sábado, 18 de enero de 2014

El problema de las patatas

En el último informe del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes, PISA 2012, España vuelve a suspender en matemáticas. El rendimiento de los alumnos españoles que concluyen la enseñanza obligatoria está por debajo de la media y sigue siendo algo peor que el de la mayoría de los países de la Unión Europea.

En conjunto, el rendimiento académico de los estudiantes españoles no empeora, pero sigue mal, lo que nos sitúa en el puesto 34 de una lista de 66 países. Shanghái (China), Singapur, Hong Kong (China), Taipéi y Corea del Sur ocupan los cinco primeros puestos, mientras que entre los últimos lugares se encuentran varios países de América del Sur: Chile (52), Uruguay (56), Brasil (59), Argentina (60), Colombia (63) y Perú (66). Bolivia, Paraguay, Ecuador y Venezuela ni siquiera figuran en el listado.

Patas einstein

En el caso de España, las sucesivas leyes, siete de 1970 a 2012, la mayoría de corte socialista –ya saben: igualar por lo más bajo–, han generado un deterioro generalizado de la educación que, dentro del drama que esto supone, queda muy bien expresado, en clave de humor, en el llamado “problema de las patatas”, que trascribo a continuación con algunas aportaciones personales.

Enseñanza tradicional: Un campesino vende un saco de patatas por 1000 pesetas. Sus gastos de producción se elevan a los 4/5 del precio de venta. ¿Cuál es su beneficio?

Enseñanza tradicional remozada: Un campesino vende un saco de patatas por 1000 pesetas. Sus gastos de producción se elevan a los 4/5 del precio de venta, es decir, a 800 pesetas. ¿Cuál es su beneficio?

Enseñanza moderna: Un campesino cambia un conjunto P de patatas por un conjunto M de monedas. El cardinal del conjunto M es igual a 1000 pesetas y cada elemento P de M vale una peseta. Dibuja 1000 puntos gordos que representen los elementos del conjunto M. El conjunto F de los gastos de producción comprende 200 puntos gordos menos que el conjunto M. Representa el conjunto F como subconjunto del conjunto M y responde a la cuestión siguiente: ¿Cuál es el cardinal del conjunto B de los beneficios?

potatosackEnseñanza renovada: Un agricultor vende un saco de patatas por 1000 pts. Los gastos de producción se elevan a 800 pesetas y el beneficio es de 200 pesetas. Subraya la palabra “patata” y discute sobre ella con tu compañero.

Enseñanza asistida por ordenador: Un productor del espacio agrícola en red de área global peticiona un data-bank conversacional que le displaya el day-rate de la patata. Después se baja un software computacional fiable y determina el cashflow sobre pantalla de mapa de bits. Dibuja con el ratón el contorno integrado 3D del saco de patatas, haces un log-in a la red por 36.15 código BP (Blue Potatoe) y sigues las indicaciones del menú.

Enseñanza -n: Dios, en su infinita bondad, se apiada de unos pobres agricultores que asisten a misa todos los días y cumplen los preceptos de la Santa Madre Iglesia y les bendice con una gran cosecha de patatas. Después de vender a un precio justo, dejan parte de los beneficios en el cepillo. En el pueblo se venera a San Antonio y a San Isidro. Indica cuál de ambos crees que ha influido ante Dios para que la cosecha sea buena y luego reza un padrenuestro y dos avemarías para agradecer a Dios todas sus bondades.

Moraleja: Donde no hay mata, no puede haber patata.


IMÁGENES: Arriba, Einstein atento al problema. Abajo, el saco de patatas que el campesino supuestamente vendió por 1000 pesetas.

Datos sobre matemáticas: Informe PISA 2012.

sábado, 4 de enero de 2014

Sobremesa

Invierno en el hemisferio norte. El día está fosco y desapacible. Un frío viento de poniente, del Moncayo, alborota los primeros copos de nieve de 2014. Mi mujer nos espera al amor de la lumbre –es un decir– esmerándose con un cocido serio y contundente, receta propia. Custodiando la mesa, un par de botellas de tempranillo crianza. En la pared, las dos y media de la tarde.

FMI-onu1A las tres en punto, en la caja tonta, Ban Ki-moon, octavo secretario general de la ONU, saca pecho celebrando el compromiso alcanzado con Bashar al-Asad –después de más de dos años de guerra, por encima de cien mil muertos y un millón de desplazados– para que destruya su arsenal de armas químicas en el plazo de un año. El acuerdo se lo pasará el sirio por el forro de los huevos, como los ingleses con las resoluciones del organismo sobre la descolonización de Gibraltar. La ONU no puede garantizar el respeto a sus miembros mientras existan países con poder para vetar cualquier resolución que no les convenga. ¿Aún no se han enterado…?

Luego sale Christine Lagarde, flaca y fea, directora del FMI, afirmando sin despeinarse que ve factible que España cumpla sus objetivos de déficit en 2014. Hace unas semanas dijo, apocalíptica, que la recuperación no arrancaría en España hasta 2017 y hace unos años anunció que el PIB español crecería un 3 % en 2010. ¿En qué quedamos? [1]

Los encontronazos de los directores del FMI con los tribunales son una constante que ahonda su descrédito. Los problemas de la flaca con la justicia francesa, el escándalo sexual de Strauss Kahn, la quiebra de Bankia imputada a Rato… Sumen las experiencias negativas de los países que han sido intervenidos por la institución en el pasado. ¿Alguna vez ha prestado el FMI –o las Naciones Unidas– un auxilio razonable? Si desapareciesen no pasaría nada, salvo que sus miles de funcionarios tendrían que buscarse un empleo útil.

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Con respecto al Banco Mundial, las preocupaciones y dudas giran alrededor de los tipos de proyectos financiados. Muchos de ellos tienen graves implicaciones a nivel social y la crítica se centra en los cuestionamientos éticos que los envuelven. Anoten la enajenación de un presidente de Costa de Marfil obsesionado por construir una nueva capital en Yamusukro, su pueblo natal, incluyendo una basílica como la de San Pedro en el Vaticano. Con un 45 % de su población viviendo bajo el índice de pobreza –menos de tres dólares al día– y una deuda externa de más de 12.000 millones de dólares, el país está obligado a solicitar nuevos créditos, endeudándose cada vez más para pagar los intereses del capital debitado, que no podrá amortizar de ningún modo.

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El punto de inflexión de la retórica económica de estas organizaciones se sitúa en torno a los años 70 y más, cuando se alinearon con las doctrinas monetaristas de Friedman, principal representante de la llamada Escuela de Chicago, grupo de economistas que considera que “el gobierno es la causa de todos los problemas de la economía, por lo que debe reducirse a la mínima expresión”. El modus operandi de estos locos requiere un estado de shock previo para, a continuación, desregular –generalmente en favor de las grandes corporaciones–, privatizar instituciones del estado –vender sus activos– y reducir costes sociales.

El modelo fue un fracaso total, nunca reconocido por los Chicago Boys. Sus postulados fueron la base de las políticas que se establecieron en algunos países en aquellos años, adoptados por el gobierno chileno del general Pinochet y, sin abandonar del todo la asistencia social, por Ronald Reagan en USA –reaganomics [2] y la Thatcher en el Reino Unido. Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay, Indonesia e incluso Rusia padecieron igualmente la pesadilla de la doctrina de Friedman. Algunos aún no han conseguido superarla.

En este punto, atardecido, damos por terminada la tertulia, el café y el pacharán, que raras veces un cocido suele dar tanto de sí.


IMÁGENES: Arriba, los restos de la ONU ondeando al viento. Centro, manifestantes quemando una pancarta del FMI. Abajo, la catedral de San Pedro en Yamusukro, Costa de Marfil.

[1] El FMI (Fondo Monetario Internacional) se ha desdicho de lo afirmado y ahora sostiene que no, que España no cumplirá sus objetivos de déficit para el 2014. Parece que esta gente habla según de dónde sople el viento o la marea o las fases de la luna, sin tener ni puta idea de lo que dice.
[2]  Los cuatros pilares de esta política fueron: (i)
Reducir el crecimiento del gasto público, (ii) Reducir los tipos marginales de los impuestos que gravaban el trabajo y el capital, (iii) Reducir la regulación de la actividad económica, y (iv) Control de la oferta monetaria y reducir la inflación.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Las arañas de Navidad

No tenía yo una idea clara acerca de qué escribir para la entrada de este sábado, a tres días justos de la Navidad. Cierto que me podría haber ahorrado el apuro, dado que siempre cuento en reserva con un par de textos para utilizar en alguna ocasión excepcional. Mi mujer me ha echado una mano, recordándome la leyenda que nos contaron en Alemania durante un viaje que hicimos cuando nuestros hijos eran todavía pequeños e ingenuos, lo suficiente como para escuchar boquiabiertos estas triviales historias.

Dicen que hace mucho tiempo -cuando no existían la Opel ni la Mercedes Benz-, en un pueblecito situado en un escenario de ensueño, junto a un soberbio bosque de abetos, habitaba un leñador, que bien pudiera llamarse Egbert, con su esposa y sus tres hijos cuyos nombres he olvidado por completo.

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Era su hogar una humilde cabaña de madera, con un sencillo y acogedor salón en el que, por primera vez, iban a colocar un árbol de Navidad para disfrute y alboroto de los niños: un pequeño abeto que Egbert había elegido y cortado esa misma mañana. Al no existir aún el departamento de medio ambiente de la bundesrepublik, la cosa no estaba tan mal vista ni castigada como ahora, probablemente porque habría muchos abetos y muy pocos depredadores.

El caso es que, como digo, colocaron el árbol a un lado de la chimenea porque habían oído que a Santa Claus le gustaba colarse por allí para entregar sus regalos. Iban pasando los años y, por culpa del reuma y algo barrigudo ya, no parecía el mejor modo de presentarse. Los chicos dispusieron calcetines y decoraron el árbol con piñas pintadas y frutos de brillantes colores recogidos en el bosque. Escoba en mano, la familia al completo dejó todo reluciente para noche tan especial. Luego se fueron a dormir tranquilamente.

En una de las vigas, en el techo de la cabaña hasta donde no llegaban las escobas, tenía instalado su nido una familia de arañas que observaba todo con curiosidad. Pronto repararon en algo prodigioso: abajo, junto al hogar, había un arbolito engalanado con singulares y relucientes frutos que no habían visto nunca. Las arañitas estaban muy impacientes por visitarlo, pero mamá araña, prudente como todas las mamás, no las dejó acercarse hasta que la casa quedó en absoluto silencio.

arañas_navidad-240x320Entonces se deslizaron por sus hilos, bajando hasta el árbol para ver de cerca aquellas maravillas. Se pasearon arriba y abajo admirándolo todo, tocando los adornos con sus patas y dando tantas vueltas alrededor que, al final, el árbol quedó completamente envuelto en telarañas, perdiendo así todo su brillo y esplendor.

Por la puerta, por la ventana o por la chimenea, el caso es que Santa Claus llegó para dejar sus regalos y se rió y alegró de ver tan felices a las arañas… Sin embargo –pensó-, los niños se pondrían muy tristes al despertar, contemplando su preciosa obra, su árbol de Navidad, sucio, enmarañado y gris.

Decidió preguntar a las arañas si querían quedarse en el árbol para siempre. Algunas dijeron que sí y otras decidieron volver arriba, a la seguridad de su nido. Santa Claus sopló sobre el árbol y las que quisieron quedarse se convirtieron en arañitas doradas y de colores, y sus hilos en bonitas y brillantes guirnaldas que colgaban de las ramas del árbol, haciendo que este pareciera aún más hermoso y resplandeciente a los ojos de los niños.

Desde entonces, muchas personas adornan con arañas y guirnaldas su árbol de Navidad.


IMÁGENES: Arriba, Santa Claus en Laponia. Abajo, arañitas del árbol de Navidad.

Particularmente me gusta más un nacimiento o portal o pesebre que el árbol. Para dar gusto a todos, en casa ponemos las dos cosas.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Adiós, Madiba, adiós

Nelson Rohilhlala Mandela nació hace 95 años en la remota aldea sudafricana de Mvezo, a más de mil kilómetros al sureste de Johannesburgo, abocado a convertirse en un consejero de la tribu Xhosa. La vida, sin embargo, le deparaba un final distinto. Mandela ha fallecido este jueves bajo la atenta mirada del mundo y entre las lágrimas de la nación que él mismo creó.

Primer presidente negro de Sudáfrica, encarcelado durante 27 años por su oposición al régimen de la supremacía blanca, Mandela es el símbolo de la integridad política, el sacrificio y la perseverancia. En 1993 recibió el Premio Nobel de la Paz junto al último presidente del apartheid, De Klerk, por su mensaje de reconciliación entre razas cuando su país se asomaba al abismo de la guerra civil.

Cambió la revancha por la convivencia y logró que los sudafricanos, segregados durante décadas, se unieran en una de las transiciones hacia la democracia más pacíficas del continente africano.

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En su alegato en el proceso de Rivonia, Mandela dibujó un retrato de sus principios morales y su compromiso político, incluso bajo la amenaza de una sentencia de muerte: «He luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra. He albergado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas convivan en armonía e igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero alcanzar en vida. Pero, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir».

Los blancos le engañaron. Mientras él y algunos de sus seguidores de primera línea discutían la configuración del nuevo estado, otro grupo de segundo nivel, escasamente preparado para negociar, se ocupaba de asuntos aparentemente menos importantes. Cesión tras cesión, en el momento mismo de materializar los sueños del Freedom Charter, descubrieron que el poder estaba en otra parte. El deseo de que “el pueblo gobierne” se haría pronto realidad, pero el ámbito sobre el que realmente iba a gobernar mermaba de un día para otro.

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¿Que quieren distribuir tierras? Imposible. Una cláusula añadida a última hora a la nueva constitución hace prácticamente inviable cualquier intento de reforma agraria. ¿Que quieren crear empresas para millones de trabajadores en paro? No pueden. Un acuerdo con el GATT ilegaliza los subsidios necesarios. ¿Que quieren conseguir medicamentos gratuitos contra el sida? No, porque se vulnera el compromiso de respeto de la propiedad intelectual contenido en el acuerdo con la OMC. ¿Aumentar el salario mínimo para reducir el diferencial de rentas? Ni se les ocurra. El acuerdo con el FMI nos compromete a promover la “contención salarial”. Y así sucesivamente.

Hoy, el centro de Johannesburgo y otras ciudades importantes está ocupado por los negros, viviendo o sobreviviendo en condiciones precarias como, por ejemplo, en un edificio de oficinas sin adecuar y en condiciones higiénicas deplorables. Mientras, las lujosas residencias de los blancos ocupan las mejores tierras, fuertemente protegidas contra cacos y maleantes: “Atención, respuesta armada”, se lee en muchas tapias coronadas de alambre de púas electrificado.

Admirado a partes iguales por blancos y negros, tata Madiba deja huérfano a un país necesitado más que nunca de su tutela moral, acuciado por las diferencias raciales, el sida, las desigualdades y la corrupción, dos décadas después de su llegada a la presidencia.

Descanse en paz, papá Madiba.


IMÁGENES: Arriba, con la copa que ganó España en el Mundial de Fútbol de 2010 en Sudáfrica. Abajo, celebrando su 92 cumpleaños. Observen sus exclusivas y espectaculares camisas, diseñadas en Burkina Faso y confeccionadas en Costa de Marfil.

FUENTES: Prensa diaria, “La democracia que nació encadenada” –de Naomi Klein- y mis experiencias propias en Sudáfrica.

ABREVIATURAS:
FMI – Fondo Monetario Internacional
GATT - Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio
OMC – Organización Mundial del Comercio

sábado, 23 de noviembre de 2013

Teléfono inteligente, oiga

Todo comenzó durante una sobremesa familiar en la que mis hijos decidieron que su querido y viejo progenitor no podía andar por el mundo con aquella antigualla de Nokia de cuando no había tren. Necesitaba un smart phone. De nada sirvió alegar que mis necesidades estaban cubiertas con poder hablar por teléfono y despachar algún ocasional mensaje de texto. ¡Pues, no! Ahora, un teléfono celular que marque paquete debe disponer de guasap, una cámara de fotos –mejor, dos– y decenas de aplicaciones quasidiabólicas made in cualquier país de ojos oblicuos.

Lo del guasap sí que me intrigaba un poco porque había oído hablar de la cosa en el tranvía a unas minifalderas paticortas: “Te mando un guasap esta tarde”. Tenía yo ganas de saber qué le mandaba la pecosilla a la morenita que la acompañaba, si una tarta de cerezas o una entrada para el concierto de Andrés Calamaro o una caja de píldoras del día después para sus primeras abluciones sexuales…

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No tarde en recibir, de manos de mis herederos, un teléfono celular “que te cagas” –en versión literal al uso–, provisto de sistema Androide (?), cámaras posterior y frontal “de puta madre” –me dijeron–, batería de composición química similar a la del combustible empleado por la NASA… Con el equipo básico más “alguna cosilla” que le habían añadido por su cuenta, pensando en facilitarme la vida. Por ejemplo, la aplicación “Vive Zaragoza” que permite ubicar, sobre un mapa de la ciudad, las paradas del bus –como si uno no viera las marquesinas–, la floristería más próxima a mi domicilio, las farmacias de guardia, los puntos de alquiler de bicicletas –que en mi vida me pasó por la cabeza arrendar una– y otras cumplidas entelequias ciudadanas de similar talante que me importaban exactamente una mierda.

El caso es que aquella cosa negra escondía la tira de sorpresas: para estar bien comunicado –angustioso elegir cómo–, el aludido guasap, más Skype, una segunda línea de Movistar, ChatOn, Gmail, Facebook, Hangouts, Line y el sistema de mensajería de siempre; para leer algo sobre tan chica pantalla, dos lectores de libros electrónicos; para mantener la mente activa, sudokus y juegos de todo tipo –la mayoría, estúpidos juegos de todo tipo–; para entretener mis interminables horas de aeropuerto, música, radio FM, vídeo…

señalesdehumoAñadan internet con acceso por voz, calculadora científica, información del tiempo, cambio de divisas, un diccionario de inglés americano, otro de inglés inglés, otro de francés unificado (?) y otro español de la RAE, un medidor de señal wifi, un detector de radares de control de velocidad, reloj con alarma, galería de fotos, brújula para no perder el norte, un libro de recetas de cocina, sonómetro, dos carpetas de almacenamiento “en la nube”, limpiador de caché, acceso directo a Amazon.com y a las noticias del día actualizadas cada poco…¡Ah! También permitía hablar por teléfono, como antaño. Eché de menos un dispensador de palillos de dientes.

De pronto, el aparato silbó un chu chu chí chu chí chu, como un cazador llamando a su perro. Al minuto escaso otra vez y otra y otra y otra … Pitaba al actualizar una aplicación, cuando llegaba un guasap o un mensaje de texto o un correo electrónico en cualquiera de los n-formatos previstos a las n-direcciones disponibles, cuando la batería estaba baja, cuando terminaba de cargar, cuando limpiaba la caché, cuando le salía de los huevos… ¡Neuronalmente insoportable!

Terminé regalando el esplendoroso Galaxy-no-sé-qué-pollas a un indigente que pedía limosna a la puerta de un MacDonals para irse de vacaciones a Cancún.

Dice mi mujer que mis hijos no me lo perdonarán nunca. Yo tampoco.


IMÁGENES: Arriba, una espectacular Marilyn Monroe dando palique a un par de admiradores con un sistema de telefonía dual. Abajo, modelo de comunicación inalámbrica “en la nube” de los indios americanos.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Deprimidos

La depresión ha sido una antigua compañera del ser humano a lo largo de todas las épocas y al margen de las distintas interpretaciones que de ella se han hecho en cada momento. El impacto de la melancolía en la cultura y la experiencia humanas se ha hecho notar con mucha frecuencia, como en Hamlet, por ejemplo. A esta tragedia de Shakespeare, al margen de ser una obra dramática de gran altura estética, podemos también considerarla como la declamación poética de un melancólico. Es decir, en el lenguaje actual, de un depresivo.

Cuando estamos deprimidos, amor, nadie nos explica por qué tenemos que sonreír y acudir a las citas y contener las lágrimas y, sobre todo, trabajar.

depression22319kp9La crisis de los años treinta generó, en Inglaterra, la aparición de una verdadera y copiosa “cultura de la depresión”. Algunas obras sacudieron la conciencia del público lector. En Amor en el paro, Walter Greenwood relataba, con realismo y crudeza insuperables, la historia de la progresiva degradación moral, de la destrucción de las ilusiones y esperanzas vitales de los jóvenes de una localidad obrera condenada al paro, la miseria, los prestamistas y la protesta estéril.

Cuando estamos deprimidos, amor, deberían darnos de baja en la vida, porque las expectativas sociales son incompatibles con la melancolía.

George Orwell, con su obra El camino de Wigan Pier, fue un caso aparte en los círculos intelectuales británicos de la cultura de la depresión. Radical y socialista como tantos otros intelectuales de su generación, su concepción moral de las cosas, su manera de entender la dignidad humana, le llevarían a asumir sus compromisos con una autenticidad insobornable y a convertirse en un hombre incómodo hasta para la propia izquierda de la época.

Cuando estamos deprimidos, amor, la solidaridad desaparece de nuestro entorno y los demiurgos de la salud te apuran a salir del pozo solo, tú solo, “solo tú puedes curarte…” y alzan frente a ti la amenaza de un muro llamado siquiatra.

Como trastorno emocional, una depresión puede ser muy invalidante. Es un tipo de dolencia que casi no se nota, aunque suele ser extremadamente delicada para la vida cotidiana. Estar deprimido es algo más que estar triste o melancólico y mucho más severo que estar cansado.

otoño-1024x574Cuando estamos deprimidos, amor, nos conformaríamos con la soledad y el silencio que los compromisos hacen imposible.

Son muchos los casos de personajes históricos que, a pesar de padecer fuertes depresiones, fueron capaces de grandes logros. Tanto es así que el griego Aristóteles estaba convencido de que la mayoría de los personajes relevantes tenían ese problema.

Una de las más antiguas, persistentes y controvertidas nociones sobre la creatividad sostiene que, posiblemente, existe un vínculo con el genio. En la mitología griega se describe la íntima concordancia entre los dioses antiguos, la melancolía y las personas creadoras, y de una manera más dramática, en las luchas dionisíacas entre la violencia y la creación, la locura y la razón.

Cuando estamos deprimidos, amor, nos dan tópico, demagogia y buena cara, y tratan de insuflarnos torpemente unas ridículas y miserables ganas de vivir.

Con lo fácil que sería darnos una pistola con silenciador, para no despertar a los pájaros.


IMÁGENES: Arriba, depresión, dibujo a lápiz. Abajo, hojas de otoño.

sábado, 26 de octubre de 2013

Fruiciones y fogones

Sostiene mi amigo Ramón, en su libro De la comida y otras sensualidades, que las cosas más importantes de la vida ocurren de la cintura para abajo y que el sexo es lo mejor que nos puede pasar. Sin embargo, asegura que la segunda mejor ocurrencia es la comida. Pocos dudarán de ello: el sexo, aunque no alimenta, es tan importante como el puchero pero –digo yo–, la pasión más sincera, la atracción más irresistible, es la que se desata frente a una buena mesa y unos amigos. Sin que falte una botella, porque donde no hay vino no puede haber aprecio sincero.

Cocina Libro Ramón

Reconozco que el libro me ha enseñado por igual de cocina que de sexo. Ni de lo uno ni de lo otro tiene desperdicio. De lo uno, sobre todo, si se siguen las pormenorizadas recomendaciones que nos propone para consolidar unas croquetas a base de restos de cualquier cosa comestible y su justificación socioeconómica y cultural.

En cuanto a lo otro, una buena comida bien regada predispone, según el autor, a una alocada interpretación creativa del sexo, ese impulso primario –añado por mi cuenta– que registra el funcionamiento del engranaje universal, que algunos practican cuando tienen ganas y la mayoría cuando tenemos con quién.

Conseguir emparentar cocina y sexo con la originalidad que luce el libro de Ramón debe ser una tarea tan ardua y difícil como su aliño con otras sensualidades menos epicúreas como, por ejemplo, la religión y la política, advertida la penuria de textos afines a estas sensaciones. “Haberlos haylos, empero”, asegura mi mujer.

La cocina del neolítico religioso del Paraguay aporta una receta de caldo avá [1] que, modernizado, puede reconstituir al más enajenado por el alcohol y alentar fogosamente a los amantes, según dicen. El original solo varía en sus componentes: los indios la consumían con sus enemigos dentro. Los guaraníes eran antropófagos y el sacrificio de los adversarios era de carácter ritual. A los prisioneros se les trataba bien, se les proporcionaba una mujer y mucha comida para engordarlos, y podía pasar más de un año antes de darles matarile.

Después se despedazaba y cocinaba el cuerpo como un estofado de carne aderezado con patatas, pimientos, tomates y hierbas aromáticas, y se repartían los trozos. Cuando no alcanzaba para todos se hacía hervir un buen pedazo y se distribuía el caldo. Fueron los jesuitas los encargados de cambiarles el gusto, cansados de ir a parar dentro de la olla con excesiva frecuencia.

Cocina Sec FemEn política, la Sección Femenina del denostado régimen de Franco –aquel que nos empujó a ser el quinto país industrializado del mundo– publicó un Manual de cocina del que llegaron a distribuirse casi una treintena de ediciones. Contenía –contiene– más de 800 recetas de todo tipo. El libro se escribió bajo dos principios: que los ingredientes resultasen baratos y que las recetas fueran de preparación sencilla pero de calidad. Han pasado los años y han cambiado los tiempos. Sin embargo, este recetario no ha perdido vigencia y hoy en día es considerado como la Biblia de la cocina popular española.

En la Cuba de Fidel Castro, el Estado trató de politizar la cocina en las navidades del Año de la Liberación, publicando unas Recetas cubanas orientadas (sic) a que las habaneras aprendan a hacer el clásico “pastelón camagüeyano”, las camagüeyanas preparen el “bocado habanero” y las orientales se acostumbren a servir la “salsa de perro” de nuestros pescadores, con lo que el pueblo cubano habrá adelantado un paso más en su integración. Destaco un plato denominado “el cura se desmayó” [2], que me he prometido cocinar algún día solo para mis amigos más íntimos.

Que quien rosas da de comer al burro, cobrará con un rebuzno.


IMÁGENES: Portadas de dos de los libros citados.

[1] En el idioma guaraní “avá” significa “hombre” por lo que podíamos estar hablando, en el original, de un delicioso “estofado de hombre”. La receta moderna y su historia completa se muestran pulsando aquí.
[2] Lo más curioso de “el cura se desmayó” es, sin duda, su nombre porque, en realidad, se trata de un guiso de berenjenas rellenas, sin mucha ciencia. Se puede acceder a la receta desde
este enlace.

sábado, 12 de octubre de 2013

Argentinos

Mis amigos y colegas argentinos nada tienen que ver
con los patrones a los que se hace referencia
en esta entrada. ¡Faltaría más!

“Comprometidos con su tierra, casados con sus problemas y divorciados de sus riquezas”. Así los definió Inodoro Pereyra –inmortal personaje de ficción del inolvidable negro Fontanarrosa– y se quedó corto. “A veces la picardía crioya es solo desesperación”, decretó el gaucho.

Fenómeno individual, desastre colectivo. Hasta donde uno recuerda, Argentina siempre ha sido un país en crisis en el que porfiadamente se repiten las mismas historias. Tierra donde, inexorable y fatalmente, lo que toca es hacer la maleta y salir corriendo. De ahí que, como resultado de todo lo anterior, haya por el mundo tanto psicólogo che, cansino contador de viejas y siempre repetidas milongas.

Argentina es un poco de italianos que la definen, otro poco de gallegos oligarcas, y el resto inmigrantes posguerras europeos que sostienen la economía, indios que trabajan como chinos y chinos que avivan el comercio. Conocida mundialmente por ser el país donde nacieron el tango, Mafalda, Maradona y el Papa, es la primera potencia mundial en número de pedantes por metro cuadrado.

Quieren ser europeos, aunque viven en Sudamérica. Se sienten franceses, pero les gustaría ser alemanes. Son hijos o nietos de españoles e italianos exiliados y, como se sienten buenos europeos, odian a los ingleses y a los sudacas de color oscuro.

08 Café Tortoni

Alguien le pidió una vez al filósofo Julián Marías, muy conocedor del pueblo argentino y de sus costumbres, que hablara de los argentinos, desapasionado, con visión desde fuera del bosque y de todo entusiasmo. Esto es algo de lo que dijo:

Beben en la misma copa la alegría y las amarguras de su existencia. Toman en serio los chistes y de todo lo serio hacen bromas. Creen en la interpretación de los sueños, en Freud y en el horóscopo chino, todo a la vez: visitan al médico y al curandero al mismo tiempo.

Cuando los argentinos viajan, todo lo comparan con Buenos Aires. Ellos son “el pueblo elegido”... Elegido por ellos mismos, claro. En grupo son insoportables. Viven, como dijo Ortega y Gasset, en una “permanente disociación entre la imagen que tienen de sí mismos y la realidad”.

De mi experiencia en el trato con ellos deduzco que Julián Marías tiene razón, aun admitiendo pobladas excepciones fuera de norma. Acá, en este Paraguay florido de primaveras desde donde escribo hoy, el argentino es repudiado y envidiado según y cómo. Los llaman kurepas, del guaraní curepí, “cuero de chancho" –cerdo o gorrino, en el español de España–. La cosa creo que viene desde la guerra del Chaco (1932-1935) o de la Triple Alianza (1865-1870) que unificó contra el Paraguay a Argentina, Brasil y Bolivia. Se cuenta que los soldados argentinos llevaban botas confeccionadas con cuero de cochino, cuyo color se asociaba con el de sus rostros tenuemente rosados.

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Este último verano, en San Petersburgo, andaba yo haciendo cola para visitar el Hermitage. Detrás, un matrimonio argentino y su prole cuyo pater familias me preguntó no sé el qué, disculpándose por no entender ruso. Satisfecha su demanda, el kurepa se interesó por mi nacionalidad. “Español”, le dije. “¡Ah, sí!”, respondió entusiasmado. Y con la incontinencia verbal propia de estas gentes continuó: “Estuvimos en Sevilla hace una semana y nada más llegar visitamos la Torre del Oro. Mirá vos, le dije a mi esposa, esto hicieron con el oro que nos robaron”. [1]

No hay nada más peligroso que la estupidez congénita.


IMÁGENES: Arriba, Inodoro Pereyra, gaucho “macho” tan argentino como el dulce de leche o la birome, de mal genio y mucha picardía criolla, casado con su “china” Eulogia. Centro, Café Tortoni, el más representativo del espíritu tradicional de la Avenida de Mayo y una leyenda de la ciudad:

A pesar de la lluvia yo he salido
a tomar un café. Estoy sentado
bajo el toldo tirante y empapado
de este viejo Tortoni conocido.”

(Baldomero Fernández Moreno).

Abajo, tango en Caminito, un callejón museo y un pasaje tradicional, de gran valor cultural y turístico, ubicado en el barrio de La Boca de la Ciudad de Buenos Aires.

[1] El nombre en árabe de la Torre del Oro es Borg-al-Azajal, refiriéndose al revestimiento de azulejería dorada que destella al sol como el oro y se refleja en el río deslumbrando la vista.

sábado, 28 de septiembre de 2013

La Diosa del Arroz

Dedicado a mis amigos Manuel, Paco, Jorge y Ramón,
paellas de autor
en Areguá, Asunción y Guatemala.

Todo el mundo la conoce, pero muy pocos han tenido la oportunidad de degustar, fuera de España, una paella de verdad. Como hicieron con la cocina asiática, los británicos son expertos en ultrajar recetas milenarias adaptándolas al deplorable gusto de las islas. Una vuelta por los mercados callejeros o supermercados británicos es suficiente para darse cuenta de la popularidad de la paella española, a la que llaman payela en un alarde de ineptitud lingüística.

Paella 4El primer desatino anglosajón es suponer que todo plato español que se precie debe llevar chorizo y que, por tanto, se trata de un ingrediente que no puede faltar en la paella para merecer la aprobación de ladies and gentlemen. El embutido ni siquiera es español: una verdadera lástima con todos los “chorizos” [1] de todas las calañas que podríamos exportar. Segunda pifia: el componente más importante de la paella, el arroz, es lo de menos, sea integral, vaporizado, tailandés, largo, corto o glutinoso… Todo vale con tal de que se vea, eso sí, bien amarillo.

En un restaurante callejero de quita y pon, con las paelleras colocadas sobre un fuego vivo, los cocineros comienzan la preparación de la bazofia echando sobre el metal caliente diminutas gambas y barbados mejillones, como si quisieran hacerlos a la plancha. Enseguida, un condimento concentrado –una especie de cubitos Maggi–, agua fría y un inmenso cajón de arroz precocinado, amarillo a tope, contrastando con abundantes rodajas de color chorizo y otros ingredientes de imposible identificación que revuelven continuamente con dos grandes espumaderas, como si estuvieran elaborando un rancho militar [2]. Todo es congelado, excepto el agua.

paella10Al cabo de diez minutos, llega la gran herejía: por encima del arroz esparcen una más que generosa cantidad de cebolla cruda sin dejar de revolver con entusiasmo de cara al público admirador. Cinco minutos más tarde el arroz está listo. Asombroso, ¿verdad…? Sirven más de 500 raciones cada día a 4 libras la pequeña, 6 la mediana y 7,50 la grande.

Los despropósitos se suceden en la pérfida Albión. Me gustaría conocer al brillante cerebro marketiniano que ha tenido el valor necesario para comercializar un sándwich de paella con chorizo en los populares supermercados Tesco, bajo la vergonzante etiqueta de Spanish. Le ofrecería otra idea genial: un bocadillo de polvorones de Estepa. Con chorizo, of course.

La Diosa del Arroz debe estar enojadísima ante tanto disparate. O tal vez no, que a veces es difícil entender a los dioses. Una leyenda de los deang –minoría étnica china– cuenta cómo, en tiempos remotos, Buda y la Diosa del Arroz compitieron por demostrar su poder. En un momento en el que Buda hacía una fiesta religiosa, la diosa desapareció. La gente, sin arroz, perdió el gusto por la celebración y el propio Buda tuvo que salir en busca de la diva para que regresara.

Paella diosa

El cultivo de este cereal suele acompañarse de variadas ceremonias en honor de la mentada, rogando por una buena cosecha. Al borde del campo, y antes de que los hombres comiencen a arar la tierra, las mujeres cantan: "Oh, diosa, ven a proteger nuestros cultivos, no dejes que los animales los pisoteen". Durante la siembra, la gente sacrifica un pollo y un cerdo para celebrar en la plantación una comida ritual, y se cantan canciones de alabanza que los niños acompañan con címbalos y tambores para ahuyentar las tormentas. Mientras la trilla, el arroz nuevo se mezcla con el viejo y se le ofrece al buey, al perro y a la Diosa del Arroz, para agradecerles por haber protegido la tierra.

Dice mi mujer que si la Diosa supiera las atrocidades que se cometen con su arroz y nuestra paella, de algunas cities anglosajonas no quedaría piedra sobre piedra.


IMÁGENES: Arriba, paella callejera. Centro, ¡sándwich [3] de paella! Abajo, fragmento de la Diosa del Arroz, acrílico en papel, de autor desconocido.

Devi o Dewi Sri, la diosa del arroz maduro salió, según el mito, de una joya que había subido a la superficie de la tierra la serpiente de los infiernos Antaboga. Devi murió cuando se negó a casarse con el dios del cielo Batara Guru. Entonces su vulva parió las cosechas de arroz.

[1] El significado procede del caló, una lengua variante del romaní utilizada por el pueblo gitano. La acción de “robar” se escribe en caló “chorar”, al ladrón se le llama “choraro” y a la ladrona “chori”. Con el tiempo, la popularización de estas palabras y su utilización dentro del lenguaje coloquial entre la población “paya”, acabó transformándolas en “chorizo” o “choricear”, tal y como hoy las conocemos.
[2] Regla número uno del cocinado de una paella: el arroz no se remueve. ¿Por qué? Porque no queremos que suelte el almidón y se nos convierta en engrudo para juntar ladrillos o pegar carteles en las tapias.
[3] Al inglés John Montagu IV se le atribuye el invento del sándwich. Se cuenta que durante las negociaciones de la Paz de Aquisgrán su pasión por los juegos de naipes lo habría llevado a descuidar las comidas. Preocupados por ello, sus criados se las ingeniaron para prepararle alimentos que pudiera comer sin dejar de jugar a las cartas. Así pues, el conde se acostumbró a utilizar dos rebanadas de pan para evitar mancharse los dedos con el fiambre y las carnes frías que le servían para comer, lo que le permitía satisfacer su apetito sin dejar de jugar como un verdadero caballero británico.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Diada

“Charlotada de cadena humana, desde los puticlubs de La Junquera
hasta la raya de picadores de Vinaroz.” (A. Burgos)

Este texto no trata de política, sino de historia de España. De la historia de una querida región que siempre formó parte de ella, y que algunos aldeanos nacionalistas de pesebre, casposos analfabetos –histórica y culturalmente hablando–, tratan de extraviar de este entramado de tribus y hordas de locos egregios que desde siempre hemos sido, y a mucha honra, los españoles.

Cada año, el 11 de septiembre, Cataluña celebra la Diada [1], elevada a la categoría de fiesta nacional por mor del estatut, como gustan llamar a su acuerdo –centrado siempre en la pela [2]- con el gobierno central. No me parece que sea una fecha de mucho celebrar considerando que un día como este, en el año del Señor de 1714, Barcelona se rendía a las tropas de Felipe V, incorporándose así, como un territorio más, a la Corona de Castilla.

Diada Més que els castellans

Hagamos un sencillo ejerció de memoria histórica, tan al gusto de supuestos progresistas zocatos. Durante el conflicto bélico originado por los desacuerdos en la sucesión al trono de España, el país se partió en dos. Aragón proclamó rey al archiduque Carlos de Austria, mientras Castilla se decantaba por Felipe V, hijo de Luis XIV de Francia. Para evitar que los franceses se convirtieran en el nuevo árbitro de la política europea, Inglaterra, siempre al quite, decidió tomar partido por el austriaco, y el conflicto se internacionalizó.

Tras 10 años de pelea, el cansancio impulsó a los beligerantes a buscar la paz. En 1713, se firmó en Utrech (Holanda) un tratado vergonzante para España: Felipe V veía reconocido su derecho al trono a cambio de renunciar a la corona francesa y consentir la pérdida de los Países Bajos -donde tanta sangre española se vertió en su conquista- y la ocupación de Gibraltar y Menorca por los ingleses.

Cataluña decidió continuar la lucha. Luis XIV envió contra ella un poderoso ejército que puso sitio a Barcelona. Abandonada a su suerte por el archiduque Carlos, la defensa de la ciudad quedó al mando de Rafael Casanova, coronel de la milicia urbana. En agosto de 1714 los barceloneses rechazaron el asalto de las tropas borbónicas. El 11 de septiembre, el ejército sitiador volvió a la carga y Casanova, en evitación de mayores males, se presentó en las murallas con el estandarte de Santa Eulalia -única bandera de Barcelona desde 1588- en señal de rendición. Las puertas de la ciudad se abrieron y allí acabó todo.

Diada Casanova herido1714

Ese mismo día, antes de la caída de la arrasada ciudad, Casanova había firmado una proclama dirigida a los barceloneses, como el grito desesperado de un patriota español. A él se brinda la ofrenda floral de la Diada, memoria melancólica de una derrota. En Cataluña se oculta cuidadosamente este manifiesto, del que rescato un par de párrafos: “Se hace saber que esta ciudad, en la que hoy reside la libertad de España, está expuesta a verse abocada a una extrema esclavitud. […] Se confía en que todos, como verdaderos hijos de la patria, acudirán a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de España”.

Dice mi mujer que le parece magnífico rendir homenaje a la memoria de este hombre. Insinuar, siquiera, que Casanova luchó por la independencia de Cataluña o que tuvo algo que ver con el nacionalismo catalán es, simplemente, falsear la historia.

Manipular la dignidad de un pueblo.


IMÁGENES: Arriba, una frase del poeta catalán Joan Maragall: “Somos más españoles que los castellanos”. Abajo, Casanova herido mientras alentaba a la defensa de Barcelona, pintura de F. Blanch. 

Documentos de referencia para esta entrada: (i) el texto “La caída de Barcelona y la abolición de la Generalitat”, (ii) la web oficial de la Generalitat de Catalunya –plagada de inexactitudes, medias verdades y gruesas mentiras–, (iii) “La Diada, homenaje a un español”, de Jaime Ignacio del Burgo, (iv) “Historia total de España”, de Ricardo de la Cierva,(v) “Síntesis de la historia de Cataluña”, de Ferrán Soldevila y (vi) el Tratado de Utrech que, armándome de paciencia, he leído completamente.

[1] Díada, término acuñado por el sociólogo alemán Georg Simmel (1858-1918), en su investigación sobre la dinámica de pequeños grupos sociales. ¡Qué casualidad!
[2] Pela, f. coloq.
peseta (moneda española).