milagro, aparece la princesa, la niña a la que le llegó su príncipe azul y, de pronto, como al final de la tormenta, el cielo dibuja un soberbio arcoíris bajo su bóveda plomiza.

Buena suerte, Altann.


IMÁGENES: Arriba, ella, pixelada. Centro, poblado de yurtas. Abajo, rebuscando oro en la tierra helada.

sábado, 14 de marzo de 2015

Ulán Bator on the rocks

Considerada la capital nacional más fría del mundo, la temperatura durante los ocho o nueve meses del interminable invierno puede alcanzar los 40 grados centígrados bajo cero en su periodo álgido, en enero y febrero. La nieve y el hielo son el pan nuestro de cada día para el millón bien largo de ulanbatorianos que pueblan la principal ciudad de Mongolia. Sin embargo, su clima continental origina unos veranos “tórridos”… aunque a duras apenas se alcancen los 30 grados positivos entre julio y agosto. Mis amigos de Asunción, donde se superan con alguna frecuencia los 45 grados en la canícula austral, se estarán carcajeando de esta devaluada apreciación de lo tórrido.

On the rocks

De una forma u otra, las autoridades de Ulán Bator, que en mongol significa “Héroe Rojo”, han decidido iniciar uno de los mayores experimentos del mundo en geoingeniería. Se trata de crear artificialmente gigantescos bloques de hielo –aufeis en alemán o naleds en siberiano como glaciares urbanos, para combatir los efectos adversos del calor durante los meses de estío.

Los geoingenieros mongoles tratarán de recrear el proceso natural mediante la perforación, durante el día, de agujeros en el hielo del río Tuul que atraviesa la capital. El agua subirá por estos conductos hasta la superficie, donde se congelará durante la noche aumentando el grosor del aufeis. Repitiendo este proceso a intervalos regulares a lo largo de todo el invierno, pretenden obtener colosales masas de hielo que luego puedan derretirse lentamente para crear un fresco microclima durante el verano, aunque no sea este el único ni el principal problema de la ciudad.

Bloque hielo

Mongolia evoca imágenes de estepas interminables, cielos azules, caballos en libertad y tradiciones ancestrales. Su territorio triplica en superficie al de Francia, pero alberga menos habitantes que Madrid, un hecho que convierte al país de Gengis Kan en el de menor densidad de población del mundo [1]. La mitad de los tres millones de mongoles respira en invierno el aire más contaminado del planeta [2]. Son los habitantes de la capital, Ulán Bator, una ciudad que crece al ritmo de una economía que explota el filón de la minería: atraídos por oportunidades laborales que muchas veces no se materializan, decenas de miles de nómadas abrazan aquí la vida sedentaria y hacen valer su derecho constitucional a una parcela de tierra para instalarse con sus yurtas [3] en las colinas que protegen la capital.

Interior de una yurta

El problema es que, al igual que hacían en el campo, para combatir las bajas temperaturas queman carbón y madera en sus anticuadas e ineficientes estufas, mientras las enormes centrales térmicas, al máximo rendimiento, emiten gruesos chorros de gases contaminantes a la atmósfera. Antes de que amanezca, las obsoletas infraestructuras viarias se colapsan en un perpetuo atasco.

El gobierno hace lo que puede, facilitando la compra de nuevas estufas más eficientes, provistas de un filtro que frena las emanaciones nocivas, y reduciendo drásticamente el impuesto de matriculación de vehículos híbridos que consumen y contaminan mucho menos. No sorprende que un elevado porcentaje de los automóviles que circulan por la ciudad sean del modelo Prius de Toyota.

Indiferentes al entorno, las hordas de inmigrantes hindúes, chinos, rusos y kazajos viven, sobreviven, se alimentan y copulan entre el irrespirable smog de la contaminación, el tráfico y el frío. Sobre todo el frío. Para enfrentarse a él, es indispensable una buena ropa con pelo de camello, hecha en el propio país, y una alimentación bien engrasada. Proliferan restaurantes especializados para cada nacionalidad, ofreciendo verdaderas “bombas calóricas” que harían las delicias de los osos blancos del polo norte y de los pingüinos “emperador” del polo sur.

Pero esto es otra historia que requiere ocuparse de ella en otra ocasión.


IMÁGENES: Arriba, una recreación del proyecto. Centro, gigantesco bloque de hielo. Abajo, interior de una yurta con la moderna estufa-cocina en primer plano a la izquierda.

[1] La densidad de población de Mongolia es de solo 1,73 habitantes por kilómetro cuadrado (1,73 hab/km2).

[2] El índice de partículas en suspensión de menos de 2,5 micras -las más dañinas para la salud- marca una concentración de más de 500 por metro cúbico de aire, 25 veces el máximo recomendado por la OMS.

[3] La yurta (en mongol ger) es la vivienda habitual, fácil de montar, fresca en verano y cálida en invierno, utilizada por los nómadas en las estepas de Asia Central, y ahora también en los suburbios de las ciudades.