sábado, 28 de febrero de 2015

Recuerdos

Mencionar en una entrada de blog a todos mis amigos
del mundo mundial, es una tarea imposible.
Los que faltan están en mi corazón.

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Amanece en Hoedspruit, Sudáfrica. Paul y su esposa Jenny, felices propietarios del Blue Cottage, cerca del Kruger National Park, saludan al nuevo día mientras extienden generosas raciones de mantequilla sobre unas rodajas de pan recién tostado. Huele a café. Bueno, a ricoffy, esa porquería con achicoria que toman los sudafricanos. Paul pregunta: “¿Qué habrá sido de FG?”. “Ah, sí, el español aquél que vino para lo de la calidad… ¡Qué majo! Qué buen apetito tenía, todo le parecía buenísimo…”, concluye Jenny.

En Nueva York, Ruth y Giselle están terminando de cenar una pizza margarita en un elegante local del Greenwich Village. Giselle dice: “Hace unos días crucé un par de correos con FG”. “¿Y qué cuenta? –quiere saber Ruth– ¿va a venir a vernos?...” “No por ahora –responde Giselle–. Está muy feliz en su casa del Pirineo. Tendría que haber ido a Mongolia, pero dice que hay que esperar a que mejore el tiempo por allá”.

Al primer frescor del anochecer, Paco y Jorge toman un par de Brahmas en la terraza de La Chopería del Puerto, en Asunción. “¿Por dónde andará Félix? –se pregunta Paco–. Hace más de un año que no viene por acá”. Jorge responde: “Seguro que no se ha olvidado de nosotros ni de la caña paraguaya. Sobrevivirá, esté donde esté. Ciudadano universal”.

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A veintitantos bajo cero, en Almaty, Kazajstán, dos bellezas tan ciertas como que nieva en invierno, Lena y Aigul –pasmo de los ojos y admiración entusiasta del espíritu–, directora y jefa de recepción respectivamente del hotel Tien Shan, lamentan la ausencia del huésped español que les llevaba flores frescas los días de mercado: “¿Crees que volverá?”… –duda Aigul–. “¿Por qué no? ¡La vida tiene tantos caminos!”, confiesa Lena.

En la reserva de Makalali, un joven guepardo al que bautizaron Manlik, –que en afrikáans significa “macho”- no acaba de comprender por qué desapareció de pronto aquel humano que le obsequiaba con dos galletitas oreo cada mañana. “La próxima vez no consentiré que se vaya”, certifica el bicho.

El chef del restaurante Paradise Garden, en Dhaka, Bangladesh, siempre que cocina los enormes camarones del país, recuerda al español que le enseñó a hacerlos a la plancha, abiertos a lo largo, un poco de aceite de oliva y sal rosa del Himalaya como ingrediente gourmet que nunca hubiera imaginado. “Sí; aquel tipo sabía de lo que hablábamos”, piensa aun.

borschEs mediodía y hace un solecito muy agradable en Moscú. A esa hora, Misha, el responsable del laboratorio nacional de referencia de nafta y gas se dirige al cercano restaurante de siempre. Echa de menos la compañía del experto que envió la UE para el proyecto de acreditación. Le llamaban FG y puso todo su empeño en leer, hablar y entender ruso enseguida. Mientras tanto, aprendió rápido una parte importante de las costumbres del país: echarse dos tragos de vodka entre pecho y espalda antes de almorzar borsch y golubtsi o empanada de repollo. ¡Ah! Y a cantar “las noches de Moscú” en ruso con un acento genial.

En Guatemala, mi amigo Ramón me recuerda siempre como el master qualitatis con quien batalló codo con codo, en el mismo bando, en la República Dominicana y en Paraguay. Aprendí muchas cosas de él, pozo de conocimientos: de la vida, de letras, de cocina… ¡Todo un especialista!

Anclado en cualquier rincón del planeta, sentado en la escollera, frente al mar, o en cuclillas viendo pasar el río de la vida, cada vez que alguien me recuerda, me pita el oído izquierdo y se me eriza la piel. Me siento el hombre más feliz del mundo. Es una sensación que hay que vivir para entenderla: cerrar los ojos, evocar situaciones agradables y lugares pasados. Un cielo estrellado…

Son los amigos que no se olvidan.


IMÁGENES: Arriba, cabaña-habitación en el Blue Cottage de Hoedspruit. Centro, Lena y Aigul vestidas para una fiesta en la embajada de Japón. Abajo, cuenco de borsch, sopa de remolacha y crema agria muy popular en casi todas las repúblicas de la extinta Unión Soviética.

Para acceder en internet a los lugares citados en el texto, pulsar sobre cada uno de ellos:

Blue Cottage, Hoedspruit, Sudáfrica.
La Chopería del Puerto, Asunción, Paraguay.
Hotel Tien Shan, Almaty, Kazajstán.
Manlik, Makalali, Sudáfrica.
Paradise Garden Hotel, Dhaka, Bangladesh.

sábado, 14 de febrero de 2015

Escocia: historias de tierras altas

Nessie, elusiva criatura legendaria, no quiso aparecer esta mañana. Nos fuimos del lago sin ver al renuente monstruo, empeñado en no dar señales de vida desde hace varios años. Se trata, quizá, del "misterio" más difundido de la criptozoología [1] moderna, aunque la mayoría de los científicos y expertos afirman que las pruebas que apoyan su existencia no son convincentes, considerándolas fraudes o identificaciones erróneas de criaturas reales.

La serie de televisión Los Simpson dedica un episodio al monstruo del lago Ness, en el cual Míster Burns envía a Homer, a Willy y al profesor Frink a Escocia para capturar la criatura. Después de un intento fallido, Míster Burns ordena drenar el lago. Encuentran a Nessie y lo llevan a Springfield, donde le proporcionan trabajo de crupier en el casino local… con el consiguiente cabreo de los escoceses.

Nessie 1Regresamos a Edimburgo dispuestos a ahogar nuestro desencuentro en los deliciosos caldos locales llamados whiskies de malta que sirven por allá. En el Maggie Dickson, por ejemplo, un histórico pub frente a nuestro Apex Hotel y justo al otro lado del Grassmarket, la plaza donde la gente se lo pasaba en grande, allá por el siglo XVIII, insultando y escupiendo al ejecutado el día que había ahorcamientos.

Maggie Dickson fue una chica de Edimburgo a quien casaron con un pescador de mejillones que, poco después, la abandonó. En aquella sociedad machista estaba muy mal visto que un hombre dejara plantada a su esposa y, para no soportar la burla de sus vecinos, la joven decidió viajar a un pueblecito del sur donde no la conociera nadie, con ánimo de comenzar una nueva vida. Sin embargo, la mala suerte hizo que se quedase embarazada del hijo de los dueños de la pensión en la que había encontrado trabajo. Fueron muchos y muy ingeniosos los recursos que tuvo que emplear para ocultar su estado pero, cuando llegó la hora, el bebé nació muerto.

Maggie decidió deshacerse de la criatura, sin dar a conocer su existencia ni mucho menos su muerte. Con esta idea, marchó hacia el río con la intención de hacerlo desaparecer en sus aguas pero, una vez allí, se sintió incapaz –madre al fin– de arrojar a su hijo a la corriente y se puso a llorar, desconsolada, por todas las desgracias que le estaban ocurriendo. Unas voces alertaron a Maggie de que unos hombres la habían visto y corrían hacia ella.

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Trató de huir, pero fue capturada sin dificultad, juzgada y condenada… por ocultación de embarazo. Unos días después se procedió a ejecutar la sentencia. Como era costumbre, le concedieron su última voluntad –unas copitas de whiski– y minutos más tarde fue ahorcada a la vista de todo Edimburgo. Sin embargo, durante el traslado para sepultar su cuerpo y dar por concluido el acto, comenzaron a oírse golpes y voces procedentes del ataúd. La gente estaba desconcertada, ¿sería posible? Tras abrir el féretro, allí estaba Maggie, más viva que nunca.

El pueblo no salía de su asombro. Las risas y comentarios, el whiski y la cerveza, corrían por doquier. Verían dos ejecuciones el mismo día: la pobre Maggie iba a ser ahorcada por segunda vez. De pronto, una potente voz llamó la atención de los espectadores: “Por voluntad divina, esta mujer no ha muerto al ser ahorcada. No es justo volver a juzgarla por un delito por el que ya ha sido ajusticiada”. Con una copita de más en el cuerpo y casi sin poder dar crédito a lo que estaba ocurriendo, Maggie bajó de la tarima y dio gracias a Dios por haberle salvado la vida. A partir de ese día, le otorgaron el nombre de “Maggie la medio ahorcada”.

Dicen que sobrevivió porque conocía al cordelero que suministraba las sogas, con quien se casó poco después. La cuestión es que su historia [2] se recuerda y es homenajeada en el pub que lleva su nombre, ubicado justo en la casa donde vivió el resto de sus días.


IMÁGENES: Arriba, chapa de Nessie, el monstruo del lago Ness. Abajo, Maggie Dickson’s Pub, en Grassmarket, Edimburgo.

[1] La “criptozoología” es una pseudociencia que se ocupa de la búsqueda de animales cuya existencia no ha sido probada.
[2] La historia completa y detallada de Maggie Dickson se incluye en el libro “
Ghostly Tales and Sinister Stories of Old Edinburgh”, Mainstream Publishing, Edimburgo, 2014.

sábado, 31 de enero de 2015

Cooperación internacional

En un país africano imaginario al que bien pudiéramos llamar Bongo, un joven emprendedor de nombre Kuyate fabrica y vende semanalmente unas 500 mallas mosquiteras. Da empleo a 10 personas quienes, a su vez, mantienen a más de 15 familiares cada uno, como sucede en la mayoría de los países de aquel continente.

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La materia prima, tejido de algodón cultivado localmente, se la facilita una incipiente industria textil vecina, propiedad de su amigo Fassoko, y el repelente anti-mosquitos con el que se debe impregnar la malla se lo compra a otro amigo, Dumbia, quien lo produce artesanalmente a base de hierbas y cocciones de la amplia herborística tradicional. Los tres fueron compañeros de clase en el colegio de la misión católica de los hermanos de no sé qué, estudiando seriamente con la ilusión de montar un negocio juntos cuando fueran mayores, sin depender de jefes blancos déspotas y analfabetos ni de jefes negros analfabetos y déspotas.

Entre Fassoko y Dumbia emplean a otras 10 personas, con lo que ya tenemos un total de 20 asalariados, sin contar los cultivadores de algodón, recolectores de hierbas, proveedores de garrafas para el líquido repelente, etc. Se puede asegurar que el pequeño negocio del amigo Kuyate da de comer a cerca de 400 personas relacionadas, directa o indirectamente, con la actividad.

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De pronto llega una ruidosa estrella de cine de Hollywood –grandes tetas de silicona–, de esas a quienes les gusta que la prensa publique alguna foto suya acariciando a un niño negro, a ser posible flaco, sucio y con moscas en la boca. La diva, durante sus minutos de gloria, consigue que algunos gobiernos occidentales faciliten el envío de 100.000 mallas mosquiteras a Bongo, para combatir al mosquito portador de la malaria. Las mallas llegan y se distribuyen a través de una ONG internacional. La buena acción está hecha, y la diva y la ONG se felicitan mutuamente y se cuelgan unas supuestas medallas como premio a tan notable acción en favor de uno de tantos países que parecen condenados a no despegar.

Desgraciadamente, con el mercado inundado de mallas extranjeras, nuestro fabricante no puede vender las suyas y se ve obligado a cerrar, arrastrando consigo a toda la cadena de pequeñas industrias, artesanos y proveedores. Sus trabajadores no pueden continuar manteniendo a las personas que dependen de ellos y que ahora quedan a merced de la caridad.

malaria 3En tres o cuatro años, como mucho, las mallas anti-mosquito importadas se rasgarán, se estropearán a la intemperie y dejarán de servir. Entonces, el mercado estará desabastecido, aumentarán los casos de malaria y los tres amigos emprendedores, que han asimilado ya la amarga lección del apoyo internacional, estarán dedicados a otros negocios con menores riesgos de intrusión, sin ningún interés en volver a las andadas.

Se trata de una paradoja que pudiéramos llamar “cortoplacista”. Como se ve, una intervención eficaz a corto plazo no ha producido ningún beneficio a largo plazo. Peor aún: ha anulado completamente la frágil oportunidad de desarrollo sostenible funcionando en Bongo en aquel momento. La situación general ha empeorado sin paliativos.

En casi todos los proyectos de la cooperación internacional –de cuya tropa he formado parte durante muchos años–, las evaluaciones de la ayuda siempre dan la impresión equivocada de que la actividad ha sido un éxito: pura ilécebra para donantes. En realidad, la eficacia de la ayuda se debería medir, con absoluto respeto al entorno, por su contribución al desarrollo a largo plazo, y por la cantidad de gente que se logra extraer de la pobreza de una manera cierta, sostenible y consolidada.

Cuando se observa a través de esta lente, la cooperación deja siempre mucho que desear.


IMÁGENES: Arriba, malla anti-mosquitos. Centro, mujeres con niños cerca de Bamako (Malí). Abajo, anuncio de una de tantas campañas contra la malaria.

Para conocer la problemática de la ayuda internacional en África, recomiendo el libro Dead Aid, de Dambisa Moyo, Ed. Farrar, Straus and Giroux, NY, 2009: Why aid is not working and how there is a better way for Africa.

sábado, 17 de enero de 2015

Meteorognomía

Sorprende que el diccionario de la RAE no le haya dedicado una entrada a esta pseudociencia que podríamos definir como el conocimiento empírico de los fenómenos meteorológicos. Desconcierta esta negligencia, más cuando España, precisamente, guarda una riquísima tradición meteorognómica en todas sus regiones: “cuando canta el mochuelo, se moja el suelo”, “cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo”, “si llegan las golondrinas, tienes el verano encima” “mayo caliente y lluvioso, ofrece bienes copiosos”… por citar unas pocas muestras.

Calendario ZaragozanoSe trata de una herramienta predictiva de gran potencia –dicen– en los plazos largos, una “ciencia” de observación perteneciente a las primeras etapas del desarrollo de la meteorología. Debió surgir en las culturas neolíticas, cuando el drástico cambio climático obligó a la humanidad a ejercer la agricultura y el pastoreo. Ambas actividades requieren situarse en el tiempo para sembrar y hacer las labores en los momentos adecuados, conducir los rebaños a zonas más propicias en ciertas épocas del año, etc. Fue entonces cuando se planteó la necesidad de establecer patrones del tiempo atmosférico que permitiesen conocer satisfactoriamente la datación precisa de cada estación del ciclo anual.

En la incipiente televisión española en blanco y negro de finales de los 50, la predicción oficial corría a cargo del primer “hombre del tiempo” que tuvimos en nuestro país, el meteorólogo Mariano Medina, un tipo simpático, telonero en los telediarios de la época frente a un mapa de isobaras que se dibujaba, para cada noticiero, a mano alzada. Con todo, la prensa y la radio de mi tribu del norte preferían a Jacinto Sagarna, más conocido como “el pastor del Gorbea”, en referencia al lugar de la montaña vasca donde, de joven, apacentó su rebaño de ovejas.

mateo marianoAmbos, Mariano y Jacinto, colisionaron un día en una predicción en la que el primero aseguró lluvias para el fin de semana, mientras que el pastor prometía unos días soleados. El meteorólogo se comprometió en pantalla a que, si no llovía durante el fin de semana, se afeitaría su poblado bigote. Así fue: el lunes, el bueno de Mariano Medina apareció en la tele sin mostacho, y nunca más se lo volvió a dejar crecer.

Obviamente, en la época, los predictores oficiales no contaban con los Meteosat actuales, el “gran hermano” espacial que vigila, escruta y analiza múltiples aspectos de nuestro planeta. No sé, sinceramente, cómo podrían, con qué elementos contaban entonces para desarrollar aquellas predicciones. Sea como fuere, el método básico del pastor del Gorbea eran las témporas, muy extendidas en las montañas vasconavarras, que pronostican el tiempo de cada estación partiendo de lo acontecido el miércoles, viernes y sábado previos al equinoccio y al solsticio, y en la observación de los vientos, nubes, humos, plantas y animales: “si el rebaño se aprieta, lluvia segura”. No se conocen estudios documentados que avalen este método.

meteo pastorUn fin de semana, nos fuimos de excursión familiar, de aquellas con tortilla de patatas y pimientos verdes fritos, al monte Gorbea. Andaba yo muy ilusionado por conocer al pastor y plantearle unas cuantas preguntas que me bullían en la cabeza. Decepción: hacía ya muchos años que sus pronósticos se cocían en un pueblecito de La Rioja donde tenía una bodega y, supongo –malevo–, que tal vez los vapores del tempranillo y la garnacha tendrían algo que ver con las témporas.

Mi padre decidió echarle un pelín de aventura a la expedición y pernoctamos en la cabaña de uno de los pastores: sin ventilación, con un olor insoportable a leche cruda, cagarruta de oveja, boñiga de vaca y uno especial que se metía muy dentro, el de los quesos madurando en un rincón oscuro del habitáculo. No nos faltaron pulgas, ratones y lirones mitxarroak, enemigos de quesos y hogazas.


IMÁGENES: Arriba, Mariano Medina, el primer "hombre del tiempo" en la historia de la TVE y, sin duda, el más popular, con casi treinta años de labor profesional (1956-1985) frente a las pantallas de televisión, donde demostró su capacidad de comunicación y su rigor profesional. Centro, el Calendario Zaragozano, una publicación anual española que incluye una predicción meteorológica no científica para el periodo de un año, se viene editando desde 1840 y es muy popular y reconocido entre la gente del campo. Abajo, un pastor en el monte Gorbea (1.481m).

sábado, 3 de enero de 2015

Hijos de puta

Con el paso del tiempo, algunas palabras van cambiando de sentido, y actualmente no se tienen por afrentosos ciertos términos que en otras épocas se consideraron injurias insoportables. Son agresiones verbales que han ido perdiendo fuerza. Un ejemplo evidente de la pérdida de significado es, sin duda, la frase “hijo de puta”. Una jueza de Mallorca sostiene que quien la pronuncia no tiene ninguna intención de dar a entender absolutamente nada “sobre la madre de quien la soporta”. La magistrada interpreta que la frase no es injuriosa, sino una expresión propia de la mala educación, “una grosería que responde a la falta de principios que se va adueñando paulatinamente de la sociedad en que vivimos”. No sé qué es peor.

Noe hijoputaLa locución “hijoputa” o “hijo de puta” está considerada uno de los tacos o insultos más utilizados en el idioma castellano. Según algunos lingüistas, su ambivalencia como ofensa y como encomiástico data ya de la literatura del Siglo de Oro, basándose en la definición de Gonzalo Correas quien, en su “Vocabulario de refranes y proverbios” definía “hijo de puta” o “hi de puta” como una expresión que se empleaba “encareciendo o alabando en bien o en mal”.

En efecto, en una de las obras cumbre de la literatura del siglo XVII, “Don Quijote de la Mancha”, se emplea, en castellano antiguo, la expresión “hi de puta” en algunos pasajes, en uno de los cuales Sancho Panza alude a esta dicotomía alabando el vino que se está bebiendo:

-¡Oh hi de puta, bellaco, y cómo es católico!

-¿Veis ahí -dijo el del Bosque en oyendo el hi de puta de Sancho- cómo habéis alabado este vino llamándole hi de puta?

-Digo -respondió Sancho- que confieso que no es deshonra llamar hijo de puta a nadie, cuando cae debajo del entendimiento de alabarle.

Guillermo Sheridan, en su obra “Paralelos y meridianos” realiza una reflexión sobre el tema, concluyendo que “hijo de puta” es un insulto de varias bandas: se insulta al adversario por ser hijo de puta pero, por metonimia, se insulta a la madre, por puta, y al padre, por consentidor. Además, es un insulto gerundial, pues el hijo de puta lo fue al nacer, sigue siéndolo en el presente y lo será aún en el futuro. Un hijo de puta lo es a perpetuidad.

hijos de puta 3

En 1734, en el diccionario de la lengua castellana se explicaba el verdadero significado de las voces, destacándose únicamente el sentido peyorativo del término: "El que no es procreado de legítimo matrimonio". En el diccionario actual de la RAE, la locución significa “mala persona”, indicando que suele usarse también como insulto, sin reconocer ninguna benevolencia a la expresión.

El fisiólogo argentino Marcelino Cereijido, en su libro “Hacia una teoría general sobre los hijos de puta”, analiza la hijoputez como infamia universal mediante una perspectiva genética que no deja de lado la historia, la literatura e incluso la filosofía. Según su análisis, el afán por causar daño al prójimo es mucho más que un comportamiento cultural o psicológico, respondiendo a pautas y patrones que permiten un estudio de la maldad desde un punto de vista biológico. Con un lenguaje ameno, siempre apegado a la ciencia, el autor busca una explicación a tantas injusticias, mentiras, incursiones armadas y crueldades inauditas, a los castigos y tormentos infligidos a través de la historia y al maltrato cotidiano al que están expuestos millones de personas, víctimas de arbitrarias decisiones tomadas por genuinos hijos de la gran puta.

No te alteres si alguien te llama hijo de puta. No lo tomes por el corte –que ofende– sino por la empuñadura –que defiende–, pero no olvides vengarte en cuanto puedas, que lo cortés no quita lo valiente.

¡ Feliz 2015 !


IMÁGENES: Arriba, un hijo de puta en el arca de Noé durante el diluvio universal. Abajo, parece que esos dos hijos de… su madre, representantes de Cataluña y Gibraltar, nos felicitaron la Navidad pasada (lo digo por el árbol del fondo en esa “foto de la vergüenza”). Tal vez el primero –solo es un suponer- se llevó algún milloncejo a la colonia británica, paraíso fiscal conocido y reconocido, gestionado por el tipo de la corbata rosa. 

FUENTES CONSULTADAS: Todas las que se citan en el texto más el diario ABC de Madrid y Wikipedia. El último párrafo, “No lo tomes por el corte –que ofende– sino por la empuñadura –que defiende–” es de Baltasar Gracián, en su libro “Oráculo manual y arte de la prudencia”, escrito en 1647.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Londres en el tintero

A estas alturas del siglo, al menos una generación de mis lectores no habrá tenido nunca contacto con los tinteros, aquellos pequeños recipientes contenedores de tinta para escribir “a mano” con plumilla y palillero. Aunque este objeto haya perdido toda su vigencia, no ocurre lo mismo con una frase que lo menciona. Cuando decimos que “algo se quedó en el tintero”, queremos indicar que hay cosas que no se dijeron o quedaron pendientes, tomando al tintero como fuente del contenido de lo que se expresa. En este contexto, mi entrada anterior en el blog adoleció de algunos detalles que se quedaron “en el tintero” y que creo conveniente desvelar ahora para completar mi particular visión de la capital británica.

Si los trámites de entrada en el aeropuerto de Stansted fueron lo que fueron, la salida no fue mejor. Contabilicé hasta 22 puntos de control de equipaje de mano, cifra que no está nada mal. Lamentablemente, 14 de ellos no funcionaban, con lo que el desbarajuste resultó tan monumental como a la llegada

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Los hoteles londinenses son caros: se debe calcular un presupuesto de entre 170 y 200 libras por noche para un hotelito similar a un tres o cuatro estrellas español. En uno de ellos tuve que convivir con una emergency exit o “salida de emergencia”, perfectamente señalizada e iluminada –blanco sobre verde–, ¡en el interior de mi habitación! Imposible conocer, por no pecar de ignorante, si solo para mí uso o para la evacuación de la planta, en cuyo caso mejor no pensar cómo hubiera quedado aquello: ¿“La senda de los elefantes”?...

Londres mantiene una merecida fama de ser la capital europea donde peor se come. En general, los restaurantes, como los hoteles, son caros sin paliativos. El plato nacional, el fish and chips, no es más que un pescado barato –originalmente, bacalao o abadejo-, empanado o empanizado, servido con una guarnición de patatas fritas y guisantes, que suele ofrecerse por menos o bastante menos de 10 libras, según dónde. Como alternativa, multitud de restaurantes hindúes y chinos proponen al viajero sus raciones exóticas y más bien escasas a precios disparatados. A los amantes del vino, les harán pagar unas 20 libras –de ahí para arriba– por una botella de incierto caldo sudafricano o dudoso rioja.

L noriaDicho esto y aun así, Londres bien merece una visita. Solo su nombre ya sugiere historia y señorío. Atesora lugares emblemáticos como el Big Ben, la catedral de St. Paul, el Tower Bridge, la abadía de Westminster, la National Gallery, la Torre de Londres, el Natural History Museum, el London Eye –noria mirador de 135 metros de altura–, el Palacio de Buckingham… Para mí gusto, nada tan impresionante como el British Museum, piedra Rosetta incluida.

En Trafalgar Square podrán admirar, por estas fechas, un sorprendente y enorme gallo azul, de la artista alemana Katharina Fritsch, que ha despertado cierta controversia, instalado sobre lo que se llama el “cuarto plinto”, donde se van mostrando diferentes obras de artistas diversos. En 2002, con motivo del Mundial de Fútbol, el museo de cera “Madame Tussauds" exhibió la figura de David Beckham.

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Las calles antiguas de la City son, para mi gusto, las más fascinantes de la ciudad. La Square Mille ocupa el terreno alrededor del cual los romanos alzaron el primer bloque defensivo hace casi 2.000 años. Estrechos callejones y antiguas iglesias conviven con modernas construcciones, edificios de oficinas e instituciones financieras. De lunes a viernes la City es un hervidero, pero el ritmo se detiene los fines de semana para disfrute de los turistas y de los escasos vecinos de la zona.

Si les gusta “empinar el codo”, pasen por el Bar Pepito, una bodega española en el King’s Cross. No dejen de visitar, en el mismo barrio, el Spaniard’s Inn. Se trata de una taberna que data de 1585, con más carácter que un musical del West End. Aquí pasaba el rato el bandolero Dick Turpin, entre robo y robo, aunque también ha sido el garito preferido de personajes más respetables, como Dickens o Lord Byron.

Disfruten de Londres, “la flor de todas las ciudades”, a decir del poeta escocés William Dunbar.


IMÁGENES: Arriba, un plato de “fish and chips” que, sin ser una maravilla gastronómica, podrá sacarle de algún apuro sin castigar el bolsillo...  ni el estómago. Centro, London Eye, la noria de Londres. Abajo, el gallo azul de Trafalgar Square con la National Gallery a la izquierda.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Londres: aeropuertos y arañas

“¿Qué se podría decir de Londres que no se haya dicho ya?”. Esta frase contundente abre las páginas de una de las tantas guías puestas a disposición de quien desee disfrutar de la historia y poderío, cultura y sordidez, alegrías y desaciertos en esta ciudad de trazado y tráfico insufribles donde conviven más de 250 nacionalidades diferentes cuyos ciudadanos, tolerantes, apenas se escandalizan por nada: “Mientras no espantes a los caballos, colega, todo irá bien”.

Sin embargo, las guías no mencionan determinados escenarios que el viajero debería conocer de antemano para, efectivamente, no escandalizarse por nada. Aquellas brujas con escoba sobre las que escribí en un par de ocasiones, precursoras de los vuelos de bajo costo, se llaman ahora Ryanair, Vueling, EasyJet… y han aumentado considerablemente el tráfico en algunos de los aeropuertos alejados de la capital británica, cuyas instalaciones no están, ni muchos menos, preparadas para gestionar la avalancha de vuelos y pasajeros que se les viene encima.

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Nada más desembarcar en la terminal de Stansted, los ojos del viajero se sorprenden con un enorme cartelón punteando la línea UK Border, es decir, la frontera británica. No existe ninguna indicación para quienes, procedentes de otro país miembro de la Unión Europea (UE), deberíamos poder movernos con absoluta libertad, como derecho fundamental establecido en los tratados de Schengen de 1985 y 1990, y expresado a través del “espacio de libre circulación, libertad, seguridad y justicia, exento de fronteras internas” (sic). Ni una sola indicación de que estamos en territorio comunitario.

Con un par de aviones de tipo medio, aquello se colapsa. Cientos de pasajeros, europeos o no, en un singular atropello tercermundista y bananero, pasan los controles de inmigración exhibiendo un documento nacional de identidad o un pasaporte electrónico. Las máquinas de lectura automática, supuestamente high tech, se bloquean reiteradamente y un voluntarioso empleado, precisamente hindú, presta apoyo manual para sacar adelante el trámite migratorio, tan arbitrario como innecesario para los nacionales de la UE.

London 2No debieron resultar así de peliagudas las formalidades de aduana para cierta intrusa que, en el medievo, decidió empadronarse definitivamente en la abadía benedictina de Westminster, lugar tradicional para las coronaciones y entierros de los monarcas ingleses y británicos. De origen mediterráneo, aseguran que la viajera llegó de España en uno de los tantos barcos que transportaban grano para las islas. Se la conoce como Segestria Florentina, luce un aterciopelado color verde iridiscente y es la araña europea más grande de su familia zoológica.

Vive entre las grietas de los muros de la abadía, atenta a las vibraciones de los hilos de seda que irradian desde una especie de tubo a cuya entrada se aposta, lista para la caza y captura de una presa más o menos comestible: mosca, polilla, cucaracha… que haya tenido la desgracia de rozar la telaraña. A las abejas y avispas las ataca en la cabeza, a fin de mantener alejado su peligroso aguijón. Si alguien la acosa, probablemente le morderá “en defensa propia”, causándole una ligera irritación en la piel, no mayor que la provocada por el roce con una ortiga. Nada grave.

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Se han localizado algunos ejemplares en el interior del palacio de Buckingham, residencia de la reina. Se dice de Isabel II que sería capaz de mantener la compostura, sin pestañear, ante la avalancha de un caballo lanzado al galope. Sin embargo, la visión de una de estas arañas le haría dar un brinco, aterrorizada, a la mesa o silla más próxima o a colgarse de una de las pesadas cortinas que cubren las ventanas de palacio. Motivo más que suficiente para la movilización inmediata de su guardia personal, de cara a la neutralización fulminante de la intrusa.

En otros pagos, la gente no teme a las arañas, culturalmente importantes y, en ocasiones, un delicioso aperitivo. Bien tostaditas, por si acaso.


IMAGENES: Arriba, aeropuerto de Stansted, colapsado, a las afueras de Londres. Centro, araña “Segestria Florentina”, que puede medir hasta 22 mm de largo. Abajo, palacio de Buckingham con la guardia formada.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Trileros

Gran parte de mis lectores no sabrá que los trileros son profesionales del engaño, de un juego callejero llamado trile, asociado a la estafa, que se practica tradicionalmente en zonas concurridas por turistas y gente desprevenida.

Existen dos modalidades: la primera se juega con tres cartas de la baraja, generalmente un rey y dos doses, y la segunda con tres cubiletes y una bolita. En ambos casos, el objetivo del juego es que la víctima o jugador adivine dónde está el rey o debajo de qué cubilete se encuentra la bolita. Hábilmente manipulados por el estafador, el incauto debe apostar a la posición en la que cree que se encuentra el elemento en cuestión.

El trilero es ayudado por otros miembros de la banda, haciendo de gancho, quienes persuaden a la víctima de la facilidad para acertar y ganar dinero. El método más común es apostando a la elección ganadora, en cuyo caso el estafador paga generosamente al jugador ganador quien, como digo, es un compinche del grupo de tramposos.

El trile callejero está asociado al equívoco, mediante mañosos juegos de manos, para evitar que el jugador acierte con la posición correcta. En el caso de la bolita, el truco del estafador consiste, mediante una elaborada habilidad de prestidigitación rápida, en esconder la bolita en alguna de sus manos para evitar que la víctima la localice. Obviamente, este truco no lo hará cuando desee que el jugador acierte. En algunos casos el trilero permitirá que una víctima que no es cómplice del fraude atine con la posición correcta. Suele consentirlo cuando la cantidad apostada es baja, con el objetivo atraer más ingenuos a la trampa.

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En un concurrido y soleado fin de semana, en las Ramblas de Barcelona, las manos del trilero mueven los cubiletes con la habilidad de un alfarero moldeando la arcilla: “Un, dos, tres. ¿Dónde está la bolita?”… vocea frente al variopinto público que se arremolina a su alrededor.

Las circunstancias –a la gente ya no se la engaña con facilidad- y la dudosa rentabilidad del oficio, han obligado a la reconversión de los trileros catalanes en una mafia trincona que saquea y desvalija todo lo que se le pone a tiro. Esta tropa de depredadores ha ido incorporando sucesivos golfos oportunistas, partidos políticos, políticos, clanes familiares y clubes de amigos que se han repartido negocios y corruptelas.

Desde el caso Banca Catalana, que salpicó temprano al entonces presidente de la Generalitat y cofundador de Convergència i Unió, Jordi Pujol, se han registrado hasta una veintena de casos de corrupción en los que se ha involucrado al partido.

El relevo generacional, tanto de cargos políticos como de empresarios dispuestos al cohecho, parece asegurado. Como en el caso de las ITV, en el que otro Pujol, hijo del anterior, aparece imputado por intentar amañar concursos de adjudicación de estaciones de inspección técnica de vehículos.

forges-justicia-corrupcionCitar de corrido, por no aburrir al lector, otros casos en la Cataluña del seny, donde los responsables del Palau de la Música habrían expoliado hasta 30 millones de euros en sus últimos años al frente de la institución, junto con el del Hotel del Palau, por el que se inculpa a la antigua cúpula de Urbanismo de Barcelona. O el caso Turismo, que condenó al ex secretario general de la formación socialcristiana y a un empresario catalán por malversación de fondos públicos a base de informes innecesarios copiados de internet. O el más reciente de los 30 millones de euros de Pujol padre, heredados del suyo y depositados en paraísos fiscales...

Profesionales del trile con honorables disfraces.


IMÁGENES: Arriba, trileros en las Ramblas de Barcelona; instalaciones precarias para salir huyendo a todo trapo. Centro, honores al honorable. Abajo, viñeta de Forges.

FUENTES CONSULTADAS:

> Wikipedia: trile.
> ABC: El clan de los 400. Retrato de la corrupción en Cataluña.
> El Oasis Catalán, Xavier Casals, Edhasa, Barcelona 2010.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Madame Charité

En una diminuta isla de las Pequeñas Antillas del Caribe, en una sencilla casita de vivos colores, modesta y limpia, habitaba Madame Charité con sus siete hijos y ningún marido, sobreviviendo con la sapiencia heredada genéticamente de sus antepasados africanos y sus abuelas caribeñas, como un fragmento de la historia cotidiana del lugar.

Resultaba difícil no verla. Su cuerpo, espectacularmente alto y grande, en torno a unas doscientas libras que gustaba vestir de blanco, turbante incluido, con elegante coquetería. Su busto, una cama de matrimonio y sus caderas una plaza de toros donde debieron celebrarse inolvidables corridas. Dicen que la primera fue a cargo de un ingeniero francés que la sedujo en un rincón de la plantación y le dejó el primer recuerdo de carne y hueso. Luego vinieron otros amantes y otros hijos hasta completar la cifra cabalística: siete como los siete días de la semana o las siete notas musicales o los siete pecados capitales o los siete colores del arcoíris. Así eran los chicos: de todos los tonos de piel, caras, tamaños y color de ojos imaginables.

charité 2

No tenía apuro en la vida. En momentos de mucha necesidad, sus siete hijos se repartían entre las familias donde se olían cocinados de cerdo o de pargo a la criolla o de cualquier otra cosa comestible. Felizmente, esos tiempos habían pasado. A fuerza de trabajo, honradez y dedicación en cuerpo y alma a la United Fruit, consiguió un puesto de supervisora, como anunciaba la chapa dorada que lucía con orgullo en el lado izquierdo de su impecable y abultado delantal.

Un aciago lunes llegó a la plantación el nuevo capataz, es decir, el supervisor de las supervisoras, mal encarado y feo como para hacer llorar a las cebollas. En el primer cruce de miradas, Madame Charité tuvo la convicción de que aquel sapo le iba a hacer la vida imposible, pero la peculiar parsimonia de la mujer era directamente proporcional a su cordura, sabiendo que el que manda, manda, y que sería mejor no provocarle y tener la fiesta en paz.

Charité 11 de la canaria  Julia ChillónEntre amagos de prepotencia de él y soberbia impasible de ella fueron pasando los días, hasta que una tarde, el capataz ordenó a Madame Charité que le sirviera un café. Todas las miradas de sus compañeras se volvieron alternativamente del uno a la otra, avizorando la tormenta bajo techo que no tardó en estallar. La supervisora se negó, haciendo valer su condición de tal: “No te equivoques conmigo, boss”, replicó, y continuó haciendo su tarea como si tal cosa. La indiferencia de la mujer desencadenó una retahíla interminable de gritos y amenazas que no consiguieron doblegar aquel orgullo femenino amasado en años de penuria y olor a banano.

El capataz puso los hechos en manos del patrón quien, a su vez, los elevó a conocimiento del juez, el cual dispuso la presencia inmediata de la rebelde frente a su señoría. Madame Charité llegó al juzgado con su traje y turbante impecablemente blancos, flanqueada por sus siete hijos, alegando que no tenía dónde dejarlos, bañados y repeinados para la ocasión. Se sentaron todos en un banco largo y, cuando el reloj de la iglesia dio las siete campanadas de la tarde y el juez se disponía a hablar, la mujer miró a sus hijos y les dijo suavemente: “Ya”. La confusión se apoderó de la sala y todo se anegó de lloros, gritos, pataletas: “¡Mamá, tengo hambre!”, “¡Mamá, me meo!”, “¡Mamá, tengo sed!”, “¡Mamá, caca!”, “¡Mamá, me duele!”…

Incapaz de continuar con aquella insoportable algarabía, el juez concluyó que enfrentarse a un capataz maleducado y feo no era tan grave y, en previsión de mayores males para la integridad de su juzgado, ordenó a Madame Charité, a quien conocía bien, que saliera inmediatamente de la sala con sus hijos y que no se le ocurriera nunca más aparecer por allí. Y así aconteció.

Al capataz le mudaron de isla y no se le volvió a ver por la plantación. Volvieron las aguas a su cauce y Madame Charité a sus tareas de supervisora y al cuidado de su numerosa prole.

Ínclitas razas ubérrimas…


IMÁGENES: Arriba, en una de estas casitas de colores vivía Mme. Charite. Abajo, retrato de una supuesta Mme. Charité, pintado por la artista canaria Julia A. Chillón.

sábado, 25 de octubre de 2014

El muro de Adriano

Adriano busto"Los viejos dioses murieron y los nuevos no habían llegado todavía. Hubo un momento en el que el hombre estuvo solo", escribió Flaubert. Durante ese periodo único en que la humanidad respondió solamente ante sí misma, el emperador Adriano (76-138 d.C.) tomó una decisión extraordinaria que dejaría una profunda huella en Occidente: ordenó la construcción de un muro para "separar a los bárbaros de los romanos", como señala la Historia Augusta en la única referencia clásica a la primera frontera fortificada de Europa.

Después de un largo periodo en el que las piedras romanas fueron utilizadas a lo largo de los siglos para construir castillos, iglesias o granjas, existe una pregunta fundamental a la que aún no se le ha encontrado respuesta: ¿Para que servía esa inmensa muralla? Algunos la comparan a una puerta en mitad de la nada, una frontera claramente artificial, porosa, “como de barro, de bruma o de hojarasca por la que el aire transita, por la que el cuerpo resbala, se filtra y trasmina”, en palabras de Dino Buzzati. "Fue construido para mostrarse imponente, pero no para mantener a los bárbaros fuera del imperio”, según Mary Beard, de la Universidad de Cambridge.

adriano  botijoRecuerdo, de cuando era niño, la explicación mágica que me daba mi padre acerca del funcionamiento del botijo: las paredes porosas de barro cocido permitían el trasiego minúsculo, invisible, del aire hacía el interior de la vasija, lo que creaba una corriente imperceptible que refrescaba el agua alojada en su interior con una frescura natural, no de nevera, sino con un cierto regusto a pared de bodega olvidada. A cambio, el agua encerrada exudaba por los mismos poros, deslizándose por las paredes exteriores de la vasija hasta crear un minúsculo charco en las baldosas negras y blancas de la cocina.

El mundo ha estado siempre plagado de muros, fronteras y paredes, porosas o no. Desde elementos naturales, magnas cordilleras y caudalosos ríos, a simples líneas cartográficas irreconocibles sobre el terreno y, con frecuencia, auténticas murallas construidas con el pretexto de la defensa de un territorio o de su economía o de “protección antifascista”, como el llamado “telón de acero” o iron curtain que dividió Europa desde el mar Báltico al Adriático, o como la gran muralla china, visible desde la Luna, dicen: una fortificación construida y reconstruida entre el siglo V a.C. y el siglo XVI para proteger la frontera norte del imperio de los ataques de los nómadas xiongnu de Mongolia y Manchuria.

El muro de Adriano o el de Berlín, la muralla china o la muralla romana de Lugo, el muro de las lamentaciones en Jerusalén, las murallas de Dubronik, de Ávila, de Micenas o de Babilonia, las del gueto de Varsovia… Afortunadamente, todas han dejado de desempeñar el papel para el que fueron construidas, integrándose como elementos relevantes de circuitos turísticos, lúdicos o religiosos, cuando no en Patrimonio de la Humanidad.

Adriano, muroSin embargo, políticos sin escrúpulos, en una iniciativa lamentable y desgraciada, pretenden resucitarlas erigiendo nuevos muros: fronteras impermeables para ocultar rapiñas y fraudes, proteger identidades nacionales que nunca existieron y supuestos derechos de incógnito origen, o para manipular y mistificar impúdicamente la historia de este país de héroes, dictadores, aventureros y egregios hijos de puta que es España.

El escritor galés Ken Follet es contundente: “Me preocupa mucho el ascenso de políticos que buscan despertar el odio. Desde mi punto de vista, el nacionalismo es un callejón sin salida”. Aun así, Follet no acierta del todo: despertar el odio es solo un “daño colateral” inevitable. El verdadero objetivo pasa por blindarse contra un sistema que, mal que bien, acaba siempre desenmascarando a ladrones honorables.

Añadan canut y barretina, pónganle música de sardana y tendrán el cuadro completo.


IMÁGENES: Arriba, busto del emperador Adriano del siglo II, hoy en el Palazzo dei Conservatori, Roma. Centro, botijo español de barro cocido. Abajo, fortificación en el muro de Adriano.

OTROS PERSONAJES CITADOS EN EL TEXTO:

Beard, Mary: Latinista de la Universidad de Cambridge y profesora de Literatura antigua.

Buzzati, Dino: Fue un novelista y escritor de relatos italiano, y periodista del Corriere della sera.

Flaubert, Gustave: Está considerado uno de los mejores novelistas occidentales y es conocido principalmente por su primera novela publicada, Madame Bovary.

Follet, Ken: Escribió Los pilares de la tierra y su secuela Un mundo sin fin, así como la trilogía Century, cuyo tercer volumen finaliza con la caída del muro de Berlín.

OTROS DETALLES:

La Historia Augusta es una colección de biografías escrita en latín de los emperadores romanos, sus colegas y los usurpadores del trono, que abarca el periodo comprendido entre 117 y 284. Se presenta como la unión de las obras de seis autores diferentes. Sus mayores problemas están relacionados con las fuentes utilizadas, y con determinar cuánto del contenido de la obra es pura ficción.

El canut, la barretina y la sardana forman parte de la cultura de Cataluña y su significado puede consultarse pulsando sobre cada elemento.